El carrito del helao

El vendedor de helados (Archivo Viena Directo)
21 de Marzo.-  Cuentan que, uno de los primeros cancilleres de la posguerra mundial, se vio salpicado por un escándalo de corrupción protagonizado por uno de los altos cargos de su gobierno. Cuentan que le citó una mañana en su despacho y, con muchísima frescura, le dijo:

-Fulainito: comprenderá usted que, después de este escándalo, uno de los dos tiene que marcharse. Muchísimas gracias por sacrificarse por mí.
Una escena parecida se ha debido producir durante este fin de semana en la habitación de hospital en donde el vicecanciller de esta República y ministro de Economía, señor Josef Pröll, se recupera de un infarto pulmonar que le acometió de improviso mientras esquiaba (o mientras leía los sondeos, que dejan últimamente a su partido bastante malparado). El Fulanito, esta vez, se llama Ernst Strasser: exministro del interior y, hasta ayer, europarlamentario de la facción popular.
Strasser ha sido víctima, como cualquier exnovio de Sara Montiel o de Karina o, volando un poco más alto, como Sarah Ferguson, de la cámara oculta. Unos periodistas del The Sunday Times, se hicieron pasar por unas personas que tenían un interés especial (pecuniario, vaya) en que se modificase una ley particular. Se pusieron en contacto con “el conseguidor”, en este caso Strasser, y le contaron su película mientras le grababan secretamente.
Herr Strasser, con gran desenvolutura, les explicó que él por ese tipo de trabajillos cobraba la friolera de 100.000 eurazos anuales; que no se preocupasen que, en cuanto pusiesen el pastizal sobre cualquier mesa (naturalmente en billetes de quinientos y con numeración no correlativa) él se encargaría de mover las palancas administrativas correspondientes. Asimismo, indicó que, en el caso particular que, supuestamente, ocupaba a sus visitantes, tenía “a los españoles” medio convencidos. Convendrán conmigo mis lectores en que esta afirmación demuestra que los europeos, finalmente, se han puesto al mismo nivel que los habitantes de Celtiberia.
Los chicos del Sunday Times publicaron el jugoso testimonio en su web y Strasser no tuvo más remedio que asegurar que él era un “agent provocateur” (esta palabra que tanto le gusta a mi amigo, el duque de Alterlaa). O sea, que él estaba intentando sonsacar a los supuestos necesitados de sus servicios para ver quién estaba detrás de los sucios trapicheos en la Eurocámara.
Tras ver el vídeo, la verdad es que la versión de Strasser no hay quien se la crea y ayer, el político conservador se vio obligado a dimitir. Naturalmente, en la rueda de prensa en la que anunció su retirada no se le pasó por la cabeza la ocurrencia de disculparse (pa qué, que diría él). Strasser sostuvo su versión de que se había hecho pasar por corrupto para destapar una trama y habló de una campaña contra él.  La envidia que, como la madre de Strasser y todos nosotros sabemos, es malísima.
Puede ser que todo este asunto, participación celtíbera incluida, no sea más que un síntoma de que el Parlamento Europeo es ese cementerio de elefantes y exministros. Una cosa que hace bonito pero que nadie sabe muy bien para qué sirve. Qué miedo, señor.
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2 Responses to El carrito del helao

  1. D.A. dice:

    Su madre, flipao me he quedado. Ya no volveré a aguantar en silencio el escuchar que si el sur europeo corrupto, que si aquello… Pero vaya austrochorizaco!:P

    Un abrazo marg.!

  2. Chus dice:

    Aggggggg! que asco!!!, la política todo lo corrompe.

    Menudos desgraciados!!!

    Y yo que me creía que esas cosas solo pasaban en España!

    Besos

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