Watching for believing


30 de Mayo.- Algunas cosas que se me han escapado últimamente:

Austria arrasa en Cannes. A pesar de las informaciones erróneas que publicaban diversos medios españoles (entre ellos El País), Michael Haneke no es alemán, sino Austriaco. A pesar de haber nacido en Munich, Herr Haneke creció en la localidad austriaca de Wiener Neustadt (vamos, como quien dice, aquí al ladito). Otro que también se ha llevado un premio es el actor Christoph Walz, interpretando a un nazi en la última de Tarantino, Inglorious Basterds (lo de Basterds, y no Bastards, parece ser por la manera de pronunciar que tienen en Boston).

-Otro austriaco que también se ha llevado premio, esta vez el Büchner, el más importante en lengua alemana, es Walter Kappacher. El escritor Salzburgués, que vive en Obertrum, es también miembro del PEN club.

Ni que decir tiene que las dos distinciones han llenado al pueblo austriaco del moderado orgullo que les caracteriza.

-A vueltas con el idioma. Una historia personal. Como todos los lectores de este blog saben yo voy al gimnasio, sobre todo, para culturizarme. Di que estaba el otro día entre serie y serie de pesas leyendo la edición dominical de Die Presse cuando llegué a un suelto la mar de curioso. En su afán de acercar a la muchedumbre de sus lectores las realidades más variopintas, un redactor de la plantilla del diario se sintió en la obligación de explicar a sus lectores la idea del mandatario venezolano Hugo Chávez de lanzar un teléfono móvil para el pueblo con tecnología china. El presidente de la República Bolivariana ha tenido la brillante idea de bautizar el chismecillo como “Vergatario” nombre a su parecer muy músico y significativo (Cervantes dixit) y no dudó en probarlo en la penútilma edición del programa de televisión que conduce, Aló, Presidente –un título que hace competiciones en dadaísmo con Sin Tetas no Hay Paraíso-; pues bien: el redactor de Die Presse, consciente de que no muchos de sus lectores hablan español, buscó una manera de aclararles el versallesco significado del vocablo elegido por el líder venezolano y no hayó mejor sustituto en la lengua de Goethe que “Schwanzofon” (o sea, y con perdón, Polláfono). Cuando lo leí, me tuve que sentar. Las carcajadas no me dejaban estar de pie.
Otra cosa: el mismo mandatario que, no contento con bautizar teléfonos al bolivariano modo, ha revolucionado también el mundo de las telecomunicaciones (Fidel Castro dixit), va a celebrar (de hecho, lo está haciendo ya) el décimo aniversario de su emisión televisada semanal con un megamaratón de cuatro horas. Por lo que se lee en la prensa (capitalista, intoxicada y eso) el Aló, Presidente de cuatro horas (*) estará salpimentado no sólo con los educativos discursos del mandatario, sino también con actuaciones musicales. Lo cual le dará una bonita similitud con los programas de Jose Luis Moreno en España. Me corroen las dudas:¿Habrá descubierto ya Chávez las matrimoniadas?

-Puede ser que para ver el programa de Chávez no baste con contar con un sólido espíritu revolucionario y hagan falta algunos apoyos orgánicos. En cualquier caso, es muy probable que se acuda a una marca austriaca: Red Bull. Si se hace, cuidado. En Alemania primero y en Austria ahora, se han encontrazo trazas de cocaína en la variedad Red Bull cola. Los valores son bajísmos (0,4 microgramos el litro) pero sin duda explican el éxito del producto y el éxtasis que provoca en sus consumidores –casi tanto como el de respirar el aire de Madrid y Barcelona, en donde también se han encontrado niveles de estupefacientes parecidos a los de otros contaminantes en suspensión.

En fin, watching for believing.

(*) Días, naturalmente, quería decir días.

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Un comentario a Watching for believing

  1. Jorge dice:

    Vaya, no tenía ni idea de que Red Bull fuera marca austriaca. Qué cosas.

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