La galería Westlicht: centro de referencia a nivel mundial

Autorretrato
Este fotógrafo daría el dedo con el que aprieta el disparador por exponer en la Westlicht (Archivo VD)

 

9 de Octubre.- Hoy es el último día para ver la exposición que la Galería Westlicht(Westbahnstrasse) le dedica anualmente a las fotografías premiadas en el certamen World Press Photo. Yo estuve ayer y salí con la sensación de que, si el mundo fuera justo, todos los que ocupamos nuestro tiempo dándole al disparador y midiendo luces, tendríamos que entrar en ese espacio de rodillas, como se entra en Lourdes.

La Galería Westlicht se ha convertido, en la última década, en un centro de referencia a nivel mundial. En ella exponen solamente los mejores fotógrafos (austriacos, pero también de otras nacionalidades) y sus subastas se han hecho famosas en el mundo entero. Fue aquí donde, el año pasado, se subastó la cámara más cara del mundo (una Leica).

La colección de cámaras que se guarda en la Galería Westlicht también quita absolutamente el hipo en el caso de que se tenga. Piezas únicas, como aparatos fotográficos que estuvieron en las misiones Apollo de la NASA o auquellos artilugios que los tatarabuelos utilizaban para impresionar (casi al azar) los papeles fotográficos o las placas de vidrio cuidadosamente cubiertos con emulsión de sales de plata.

Ante la exposición de los premios World Press Photo uno se queda con el corazón dividido. Por un lado, la fuerza de la mayoría de las imágenes es avasalladora aunque, por otro lado, uno también piensa que, en determinados lugares, la realidad se impone de tal manera que las fotos no tienen otra que reflejarlo. Así, en la World Press Photo hay muchas imágenes en las que uno dice “claro, es que si yo hubiera estado allí con mi Canon hubiera hecho fotos como esta”. Son lo que yo llamo “fotos de gag”.

Luego hay fotos que han pasado a ser parte de la memoria pública por implicar a personajes con gran proyección mediática, como esta foto de Julian Assange.

Y, por último, fotos en las que se demuestra la misión que un fotógrafo tiene que tener en esta vida: llevar al espectador realidades que le son ajenas, para conmoverle, para sacudirle, para sacarle de la inopia.

En la exposición de ayer, por cierto, había obras de dos fotógrafos españoles. Uno, que había hecho un reportaje valentísimo en una cárcel africana y otro, Gustavo Cuevas, de la Agencia EFE que fotografió esta cogida que sufrió el torero José Aparicio.

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