El secreto de mi éxito

Foto cinética
Estoy superfeliz (Archivo VD)

 

19 de Octubre.- Querida Ainara: darse cuenta de que los esfuerzos que uno ha hecho en una determinada dirección rinden sus frutos es siempre una sensación muy gratificante.

El sábado pasado fue uno de esos momentos.

Fui muy feliz porque me di cuenta de que había conseguido una cosa que me había propuesto nada más poner los pies en el aeropuerto de Schwechat: tener en Austria lo que yo más apreciaba de mi vida en España: un entorno afectivo que discurriera, armonioso, risueño, a mi alrededor.

Con algunas ausencias, que sentí mucho, el sábado estaban sentadas a mi lado muchas de las personas que más quiero en este país. Repartidas casi por igual entre españoles y austriacos (siempre la fijación libriana por el equilibrio).

Para redondear el placer, descubrí con muchísimo gusto que, además, se daba otra circunstancia que vale su peso en oro: aquellas personas no sólo eran amigas mías sino que, además, habían hecho muy buenas migas entre sí. Supe, y me llenó de alegría darme cuenta que, si yo desapareciese algún día, aquellas personas seguirían quedando para tomarse cafés, reirse y hablar de sus cosas.

Inmediatamente, Ainara, pensé en ti ¿Cómo podría yo darte algunas recetas para que tú las utilizases también para conseguir una felicidad parecida?

Durante estos días, le he dado muchas vueltas a la cuestión y he aquí lo que he averiguado. Espero que te sirva.

El primer secreto, Ainara, es fijar una medida sensata a las propias ambiciones.Tener siempre la próxima meta al alcance de los ojos. Eso te ayudará a ser realista y a apreciar lo que consigas.

No pierdas de vista nunca, pero nunca nunca nunca, que todas las personas que tienes alrededor, todos los bienes materiales que te facilitan las cosas más humildes de la vida diaria, tu vida entera en suma, podría no estar ahí.

Esfuerzate en ser consciente que, en cualquier momento, un golpe del destino podría hacer desaparecer lo que más amas (le pasa todos los días a otra gente). Cuida tu entorno, cuida a las personas que quieres como lo que son: bienes frágiles, preciosos e insustituibles que podrían desaparecer en cualquier momento sin que te valiese para nada tu voluntad de conservarlos.

Por eso, Ainara, sé paciente. Que nadie te oiga hablar mal de nadie. La maledicencia es una cosa en la que es muy fácil caer. Que no se te escuche decir una mala palabra de ninguna persona (aunque haya gente por ahí que no sólo se merezca una palabra, sino un libro entero) y, en el caso de que sea inevitable rajar de otros, trata de desahogarte sólo con esas personas a las que, en caso necesario, les darías la nevera con el riñón que te fueran a transplantar.

Por otro lado, si alguien habla mal de alguien contigo que el rumor tenga en ti un firme muro de contención. Que la maldad no pase de ti. Esfuérzate por ser siempre un aislante. Que la parte interior tuya tenga contacto con la suciedad del ser humano pero que la porquería no se difunda a través tuyo.

Los dos puntos anteriores nos llevan a este otro, Ainara: selecciona.

Ten siempre los ojos y las orejas bien abiertos para buscar, entre todas las personas que trates todos los días, aquellas que tienen potencial para hacerte la vida más agradable. Búscalos nobles, sinceros, inteligentes y graciosos. Llena tu vida de personas solidarias de esas a las que no cuesta nada echar una mano en caso necesario sin esperar nada a cambio.

Sé muy cuidadosa depositando tu confianza en la gente, aprende a identificar la maldad y sé muy comprensiva con ella. No te costará nada hacerlo si te das cuenta de que, en ti misma, anida la capacidad de ser malvada con los otros. Trata a los malvados como lo que son: personas aquejadas de un déficit serio de la inteligencia y trata por todos los medios no ya de cambiarlos –nadie cambia, Ainara- sino de tomar todas las precauciones posibles para que ellos puedan seguir “desarrollando sus actividades” sin que éstas afecten ni a tu vida ni a la de aquellos que quieres.

Y por último, Ainara, sé generosa contigo misma. Da, date a los demás. Siente el placer de regalar lo mejor de ti . Escucha a la gente que quieres. Aprende a conocerlos. Quien da, quien se da, Ainara, no tarda en darse cuenta de que, cuando la lógica dice que no tendría que haber nada, la realidad enseña que siempre queda algo.

Besos de tu tío.

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