Sal, camisa sin mangas

La modelo argentina afincada en España Daniela Cardone

27 de Julio.- Paseando por el Lainzer Tiergarten pienso que tengo que hablar de una realidad abracadabrante que he venido observando desde que vivo aquí.
En Viena, y sobre todo en verano, hay muchas mujeres que renuncian al sujetador, sostén o, como se dice aquí BH (por Busenhalter y no por Beistegui Hermanos, mi primera bicicleta). En fin. Mi experiencia me dice que las mujeres españolas son mucho más reacias a dejar que sus lolas –Daniela Cardone dixit– vivan en un régimen liberal, y más partidarias de someterlas a la ley marcial. Incluso, tengo yo una amiga en España que es especialmente maniática de esta cuestión corsetera y que tiene sujetadores reservados para cada ocasión (para estar por casa, para salir, etcétera).
Así que, como este blog se debe al objetivo de tener informados a sus lectores con precisión y audacia, bajo la sombra de la masa boscosa, seguido atentamente por los ojillos de los jabalíes que pacen a lo lejos, decido hacer una rápida estadística visual entre las paseantes (así dicho, parece como de Porky´s, pero créanme mis lectores, y sobre todo mis lectoras, que la investigación se hace de manera tan disimulada como galante). He aquí las cuentas: de treinta sujetos estudiados, cinco iban con las lolas liberadas y las otras veinticinco las sometían a la dictadura de los aros y las copas. Las partidarias de la revolución lolera eran, sobre todo, las señoras más maduras –mayores de cuarenta y cinco-. Yo, lo cuento por si alguien se anima a abrir el debate.
Otro apunte estilístico.
Cuando éramos chicos y decíamos algo inconveniente o increible (que el hombre había llegado a la luna, por ejemplo) mi abuela siempre chasqueaba la lengua y decía:
-¡Sal, camisa sin mangas!
Pues bien las camis(et)as sin mangas son parte indispensable del uniforme sport del proletariado vienés. Eso sí: forman un todo junto con los vaqueros de todo a diez euros, las sandalias (llevadas con calcetines si el interesado quiere añadirles una nota elegante) y cierto corte de pelo que McGyver/Richard Dean Anderson puso de moda cuando Annibal Smith y los suyos se dedicaban a consolar viudas y a desfacer entuertos. O sea: pelo de punta por arriba y melenita por detrás. Hoy parece que, este corte de pelo, que tiene su acomodo lo mismo en la boda suburbial, que en el andamio, que en la comisión federal del partido independentista –ver look abertzale-, vuelve en su versión cresta mohicana. Pero las generaciones más maduras siguen manteniendo ondeandes las banderas de los ochenta.
Ole por ellos.
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3 Responses to Sal, camisa sin mangas

  1. Noema dice:

    Jajaja, ole por ese estudio objetivo que has hecho de la jauría austriaca. Supongo que esas señoras “maduras” serán los restos de aquella revolución sexual e igualdad de sexos que tan a fondo vivieron mis paisanos. No sé cómo sería en Austria. Ya sabes, eso de que el BH es una forma más de opresión. Suelen ser las mismas damas que también dan libertad y airean todo su cuero cabelludo (salga de donde salga).
    Al corte de pelo lo llaman por aquí Vokuhila (vorne-kurz-hinten-lang), desde que llegué a Alemania algo que me maravilló, una parte importante de la población se quedó en los 80. Menos mal que vuelven a estar de moda.
    PD: No dudo de tu educación y galantería realizando esa estadística, pero ¿consideraste que si las más jovencitas no llevaban sujetador problablemente no se notara tanto la diferencia? Vamos, que a cierta edad todavía están en su sitio!

  2. JOAKO dice:

    Yo en mi bisoña preadolescencia pensé que todo güiri del norte y/o centro de Europa tenia una percepción estética superior a la patria, fue mucho después cuando me percaté de que proletarios, macarras y horteras poblaban sin falta todas las ciudades Europeas sin falta, hasta en la glamurosa Viena.

  3. Paco Bernal dice:

    Hola a los dos!
    Gracias por vuestros comentarios.
    A Noema: me pega a mí que tienes razón: estas señoras eran las quemaron los sujetadores en los sesenta y luego se les pasó comprar más :-)En cuanto a lo de los ochenta…jamía lo que sale de esos armarios llegando el verano jajajaja. Besos
    a Joako: uy, aquí el que te sale ordinario te sale mucho más ordinario que en España. Qué tintes, qué atuendos…
    Abrazos

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