Especial Eurovisión 2011

Una cantante durante un concierto
Cantante durante un concierto (Archivo Viena Directo)

15 de Mayo.- Queridas y queridos: la Unión Europea se nos está quedando en la raspa. La semana pasada, los europarlamentarios discutían en serio una serie de medidas que nos hubieran puesto los pelos de punta unos meses atrás ¿Volverán las fronteras a esta Unión en la que todos, desde Tarifa a Copenaghe, nos paseábamos como Peter por su home?

El panorama es un cuadro de comedor y, sin embargo…Todos los años, por estas fechas, la realidad se suspende durante las seis horas que duran las dos semifinales y el concurso en sí de Eurovisión.

Milagro en Düsseldorf

Los Europeos (mas una buena parte de asiáticos procedentes de la extinta Unión Soviética), como soñaron los Padres Fundadores, nos ponemos verdes los unos a los otros sin que eso signifique que nos vayamos a meter en la trinchera  a la mañana siguiente ¿Isn´t it encantador?

Ayer, en la ciudad alemana de Düsseldorf, se volvió a obrar el milagro.

Nadine, la representante austriaca, cantó ante un auditorio compuesto en su mayoría por hombres a los que les importaba un pimiento de piquillo que el vestido (cortérrimo) se le pudiera escurrir hasta producir una catástrofe como la que llevó a que todos conociéramos hasta los rincones más íntimos de la personalidad de Paris Hilton. Y es que, señores, el festival de Eurovisión es el ensayo oficial del orgullo gay.

Los organizadores lo saben, el público lo sabe (y, como decimos aquí, se froya sobre ello) y es otra consecuencia más de la Pax Eurovisiva que nos enseña que, por lo menos durante unos días, Europa puede ser una balsa de aceite en donde la controversia más importante sea por un guayominí de más o de menos.

Nadine estuvo muy digna, pero no tuvo nada que hacer contra el rodillo de los países del este (excolonias de la URSS que se votan entre ellas). En Austria, sin embargo, la reacción fue de alivio: la muchacha había pasado a la final. Ya es algo. Junto a ella, estuvieron los dos gemelos irlandeses  a los que, humanamente, seguramente les debió de venir bien perder ayer. Si su comportamiento demostraba que nadie les había dado un buen soplamocos en su infancia, la realidad de la vida les habrá enseñado ya que nunca es tarde si la hostia es buena.

Disfrutó el personal con el encanto poligonero de los representantes griegos; aquellos y aquellas que sueñen con meter en su cama a un ambíguo emo nórdico de carnes algo anémicas debieron de ver en el representante danés el colmo de sus delicias; las adolescentes sin duda se emocionaron al ver el movimiento de pandeiro del candidato sueco y, en general, todos nos preguntamos en donde lleva Lena, la cantante alemana más cortica de la historia, los riñones, porque es anatómicamente imposible que le quepan en la cinturita que tiene.

El premio Paquirrín

Las pantojas del este compitieron por ver quién se alzaba con el título de Miss Canalillo (si Stalin levantara la cabeza) y el ganador al premio Paquirrín fue una competición disputada entre el representante italiano (el sorpresón de la noche, sin duda: ver a Raffaella Carrá, a nuestra Raffaela, dar las puntuaciones desde Roma) y la mitad masculina del dúo azerbayano ganador desde ayer ídolo de todos los bares gays de su república.

Ganó Azerbayán. En esto, también.

No podemos cerrar el apartado fealdades masculinas sin detenernos en la representación georgiana, que tenía telita. No sólo por haber encontrado al único paisano de Stalin que habla inglés (mejor no entrar en detalles sobre cómo lo aprendió) sino por un tipo que era clavadito a Gargamel, el malo de los pitufos.

Capítulo aparte merecieron también los portavoces de las cadenas que forman la EBU-UER y que, al fin y al cabo, son las que ponen la pasta para que el evento pueda celebrarse anualmente. Y es que, ¿Hay algo más bonito que ver a una señora pintada como una puerta diciendo eso de “Elo, Duseldorf, Tiflis colingggg”?(aquí, por cierto, el comentarista de la ORF se descojonó en directo)

 Como todos los años se planteó por qué, sólo con el dato objetivo de cómo van vestidas, uno tiene la oscura sospecha de que todas las presentadoras del extinto telón de acero han sido rescatadas precipitadamente de una barra americana sita en sus municipios de residencia.

Ellos oscilaron entre el matiz chuloplaya (hijo: tienes que dar los puntos, no llevarte al huerto a la presentadora), y el algo más homologado presentador turco que, con el traje nuevo y el peinado de peluquería cara de an(Kara) parecía el conserje del hotel Hilton en la boda de su niña.

Eurovisión 2012 se celebrará en Azerbayán y, para entonces, aunque faltan trescientoscincuenta días, ya estamos afilando los teclados. Lástima que, entretanto, haya que volver a la granítica realidad.

Qué pena que Eurovisión no sea todo el año.

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