¿Un tortazo a tiempo es una victoria?

Retrato de familia
¿Tocar la ayuda familiar sería la solución para evitar la violencia? (Archivo VD)

 

29 de Noviembre.- No corren buenos tiempos para los funcionarios.

Están en el punto de mira de los PPLO (Perversos Poderes del Lado Oscuro) que piensan que cobran un pastizal por ir a la oficina a leer el periódico en internet y a contestar llamadas con el aire displicente de quien sabe que no le pueden echar de su trabajo así se congele el infierno.

Si, además, el funcionario resulta ser profesor, a la mirada escrutadora y despiadada del Estado se une el choteo del resto del cuerpo social, en el que reina la percepción de que trabajar con mocosos y tener tres meses de vacaciones (además de la Semana Blanca y Navidad) no puede ser un curro ni tan extenuante ni tan serio como los otros.

Y si alguien pensaba que este estado de cosas era algo exclusivo de España, se equivoca.

Los profesores austriacos también andan los pobres como trabajadora del sexo por rastrojo.

Ya antes de que la crisis hincara sus dientes en las partes más blandas de su nómina, los profesores de este país habían empezado a quejarse de un nuevo fenómeno que ha empezado a manifestarse de un tiempo a esta parte en las escuelas austriacas. Particularmente, en aquellas de las grandes aglomeraciones urbanas.

Fruto del cambio en los valores, del relajamiento de las costumbres y, nos tememos mucho, de la contemplación continuada de engendros televisivos como Saturday Night Fever, en las escuelas austriacas, particularmente en las públicas (claro, cómo no), y particularmente aquellas en las que hay más chicos de habla extraña, se ha empezado a generalizar la violencia.

Los sindicatos de profesores han denunciado que, en entornos especialmente conflictivos como los que citaba más arriba, los maestros se encuentran completamente impotentes para corregir aquellas conductas que atentan, no solo contra la integridad física del cuerpo docente, sino contra la integridad misma de las instalaciones en donde los maestros intentan desasnar a tanto niño enganchado a la agilipolladora play o al embrutecedor teléfono móvil.

Alguno, hasta ha perdido los nervios y, perderlos, le ha costado una demanda de los enfurecidos progenitores de algún rorro.

Por ejemplo, el director de una escuela austriaca le asestó a un niño especialmente revoltoso una certera guaya para que cesara en su conducta.

Los padres del chaval, partidarios del amor y no de la guerra, de los métodos persuasivos, le han puesto al desquiciado profesor una querella por la cual buscan resarcirse del daño moral inmenso que le ha producido a su vástago el trauma del guantazo del maestro.

Los profesores, aquí como en otras partes, se quejan de que ellos están para enseñar unos contenidos, pero que las mínimas reglas de urbanidad y respeto por el prójimo y sus propiedades (o las propiedades públicas, que para el caso es lo mismo) deberían traerlas aprendidas los niños de casa.

Hartos, crispados, con los nervios hechos papilla, han propuesto que el Estado ataque a los padres poco colaboradores allí donde más nos duele a todos: en el bolsillo.

Claman porque, en casos especialmente graves de reincidencia, la administración pueda reducir o eliminar la ayuda familiar que muchos padres perciben del Estado (se hace ya si los padres no cumplen, por ejemplo, con el calendario de visitas al pediatra que exigen los programas de salud del Estado).

Por supuesto, las asociaciones de padres de alumnos rechazan esta medida, la cual consideran que no haría sino profundizar las diferencias económicas y de educación en las que, piensan ellos, residen las causas últimas de la violencia.

Y mis lectores ¿Qué opinan de esto?

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2 Responses to ¿Un tortazo a tiempo es una victoria?

  1. amelche dice:

    ¡Uff, no me tires de la lengua! Creo que lo que más está funcionando (donde he trabajado no lo había, pero he hecho cursillos sobre el tema) es la mediación entre iguales. Enseñar a los alumnos a mediar en las disputas de sus compañeros está demostrado que reduce las situaciones violentas y mejora la convivencia.

    • Paco Bernal dice:

      Aquí es que, de todas maneras, están acostumbrados a que todo sea una balsa de aceite y quieren -con razón- que todo siga así. Por otra parte, yo tengo la sensación personal de que a los austriacos les cuesta encontrar el punto medio entre encerrar a los niños en el sótano a pan, agua y tranchetes y el mírame y no me toques. Pero está claro que algo deberán de hacer. Lo de la ayuda familiar a mí, de todas formas, me parece un poquitín salvaje.

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