El caso de la esposa preocupada y otras historias de servicio público

(Publicado originalmente el 1 de Octubre de 2009)




Todas las mañanas, nada más levantarme,  mientras hierve el agua para el té, enciendo el ordenador, entro en Viena Directo, miro las estadísticas y después abro el correo para ver si he recibido algo. Cuando hay algún mensaje, me pongo muy contento.

Los correos que recibo no sólo me sirven para pulsar la opinión de mis lectores a propósito del blog (generalmente buena, gracias a Dios) sino que, además, me son útiles para enterarme de cosas que yo, motu proprio, nunca hubiera investigado.

Asimismo, detrás de cada correo hay una historia personal. Todo el mundo sabe que a mí me gusta mucho la gente (viva la gente, la hay donde quiera que vas) y estos pequeños trozos de vida cotidiana, la verdad es que me apasionan.

Por ejemplo, hoy, al abrir el correo me he encontrado con un mensaje de socorro. La esposa de un especialista mexicano me pedía por favor que le entregase un recado a su marido, de viaje en Viena, al que no era capaz de localizar por teléfono. Si me entero de cómo ha terminado la historia, se la explicaré a mis lectores.

Otra vez, por ejemplo, una señora argentina me escribió un conmovedor correo explicándome que un familiar suyo había muerto recientemente tras una larga enfermedad. Parece ser que este familiar había sido muy feliz en la ciudad de los valses y, antes de fallecer, había expresado su voluntad de que sus cenizas fueran esparcidas en algún punto de la capital austriaca. La pregunta :¿Algo así era posible? ¿Contravenía alguna ley? Mi primera reacción al leer un correo así fue rascarme la coronilla, pero inmediatamente después, me puse a investigar para descubrir que la ley austriaca es tremendamente estricta en estos casos y que está terminantemente prohibido depositar cualquier tipo de restos fuera de los espacios acondicionados para ello. Ni de personas ni, por supuesto, de animales, cuyos dueños están obligados, por ley, a incinerarlos. La persona que me asesoró sobre este tema me explicó que determinados componentes nuestros que sobreviven a la cremación (toquemos madera, qué temita, por Dios) bueno: que determinados componentes son enormemente contaminantes. Por ejemplo, el plomo de nuestros empastes o los componentes de algunas medicinas. Con todo el dolor de mi corazón, le comuniqué a mi corresponsal que si se decidía a emprender viaje, tendría que cumplir la voluntad de su ser querido de manera clandestina.

No todas las historias son así de melancólicas, por supuesto. Hace algunos meses me escribió otro paisano de Maradona preguntándome por el nivel medio de los sueldos austriacos. Para contestarle convenientemente, porque yo estas cosas me las tomo muy en serio, le hice algunas preguntas a propósito de su capacitación profesional y de su experiencia laboral, y terminé preguntándole por sus conocimientos de la jerigonza que hablan aquí. Ninguna de las respuestas fue muy brillante. Eso sí: mi corresponsal me expresó su completa seguridad de que conseguiría encontrar, sin contactos, sin idiomas y en el breve plazo de quince días, un trabajo que le permitiría ganar una cifra de euros de cuatro dígitos. Le deseé suerte (en el ramo del crímen, claro). No he vuelto a saber más de él.

También me han hecho preguntas que unían lo entrañable con lo logístico. Por ejemplo, una chica española me preguntó cuánto cuesta aproximadamente un taxi desde el aeropuerto de Schwechat hasta la ciudad, al objeto de que no timaran a sus ancianos padres, que celebraban sus aniversario de bodas. El capítulo de curiosidades se llenó durante el Europeo de Fúmbol. Aprovechando que internet permite una comunicación casi instantánea y que yo estoy de guardia la mayor parte del tiempo, varios aficionados al deporte del cuero blanquinegro me preguntaron por establecimientos con tele donde ver el partido del equipo de sus amores.

Yo contesto siempre (a veces, tardo un poco, pero contesto siempre). Porque me parece que estas preguntas son finezas que mis lectores me hacen. Y les agradezco mucho la atención que me prestan.

Al fin y al cabo un blog es un medio de comunicación (pequeño, pero medio) y un medio siempre es un servicio público.

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4 Responses to El caso de la esposa preocupada y otras historias de servicio público

  1. En primer lugar, te envío un cordial saludo desde Chihuahua, Chih. México.
    He estado visitando y conociendo los blogs que participan en los Premios 20 blogs. Deseo mucha suerte y muchos votos para tu blog; aprovecho para invitarte a visitar mi blog que fue creado con la intención de publicar mis artículos semanales de opinión que muchas veces son censurados por la mayoría de los medios de comunicación que son controlados por el gobierno del Estado.
    Tristemente Chihuahua se ha convertido en uno de los lugares más peligrosos por la ola de violencia generada por el crimen organizado; el periodismo se ha convertido en uno de los oficios más peligrosos; pero mi lema es: prefiero morir hablando, que callada. Y es que quiero a Chihuahua de regreso… ese Chihuahua que mundialmente era conocido por sus bellos paisajes, por su gente valiente noble y leal, por su comida…. y no por la violencia que ahora impera. (Mi artículo: “Crimen, cámara, acción” lo explica mejor).
    Te invito a que conozcas mi blog que participa en la categoría Actualidad; ojalá sea de tu interés.
    http://lablogoteca.20minutos.es/laecita-blog-mi-derecho-a-la-libre-expresion-18859/

  2. Elisa dice:

    Muy buen blog. Espero que lo sigas…
    Saludos desde Argentina
    Elisa en Serendipity

  3. Ay! Se me ocurren tantas cosas para preguntarte, pero, qué va, seguro tampoco entenderé el jeringozo de las farmacias austríacas. Me interesa eso del ramo del crímen. ¿Crees que sea posible?

    Un beso grande, Paco. Me encantó esta entrada.

  4. María dice:

    ¡Ah! yo soy de las lectoras que se aprovechó de la sabiduría de Paco. Y la verdad es que me vino muy bien la información.
    Saludos

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