La fascinante vida del Conde Almasy, el paciente austriaco

Dunas de Maspalomas
Las dunas: el hábitat natural del Conde Almasy (Archivo VD)

 

10 de Noviembre.- La película ganadora de los Oscars de 1996 fue El Paciente Inglés, dirigida por el tristemente malogrado director británico Anthony Minghella.

La cinta, basada en la novela del mismo título del canadiense Michael Ondaatje, trataba la historia del conde Ladislaus (Laszlo) Almasy y de su historia de amor con la inglesa Katharine Clifton, que interpretaba la elegante actriz Kristin Scott Thomas.

La película, muy bonita, tenía sin embargo solo un ligero parecido con la vida del auténtico conde Almasy. Un austriaco, explorador, espía, conspirador, pionero de la aviación, nacido en Burgenland, cuya vida resulta incluso más fascinante que el relato cinematográfico.

Los nadadores del desierto

Almasy nació en 1895 en Burg Bernstein, Hungría entonces, hoy Austria. Hijo de una familia acomodada, pero no noble.

Su padre fue el entomólogo y zoólogo Gyorgy Almasy.

Siendo Laszlo (Ladislaus en alemán) muy joven (16 años) sus padres lo envían a estudiar a Inglaterra en donde permanecerá hasta 1914, momento en el que regresa a su patria para unirse a la entonces recién nacida aviación austro-húngara. Cuando termina la primera guerra general, con el resultado que todos conocemos, Ladislaus Almasy vuelve a Inglaterra para estudiar en el Eastbourne Technical Institute, en donde permanecerá hasta 1922.

Antes de hacerlo, sin embargo, Almasy participa en la que sería su primera aventura política: él es el encargado de conducir a Hungría al exemperador Carlos en uno de sus intentos de recuperar la corona del país del Goulasch. A la postre, el padre de Don Otto morirá en el exilio pero, desde sus atribuciones de emperador sin corona, elevará a Almasy al estado de conde (Graf), aunque Ladislaus, con muy buen criterio, sólo utilizará el título fuera de Hungría.

Durante el periodo de entreguerras como incluso los condes andaban algo achuchados de efectivo, Almasy necesita buscarse un medio de ganarse el caviar, y lo encuentra de dos maneras: como piloto de carreras para la marca Steyr (firma austriaca que se fusionará con Daimler en los cuarenta del siglo pasado) y organizando monterías en Africa para viajeros europeos pudientes.

Durante uno de estos viajes a lo largo del curso del Nilo, Almasy desarrolla un enorme interés por la región e incluso prueba camiones de la marca Steyr en las condiciones extremas del desierto. En 1932, junto con el británico Sir Robert Clayton, Almasy se lanza a la búsqueda del legendario Zarzura u Oasis de los Pájaros. La expedición, pionera en su época, combina aviones y vehículos pesados y da unos frutos fascinantes. Almasy no solo encuentra el oasis que busca, sino que cataloga y estudia pinturas rupestres que demuestran que el desierto del Sahara fue, en tiempos prehistóricos, un vergel lleno de lagos en los que se podía incluso nadar. Además, se topa con los Magiárabes de Nubia, que hablan árabe a pesar de ser descendientes de los guerreros húngaros que combatieron en el siglo XVI en las filas del ejército otomano.

En 1934, Almasy publica un libro contando sus aventuras en el desierto (primero en Hungría, después en el ámbito germanoparlante). Su obra alcanza una gran difusión pero el tiempo de las exploraciones ha llegado a su fin. Sir Robert Clayton, el pagano de sus expediciones, había muerto en 1932 y su mujer en 1933.

Por cierto: es muy dudoso que Almasy y la mujer de su mecenas tuvieran algún tipo de relación como la que se cuenta en El Paciente Inglés porque nuestro conde húngaro era homosexual.

A mediados de la década de los treinta empiezan a escucharse por el mundo los tambores de guerra y Almasy, al que le iba bastante la marcha, empieza a practicar para lo que sería su trabajo durante la segunda guerra mundial.

Durante la crisis de Abisinia, en 1935, espía para el gobernador italiano (un ciertoMariscal Italo Balbo).

Un mundo en guerra

Cuando definitivamente estalla la guerra en 1939, Almasy no tiene más remedio que volver a Hungría porque, como no se casa con nadie, es sospechoso para todos. Los ingleses, piensan que epía para los italianos. Los italianos piensan que el escurridizo conde Almasy va a espiar para los ingleses. En 1940, sin embargo, Hungría se integra en las potencias del Eje. En 1941 la aviación alemana, la luftwaffe, “ficha” al conde Almasy que es destinado alAfrika-Korps y puesto bajo el mando del general Rommel.

Durante la llamada Operación Salaam, Almasy logra, atravesando el desierto del Sáhara, tras las líneas aliadas, acompañado de otros dos espías. No es, sin embargo, una operación encubierta, porque tanto el conde austriaco como sus compañeros llevan uniformes de la Wehrmacht. Los vehículos que utilizan, eso sí, son de fabricación americana. Tras el éxito de la operación, Almasy es ascendido al grado de Mayor y le es concedida la Cruz de Hierro por los del Lado Oscuro de la Fuerza.

Tras la derrota del ejército de Rommel en Africa, Almasy es destinado a Turquía por el mando alemán. Finalmente, Almasy volverá (de nuevo) a Hungría, en donde el astuto conde utilizará sus contactos con la iglesia católica para evitar la deportación de algunas familias judías a campos de concentración.

El último saludo en el escenario

Cuando termina la contienda, Almasy es apresado inmediatamente por los soviéticos que le juzgan por alta traición. Increiblemente, el conde sale con bien de este peligroso atolladero y es absuelto. Estaba claro, sin embargo, que a los soviéticos no les molaba nada el tema de los títulos nobiliarios y Almasy no tardó en poner pies en polvorosa con la ayuda del servicio secreto británico (este hombre era de esa gente que siempre cae de pie). El conde pasa a la austria ocupada, desde donde sigue viaje hacia Egipto, en donde es nombrado por el rey Faruk asesor técnico del recién fundado Instituto de Investigación del Desierto.

El conde Almasy murió en Salzburgo, de una amebiasis, durante una visita a Austria, en 1951.

Para saber más (aún) puedes pinchar aquí

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