Viena y el oficio más viejo del mundo

Gente en el Prater: después de la lluvia
Una de las "zonas de excepción" será parte del Prater (Archivo VD)

 

28 de Octubre.- Viena. Interior. Día. Un grupo de Futuros Prejubiladosespañoles, miembros destacados delConsejo Asesor de una caja de ahorros provincial, entra a un Lujoso Establecimiento Hotelero en el que se alojarán como clientes VIP.

La mayoría son hombres (cincuenta años de media, polo Ralph Lauren de colores ácidos, jersey de lana graciosamente echado por los hombros, cinturón rebasando el generoso trópico del ombligo).

Capitanea el grupo un caballero algo más mayor, con ese inconfundible aire cachondo y desenvuelto de los ricos periféricos y un fuerte acento que huele (a kilómetros) a feria de artesanía regional y tradición vernácula con maltrato de animales incluida.

Mientras el grupo de VIPs se extasía frente a la conocida propensión al dorado de los decoradores vieneses, el jefe del grupo se acerca a un touroperador disfrazado de androide especializado en relaciones cibernéticas y humanas.

El profesional le trata con una corrección extrema, ignorando la evidentísima falta de formación y de glamour de su interlocutor, el futuro prejubilado.

Sin embargo, no puede por menos que levantar las cejas, sorprendido, cuando el destripaterrones le pregunta:

Oye muchacho, y aquí ¿Dónde se puede uno ir de putas? –el otro balbucea para ganar tiempo y el distinguido miembro del consejo asesor se cree en la obligación de explicarse-es que, tú verás, aquí, siendo todo tíos, en algo habrá que entretenerse…

Esta conversación, la presenció este que escribe durante una fugaz estancia laboral en el ramo de la hostelería pero, por lo que uno sabe, no debe de ser tan atípica. Viena es una ciudad que, como otras grandes capitales, se ha especializado en la organización de congresos y ferias de todo tipo.

Bullen por sus calles los expertos en parapsicología, los cardiólogos, los especialistas en la Sábana Santa, los cirujanos maxilofaciales, los representantes comerciales  de maletín y corbata. Una especie de pacífico ejército que mantiene engrasadas las ruedas de esta economía que amenaza, día sí y día también, con la catástrofe.

Y ya se sabe que, de toda la vida, donde ha habido un ejército, siempre ha estado cerca un grupo de complacientes cortesanas –más algún que otro complaciente cortesano, para servir al diez por ciento de la población al que las cortesanas ni fú ni fá-.

En Viena se habla mucho, últimamente, de estas trabajadoras del amor.

Sobre todo de las que ejercen su oficio en la calle, expuestas a las inclemencias del tiempo. Según cifras del Ministerio del Interior Austriaco, que obliga a las prostitutas a registrarse para evitar lacras como el tráfico de personas, y para garantizar una cierta higiene a clientes y hetairas, en Viena se prostituyen legalmente unas 2500 personas (como dato curioso la estadística apunta que, la más joven de estas mujeres, tiene 19 años y la más mayor cuenta con 71 voluntariosas primaveras).

Sin embargo, según cifras más realistas, hasta 6000 personas, mujeres mayoritariamente pero hombres también (la prostitución masculina se despenalizó en 1989), se ganan las habichuelas de esta forma tan ingrata por lo menos de manera ocasional.

Tras largas deliberaciones, la coalición Rojiverde que gobierna la ciudad, ha conseguido parir una ley que regulará el oficio más viejo del mundo (con permiso de los peleteros). Como casi siempre es una ley que no deja contento a casi nadie. En principio, se trataba de prohibir radicalmente la prostitución en la vía pública y en las áreas residenciales. Sin embargo, parece ser que la prudencia ha hecho aconsejable establecer ciertas áreas en las que la prostitución en la vía pública estará permitida de manera excepcional.

Desde la municipalidad vienesa, se valora positivamente la norma, aunque se advierte de que, probablemente, pronto habrá que establecer más “zonas de excepción”.

Por cierto, el touroperador mandó a nuestro jacarandoso amigo al Babylon, el burdel más caro de la ciudad. Establecimiento que, como todos los de su clase, tiene poco que temer de la nueva regulación.

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