Helmut Qualtinger, la leyenda del santo bebedor

Santo Spirito
Archivo Viena Directo

 

22 de Octubre.- La mayoría de mis lectores sólo habrá visto a Helmut Qualtinger una sola vez: en la que fue su última película, filmada poco antes de su muerte: El Nombre de la Rosa, de Jean Jacques Annaud. En ella encarnaba al monje benedictinoRemigio da Varagine que era apresado junto a Salvatore, salvajemente torturado y finalmente muerto.

Para mí, Qualtinger hubiera sido también una figura situada muy al fondo de mi cultura general si no hubiera sido porque, el miércoles pasado, me pasaron un documento realmente brutal.

Según los que le conocieron, Qualtinger fue unvorleser fuera de lo común. Auténticamente asombroso. Esta palabra, que no tiene equivalente en castellano, designa a aquellas personas que leen en alto para otros.

Pues bien: en los ochenta, Qualtinger, que fue en vida un crítico feroz del nazismo y de la actitud tibia que muchos de sus compatriotas tuvieron hacia los de la cruz gamada, levantó un considerable escándalo al dar una serie de lecturas de Mi Lucha (Mein Kampf)el libro que escribió Adolf Hitler y que fue la piedra angular del régimen nacionalsocialista.

El miércoles, me pasaron una grabación con fragmentos de esa lectura y el trabajo que Qualtinger hace de ese texto, obra de una mente enferma, es absolutamente impecable. Sin caer en ningún momento en la caricatura, Qualtinger es más Hitler que el propio Hitler, es más: le da al texto una cualidad tridimensional, incisiva, desasosegante. Lleva algunos fragmentos del macabro texto hacia la comedia involuntaria y descubre a Hitler como lo que era en realidad: un espantajo inculto, acomplejado, pero con un singular talento histriónico que, en unos tiempos duros, le encumbró a lo más alto de un edificio político podrido y en descomposición.

Qualtinger había nacido en 1928 (el mismo día que yo, el 8 de Octubre) en una familia de la alta burguesía vienesa. Su padre, un nazi acérrimo, fue profesor de matemáticas en uno de los Institutos del distrito de Alsergrund y su madre ama de casa.

Ya desde joven, el futuro cabaretista demostró una inteligencia superior a la media. Inció la carrera de Medicina pero la abandonó por los estudios teatrales en el Max Reinhardt Seminar, la academia de teatro más prestigiosa de Viena. Sus primeros intentos teatrales no fueron exitosos –eran los últimos cuarenta, no estaba el mundo para muchas alegrías-.

La fama no le llegaría hasta 1961, momento en el que estrenó Der Herr Karl, un monólogo en el que un tendero vienés explica su vida durante la guerra y en la inmediata posguerra. El personaje, compuesto con singular acierto, pasa de ser un tipo simpático a revelarse como un oportunista que se aprovecha de la situación para sacar tajada.

No está claro quién sirvió de modelo para el personaje pero, sin duda, muchos vieneses se sintieron retratados. Qualtinger recibió todo tipo de amenazas (de muerte incluidas) y quedó establecido de cara al público austriaco como un crítico inmisericorde de las miserias del ciudadano medio.

Particularmente ácida fue la crítica que Qualtinger ejerció en el caso del presidente del parlamento austriaco Felix Hurdes, cuyo hijo se vio implicado en un accidente de tráfico cuyas circunstancias exactas fueron retocadas a instancias de su padre. Qualtinger compuso la canción Der Papa wird´s schon richten (Papá lo arreglará). El escándalo fue tal, que Hurdes se vio obligado a dimitir.

Durante los setenta Qualtinger se prodigó en la televisión, en películas y en exitosas tournees de lecturas públicas. Estas últimas, tuvieron tanto éxito que fueron incluso grabadas en discos que se vendieron muy bien.

También, desgraciadamente, se agudizó su alcoholismo. Durante el rodaje de El Nombre de la Rosa, enfermó gravemente del hígado y se manifestó la cirrosis hepática que le llevó a la muerte.

Helmut Qualtinger, cabaretista, escritor, actor, recitador y cantante murió en Viena en septiembre de 1986.

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