Peter el grande

El cantante austriaco Peter Alexander en una foto de archivo




13 de Febrero.- Mientras yo castigaba los parquets del Palacio Imperial, se produjeron dos eventos que han conmovido al mundo de habla alemana: Peter Alexander, una de las figuras más prominentes el espectáculo germanoparlante de la posguerra mundial, moría anoche a los ochenta y cuatro en su casa de Viena, en la que vivía retirado desde mediados de los noventa. El otro acontecimiento, del que quizá hablaremos en su debido momento, fue el anuncio que Thomas Gottschalk hizo en su programa Wetten dass…? (en cristiano: Qué apostamos) de que se retiraba.


Hablaré hoy de Peter Alexander no sólo por la importancia que tiene su figura, sino porque también, como austriaco de adopción, Herr Alexander ocupa un cierto lugar en mi memoria sentimental. Gracias a sus grabaciones de los cincuenta y los sesenta (generalmente canciones más tontas que el mecanismo de un cubo, pero indudablemente pegadizas) aprendí mucho alemán en mis primeros tiempos en Austria y su voz, parecidísima, por cierto, a la de José Guardiola , está para mí inseparablemente unida a esa época de mi vida tan difícil pero tan bonita.

Alexander, en realidad Peter Alexander Ferdinand Maximilian Neumayer, nació en Viena en Junio de 1926, hijo de un empleado de banca y un ama de casa. Como muchas personas de su generación, el destino de Alexander quedó marcado por la segunda guerra mundial. Cuando llegó a la edad militar, sirvió en la marina y, tras el final de la contienda, terminó en un campo de internamiento británico en donde utilizó su indudable talento musical y para la parodia en diferentes grupos de aficionados.

De vuelta en Viena, y siguiendo el deseo de sus padres, Peter Alexander se matriculó en la facultad de medicina. Alexander lo intentó, pero pronto quedó claro que su vocación eran las tablas. Venciendo la resistencia paterna, se matriculó en la prestigiosa (perdón: Prestigiosísima) academia de Max Reinhardt en donde culminó con éxito sus estudios. En esta época empezó a aparecer solo como «Peter Alexander» en los carteles (lógico, con semejante salchicha de nombre, había que recortar por algún sitio). Pronto, también quedó clarísimo también que Alexander era más un comediante que un actor dramático. En esta época, también se convirtió en pianista y cantante autodidacta.

Pronto, firmó un contrato con la empresa Austrofon, para empezar a grabar las canciones chorras de las que yo hablaba más arriba. Pero eran los tiempos de la posguerra y la gente estaba hasta el colodrillo de bombas y de Bertold Brecht. El entretenimiento puro se imponía. Su primer éxito fue «Das machen nur die Beine von Dolores» (las piernas de Dolores). A partir de ahí, Alexander fue un astro de la música popular de habla alemana. Solo en Alemania, se calcula que vendió 46 millones de discos durante toda su carrera. Formó pareja en varias películas con otra gran cantante, Caterina Valente. Su personaje era siempre el mismo: el caballero estándar, el hombre simpático, pillo y bienintencionado que, al final, se llevaba a la chica y le cantaba una canción.

La televisión también fue amable con Peter Alexander: su show tiene el record de audiencia de un programa en el ámbito de habla alemana. Ni el fútbol era tan seguido como el programa de los sábados de Peter Alexander, que congregaba a toda la familia frente al televisor. El modelo era el de los presentadores de televisión a la americana. El anfitrión ideal que cantaba con sus invitados.

La vida personal de este hombre hecho para la alegría sufrió dos golpes durísimos. En los noventa, poco antes de su retirada, falleció su esposa y manager. Hecho que le dejó abatidísimo y le sumió en una dura depresión. En 2009, falleció su hija en un accidente de coche en Tailandia. Empezaron a correr rumores de que Alexander vivía solitario y abandonado por su familia. Después de retirarse no concedió ninguna entrevista por lo que nunca se pudieron confirmar estos rumores.

Alexander, como he dicho más arriba, murió esta noche pasada y será enterrado el lunes en la estricta intimidad de sus amigos y familia.
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Un comentario a Peter el grande

  1. Javier dice:

    Estos días han estado hablando bastante de ello en la televisión y periódicos alemanes pero yo no sabía quién era Peter Alexandre.

    Gracias por hablar de él en tu blog, ¡me ha parecido muy interesante!.

    Un saludo,
    Javi

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