Franz Fuchs custodiado por la polizei después de su detención (foto: BBC News)

El extraño caso del hombre sin manos

Mira, Andrés, a los hombres, ya sentados, ya andando, / tan raros si nos miran seriamente callados, / tan raros si caminan, trabajan o se matan, / tan raros si nos odian, tan raros si perdonan / el daño inevitable,

3 de Octubre.- En su comentario de ayer, me quita Tonicito el tema del teclado. Porque parece que nuestro ya viejo conocido bosnio de las granadas se puso de acuerdo para coincidir con el décimo aniversario de los asesinatos de otro que no andaba muy cuerdo, y cuya biografía glosó ayer un estupendo documental emitido por la ORF.
Se trataba del Señor Fuchs.
En 1997, Austria estuvo conmocionada por el asunto de las cartas bomba, dirigidas a personas de gran calado público por una entidad desconocida. Las cartas en cuestión le costaron la mano izquierda al Dr. Zilk, alcalde de Viena y marido de Dagmar Koller (luego contaré cómo explicaban esto ellos en el documental); también la señora Kissbauer, la sonrisa más sólida de la ORF, recibió una (es una vieja conocida de mis lectores más atentos, porque es la presentadora de la Operación Triunfo austríaca). También tuvo su envío un sacerdote que quedó gravemente mutilado.
Las víctimas mortales más sonadas de las bombas de Fuchs fueron cuatro señores que pasaron a mejor vida como resultado de la explosión de una bomba de tubo (rohrbombe, en alemán) escondida en el soporte de un cartel de contenido racista. Al intentar apartarlo, patabúm.
Fuchs cometió un error y un paquete le explotó en las manos y debido a esto fue detenido y juzgado. Las imágenes reales del juicio mostraban a un individuo absolutamente descompuesto que, sin manos, daba vivas a la facción alemana del pueblo austríaco (es que estos aborígenes dan unos vivas de lo más raros). Un hombre con pinta de perdedor. O sea, el típico inadaptado del pueblo que, poco a poco, en la soledad de una vida vacía, va desarrollando una obsesión.
La del pobre Fuchs –no es que no nos merezcan compasión sus víctimas, pero es que la criatura estaba como una regadera- se centraba en que el gobierno austríaco estaba tomado por extranjeros de ignaros apellidos eslavos (era un amante de la onomástica alemana, este hombre). Fuchs se hacía cruces de que nadie hiciera nada por evitarlo.
Las cartas, pues, estaban dirigidas contra las personas que, en la mente enferma de Fuchs, contribuían a perpetuar este estado de cosas. Arabella Kissbauer, porque ofrecía una imagen positiva de los inmigrantes (ella es de piel más bien oscurita); el sacerdote, porque hacía esfuerzos por la integración (otra vez esa palabra tan de moda) y el doctor Zilk pues porque hablaba bien de los extranjeros.
Hablando de este último y, como decía más arriba, él y Dagmar (qué sería de nosotros sin ella) ofrecieron la nota cómica del asunto.
Contaba Zilk que, cuando recibió el paquete bomba estaba con su amada esposa (en el documental, sentada también a su lado, coqueto pañuelo naranja al cuello para disimular la pérdida de colágeno que afecta a todas las divas de cierta edad). Cuando el artefacto explotó, Zilk, con encomiable sangre fría, llamó a Koller y le dijo que le hiciera un torniquete en el muñón porque si no, iba a desangrarse, y ella, femenina hasta la muerte, tapóse los ojos y dijo:
Ich kann das nicht, ich kann das nicht! (O sea, no puedo hacerlo, no puedo hacerlo).
A lo cual, el doctor, como en las mejores pelis de guerra, le dijo:
Du, blöde gurken, macht es! –o similar: traducido quiere decir: tú, pedazo de idiota (pepino tonto), hazlo ya!-.
(Sí, lo sé: a ningún marido español se le ocurriría llamar a su mujer nada con tan poca gracia, pero en fin).
En el documental de ayer se vio como, tras salir del hospital, Zilk dio una rueda de prensa en la que enseñó fotos (que revolvían el estómago, pero que halagaban el gusto austríaco por lo truculento) de lo que había quedado de su mano amputada.
Desde entonces, el doctor lleva unas fundas a juego con sus discretas corbatas. Lo cual no deja de ser un hallazgo para mutilados, si bien se mira. En la rueda de prensa se quitó la que llevaba entonces (gris perla) y mostró a las cámaras la zona cero de su mano izquierda. Qué visión.
Fuchs se suicidó en la cárcel colgándose (nadie sabe cómo, sin manos) del cable de su máquina de afeitar. Y es verdad lo que dice Tonicito: salieron los platós de la ORF y nada ha cambiado desde entonces.
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2 Responses to

  1. m. dice:

    «…en la soledad de una vida vacía, va desarrollando una obsesión.» Gran frase, Paco. Creo que describe a la perfección las razones (no justificadas) por las cuales mucha gente [era tan buen vecino, parecía tan normal…] comete atrocidades que ponen los pelos de punta. He de confesar que, al ver la foto de refilón, creía que nos ibas a hablar de Rufino (ese personajillo de voz nasal, aka ‘el papá de Monica la vírgen’, criaturitas de «La casa de tu vida» cuando el formato gozaba de salud televisiva). Pinta de catetillo, la tenía. Pero bueno… como muchos de nosotros en tiempos pasados. El reportaje seguroq ue fue interesante de ver: por una parte, para conocer la biografía de semejante ser con semajantes ideologías (algo que me aterra, porque las semillas de su género están esparcidad por nuestra sociedad actual) y, por otra parte, para ver los testimonios de esas personas (todo un ejemplo de superación, por lo que cuentas). Es imporante recordar este tipo de cosas, por desagradables que sean. Habrá los que lo vean y lo glorifiquen, y habrá gente (seguro que sí) que lo veo y reflexiones sobre muchas cosas.Te dejo esta frase que encontré el otro día y que me gustó, creo que le viene bien al post de hoy:«We must always remember that today is the tomorrow that we were talking about».Un último apunte: me voy a ver el programa de la Milá (no, Gran Marrano, no. El del diario callejero). Hoy habla de las bandas callejeras peligrosas (terror les tengo) y he visto una promo chunga con la Milá armando el pollo de por medio. Ya te contaré.Besos.

  2. m. dice:

    Perdona por las palabras cojas que se me han colado en mi comentario. A estas horas, ya estoy para retirarme del combate. 🙂

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