Vertigo (Segunda parte)

Fotos y estrellas
Archivo VD

 

18 de Diciembre.- Seguimos con el recuento de LOS DIEZ POSTS MÁS MEMORABLES DE 2011.

En el número cinco de nuestra clasificación está este: La Señora condesa Eva Walderdorff, prima de Alberto de Mónaco (título, el de la condesa, que, como todo el mundo sabe, es de palo, porque en Austria los títulos nobiliarios están prohibidos desde la primera guerra mundial) se puso nerviosa, se metió en un Duty Free de un aeropuerto y arrambló con un dineral en cremas y cosméticos. Al principio, ella lo negó todo, claro, pero los de la porra no pensaron lo mismo que ella y, tras pasar por el papelón de verse juzgada cual choriza, fue condenada a trabajos sociales y así, la señora ha estado haciendo, por primera vez en su vida, algo útil: servir sopa  los menesterosos en un albergue. Esperemos que haya aprendido algo.

En el número cuatro, otra historia criminal de lo más boba pero que, durante unos meses, trajo a Viena por la calle de la amargura: se trata de las aventuras de Sniper, el misterioso criminal que les disparaba a sus víctimas balines de aire comprimido cuando se encontraban en la calle. Al final resultó que Sniper no era uno, sino que eran dos (tontos muy tontos). Amigos y residentes en Viena.

Puesto número tres, medalla de bronce: un momento personal de felicidad y otra de mis fotos preferidas como ilustración del blog. La gesta fotografiadora anual del desfile del orgullo gay de la capital vienesa.

Puesto número dos, medalla de plata de este pequeño ranking de recuerdos: España tiene un nuevo presidente. Lo sé, no pasa en Viena, pero mis lectores se harán cargo de que un inmigrante tiene el alma dividida entre dos mundos. De momento, el nuevo Presidente del Gobierno de España no ha hablado mucho (públicamente, por lo menos). Lo más largo que ha dicho fueron sin duda las palabras que le dirigió a la nación nada más conocerse que había ganado los comicios. En ellas se mostró sensato, contrito y nada triunfalista (cosa muy de agradecer). Aquella noche, asimismo, nació otro ídolo de masas: Viri, su mujer.

Y por fin, en el número uno, la manifestación más vienesa que los vieneses recuerdan en muchos años: los actos en memoria del fallecimiento, no por esperable menos lamentado, del último Habsburgo que fue declarado legalmente sucesor al trono: Don Otto. Después de haber sido su cadáver despiezado y sus vísceras enviadas a diferentes lugares del antiguo imperio, el cadáver de Don Otto fue velado en la capital junto al Danubio y posteriormente, llevado hasta la cripta de los capuchinos en donde se revivió, por última vez, el austero pero vistoso ritual de entierro de los monarcas de la estirpe de los Austrias. Nadie se descogorció de risa cuando dijeron aquello de: ¿A quién traéis ahí? A un pobre Pekadorrr (de la pradera, jandemoooorrr). Asistieron a la ceremonia algunas testas coronadas (y no solo con coronas: a una de las reinas que asistió su santo esposo la ha coronado insistentemente con diferentes señoras en sendas aventuras extramatrimoniales). Aparte de que el abuelito Otto era un hombre muy majete –olvidemos sus simpatías con el franquismo- que se recicló a tiempo en el paneuropeismo, este acto tiene para mí, además, una importancia personal: fue la penúltima cosa a la que mi primo N. y su santa me acompañaron. Ays.

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