Vente a Viena y te saldrán superpoderes

El aristocrata azul
Carnaval (Archivo Viena Directo)

 

14 de Noviembre.-  Viena. 11 de Noviembre de 2011.Interior. Noche.  Zona VIP de Fiesta de Disfraces celebrada en el correspondiente Marco Incomparable de la capital.

Un escritor español, joven, guapo, delgado y atlético, sorbe despacio una copa llena de vino blanco mientras observa complacido a una mujer de unos treinta y cinco años que, coquetamente, charla con un amigo.

La señora lleva un vestido largo de baile de los años setenta. Color turquesa, corte imperio, aplicaciones de cristales Swarovsky en el pecho, brazos al aire, cuello redondo. La melena rubio ceniza, lisa y partida, la tez blanquísima, la sombra de ojos a juego con el color del vestido y unos ojos grandes y azules, hacen que la mujer guarde un parecido más que evidente con Gwyneth Palthrow.

El amigo del escritor se lo hace notar.

La mujer, muy consciente de su atractivo, hace como que se sonroja invadida por una modestia a todas luces falsa. Como si necesitase una disculpa por seguir siendo (muy) joven y (muy)guapa, la mujer saca de una carterita drapeada (también elegantísima y vintage) un móvil de última generación que manipula durante unos segundos hasta sacarle de la memoria la foto de un bebé de pocas semanas.

El niño es el hijo de la esbelta desconocida y la fecha del reciente parto un motivo para la perplejidad general.

La mujer muestra urbi et orbi la foto de su hijo y su sonrisa se hace un océano de dientes vigilados de cerca por un profesional de los de BMW y segunda residencia en algún lugar de la costa croata.

Por alguna razón, entre sorbo y sorbo de vino blanco, la memoria del escritor español viaja hacia atrás en el tiempo. A un restaurante oriental, a una conversación sobre los efectos de la emigración sobre el español medio.

Curiosamente, son unos efectos que se notan solamente (o principalmente) cuando dicho Español Medio vuelve a España.

De pronto, el individuo se da cuenta de que, el haber estado nadando en una realidad que ofrece una resistencia mayor que su realidad de nacimiento, le ha hecho mucho más observador que la mayoría de sus paisanos.

Lo mismo que a los ciegos se les agudiza el oido al tener que luchar contra el obstáculo de la falta de visión, el cerebro de los extranjeros que viven en una realidad extraña se convierte en un órgano ansioso por entender. Una máquina que aprovecha el más mínimo resquicio del lenguaje corporal, de la entonación, de la realidad visual, para tratar de dilucidar el tema de una conversación, el sentido de una broma, el significado deuna expresión rebuscada, oscura, local y rebelde.

Sin embargo, cuando el Español Medio vuelve a esa casa que, como en el poema de Lorca, no es ya su casa, se da cuenta de que sus paisanos, acomodados en la rutina de todos los días, en la roma repetición de lo archiconocido, no reparan en que la realidad tiene muchos niveles.

Es entonces cuando el Español Medio de nuestro cuento se da cuenta de que le ha crecido un Superpoder. Un sentido nuevo que sus paisanos no entenderían aunque se lo explicasen, sencillamente porque no han pasado por la situación de enfrentarse a una entrevista de trabajo entendiendo solo un veinte por ciento de la literalidad de lo que les preguntan.

El escritor da un sorbo a la copa y vuelve la cabeza. Otro amigo está charlando con una chica joven, encantadoramente feucha, que le cuenta a todo el que puede sus proyectos a la espera de que aparezca el correspondiente mecenas. Es ese tipo de chicas feas que llevan los ojos empapados en una melancolía dulce que hace que algunos hombres piensen en ellas como madres y no como amantes. El escritor español bebe un poquito más de vino y suspira.

El mundo está en orden.

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