Juguetes

Para que mis lectores se hagan una idea

16 de Diciembre.- Querida sobrina: aquí me tienes un miércoles más, esta semana considerando seriamente abrazar el satanismo.
Como todos los años, con las primeras nevadas ha llegado también a Austria una tormenta (mejor, un tormento) de villancicos de ayer, de hoy y de siempre. Con todo, son bastante mejores que aquellos que a mí me siguen provocando retortijones después de los años: aquellas cintas inacabables de mi infancia (aquellos casettes, dónde estarán) en las que coros de voces pretendidamente angélicas, pero en realidad espantosamente cursis, se empeñaban en cantar ese verso terrible que dice que “la nochebuena se viene, la nochebuena se va, y nosotros nos iremos y no volveremos más”.
Aquí están permanentemente enchufados al repertorio de Bing Crosby (White Christmas, Let it snow) y la cursilería irredenta la ponen Mariah Carey y otras divas del gorgorito . Como el repertorio, en cualquier caso, es reducido, no resulta improbable escuchar diez veces al día escuchar a Jorge Miguel cantar que last christmas le dio su corazón a una mocita (bueno, en su caso a un mocito) pero que este año buscará un lugar más seguro donde depositar su víscera cardíaca, porque el juncal le salió rana.
De todas formas, y quizá influido por estas entrañables fechas (que, como sabes, me ponen del hígado) hoy quisiera hablarte de juguetes.
Desde pequeños, la sociedad nos bombardea con la necesidad de poseer cosas. En la infancia, la unidad mínima de posesión, son los juguetes. En varios niños que tengo cerca, he observado que hay una especie de cualidad sedante en el proceso cuyos hitos fundamentales son desear, señalar, pagar (proceso delegado por razones lógicas) y adueñarse de la cosa. Supongo que yo, cuando era niño también era así (los niños no tienen la capacidad de darse cuenta de lo arteros que son los mensajes que les dirige el mundo de los adultos). Sin embargo, cuando emigré, descubrí que hay pocos objetos que de verdad se necesiten para vivir y que, aún estos, no son todo lo imprescindibles que a veces nos creemos.
La tendencia de nuestra sociedad a la acumulación, a la posesión, a la dominación, suele encubrir la incapacidad de llenar otro tipo de vacíos. En nuestro deseo conquistador, llegamos incluso a cosificar a las personas y hablamos de “mi mujer”, “mi marido”, “mi novio”, “mi hijo” o “mis amigos” del mismo modo y en el mismo tono en que nos referimos a cosas que nos pertenecen y sobre cuya suerte tenemos derecho. Cuando en realidad es al contrario. El que se expresa así cree que se relaciona con el mundo mediante estos vínculos de dominación es el que, en realidad, está dominado por las cosas. El que exhibe sus afectos como la gama de trofeos de los que dispone para justificarse ante el mundo no está sino haciendo gala de la pobre opinión que tiene de sí mismo.
Aquellos que nos soportan, que nos acompañan, que tienen la gentileza de escucharnos, nos hacen siempre un regalo, Ainara. Y no hay que olvidarlo nunca. Y, por supuesto, en ningún caso nos pertenecen, sino que el servicio que nos hacen haciéndonos la vida más agradable es algo quebradizo, efímero, que no hace más que subrayar nuestra interinidad en este mundo.
Un mundo que, a pesar de todas nuestras ansias de posesión, seguiría rodando exactamente igual a partir de mañana si nosotros desapareciésemos hoy.
Por eso, hay que disfrutar cada segundo de quienes nos dan su afecto, dotar a las relaciones que mantenemos con ellos de calidad, de profundidad, de anchura, color, intensidad. No dejar nunca que se agosten por pereza. No conformarnos con juguetes, con sucedáneos, con objetos que no tienen alma.
Besos de tu tío
Articulo publicado en Cada miercoles, escribeme una carta. Guarda el enlace permanente.

8 Responses to Juguetes

  1. amelche dice:

    Me has devuelto a mi infancia con esta canción: 13 años, 8º EGB, mi primera cinta para grabar esta canción (y otras más) de la radio. Aún tengo la cinta y funciona, aunque está un poco rota.

  2. Anonymous dice:

    Precioso y lleno de verdad, Paco. Gracias una vez mas.

    No te gusta la Navidad??…no lo sabia!! algun dia me lo explicas, me interesa saber tu vision sobre este tema.
    Besos.
    Bullock.

  3. Anonymous dice:

    He llegado por casualidad a tu blog y definitivamente….¡me quedo!. Muchas gracias por compartir tus pensamientos con todos nosotros!!.
    A ver si gracias a ti comprendo un poquito mejor la mentalidad austriaca,porque para mi el vienés que conozco es un enigma!!
    besotes desde españa
    María

  4. JOAKO dice:

    Siempre que me descubro pensando que lo que mi hijo desea es una «M» recuerdo «el cinturón de explorador de Congost» y lo que llegué a desear ese adefesio (de mayor lo he visto y ¡he alucinado!), no obstante daría todo lo material que tengo por un beso de mi hermano pequeño, los ausentes se hacen evidentes en su propia ausencia y lo material se nos antoja «culpable». Un beso navideño.

  5. J.Insausti dice:

    Yo comparto tu condicion de inmigrante y me pasa lo mismo que a ti, antes le tenia apego a muchas cosas, guardaba en casa cantidades industriales de dicos, libros, ropa, bicicletas y demas equipamiento deportivo, hasta que un dia me fui de casa con solo una maleta de ropa y empece una nueva vida en un nuevo lugar, y la verdad solo echo de menos los libros por que me gusta leer en castellano y donde me encuentro no hay mucha variedad.

  6. Elena dice:

    Hola Paco!!
    Me ha encantado lo que has dicho de las relaciones interpersonales y cómo disfrutarlas. Es todo un regalo que los otros puedan y quieran compartirse con uno.

  7. El herpato dice:

    Mu potito, herpato.

    Muchas gracias de parte de Ainara.

  8. Paco Bernal dice:

    Hola a todos!

    Gracias por vuestros comentarios y perdón por haber tardado en contestarlos.

    A Amelche: estos días nos acordábamos mi hermano y yo de aquellas casettes en las que grabábamos cosas. Dónde estarán…

    A Sandra (Bullock 🙂 Me he heho fan (en lo posible) de la navidad en Austria. Pero me ponen muy melancólico…Debe de ser la falta de luz…Besos.

    A Maria: qué alegría me da que te quedes, de corazón. A ver si consigo yo explicarme para que tú avances en el conocimiento del alma austriaca jajaja.

    A Joako: a mí me pasa igual con mi abuela. La sigo echando de menos. Y de lo que nos pedíamos de chiquillos, es que la imaginación lo suple todo. Beso navideno para ti también.

    A J. Insausti: !Cómo te entiendo! Hasta que yo encontré aquí libros en espanol…Madre mía. Dónde estás? Si te apetece un día de estos, escríbeme un correo (por supuesto, lo que me cuentes será confidencial). Un abrazo, companero.

    A Elena: bienvenida, y espero que me dejes muchos comentarios. Por cierto, saludos a tus alumnos, que sé que me leen (glups: espero que seas la Elena que yo pienso). Si no, saludos igual de calurosos.

    A mi hermano: de nada, campeón. Tú sabes que yo esto lo hago pa´que tu hija venga a verme a Prados Soleados, dentro de unas décadas jajaja.

    Un abrazo

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