Sherlock

anciano leyendo
Los libros de Holmes apasionan a jovenes y mayores (A.V.D.)

 

2 de Enero.- Como mis lectores más memoriosos saben, una de las cosas que les pirran a los aborígenes (austriacos, pero también alemanes) son los relatos policiacos, también conocidos en estos lares como Krimis.

Yo, incluso pienso a veces que, está afición por emparejar los muertos con los criminales responsables de su defunción, está de alguna manera inscrita en el ADN más profundo de las razas germánicas y que es por esta razón por la que los británicos, desde la época victoriana por lo menos, producen novelas de misterio a ritmo regular y los alemanes las adaptan cine y la televisión para deleite de las plateas y de las salas de estar.

Una de las series más adaptadas en tierra propia (las islas británicas) y extraña (Norteamérica, por lo menos) es la formada por las aventuras de Sherlock Holmes. Personaje que Sir Arthur Conan Doyle, médico aficionado a la literatura, creó durante la época victoriana. Holmes, ya lo saben mis lectores, se pasea por las neblinosas calles de Londres resolviendo macabros crímenes, acompañado del noble pero algo distraido doctor Watson (con el cual tiene una convivencia de lo más casta en el 221B de Baker Street, casa en donde la señora Hudson se encarga de hacer las faenas domésticas para los dos solterones). Las series originales de novelas se publicaron a lo largo de más de cuarenta años y el personaje de Homes, que Conan Doyle creó para distraerse de sus ocios de médico rural, terminó resultando una carga casi insoportable para su padre, el cual intentó matar al detective especializado en deducir en varias ocasiones. A la postre, Holmes, lupa en mano, sobrevivió a su creador y la prueba es la serie de la que nos ocuparemos hoy.

Se trata de “Sherlock”, así, a secas. Una producción de la BBC planteada sobre el juego de adaptar las rancias y algo envaradas de Conan Doyle al mundo moderno. Con un Sherlock Holmes que tiene teléfono móvil y página web y no dice “Elemental, querido Watson” cada tres páginas de guión y con un Doctor Watson que, lejos de ser el pobre hombre de las novelas originales (o el puente entre el público y la figura inalcanzable y superlativa del latoso detective de la lupa y la gorra con dos viseras) es un veterano de guerra en Afganistán con estrés postraumático, un blog y el carácter suficiente para leerle la cartilla a Sherlock Holmes de vez en vez.

Más que una serie al uso, Sherlock, en su versión actual, es un trío de suculentos telefilmes con el nivel suficiente como para estrenarse en cines sin ningún problema. Ayer, si la memoria no me falla, se estrenó en la BBC el cuarto telefilme, primero de una segunda tanda.

Sherlock es, no solo una refrescante adaptación de las antiguas novelas, hecha por unos admiradores de la serie original y curtidos en la mejor ciencia ficción popular inglesa (la serie Dr. Who), sino que es la demostración de que se puede hacer una televisión creativa y de calidad que guste lo mismo a aquellos que buscan un producto culto que a aquellos que, solamente, quieren divertirse.

La realización es auténticamente exquisita. Los guiones una maravilla de ritmo. Las tres películas de hora y media se pasan en un suspiro y las amojamadas historias victorianas (a las que yo siempre tuve un poco de manía) vuelven a recuperar su protéica energía y a reconquistar un público nuevo (de hecho, yo me he comprado varios libros de Sherlock Holmes para recuperar aquella magia de entonces).

Los dos actores que interpretan a Holmes y Watson (Benedict Cumberbacht y Martin Freeman, respectivamente) están perfectos también (por cierto, amos dos, experimentados actores teatrales, participan en El Hobbit, y no podía ser de otra manera porque Tolkien es quizá el último de los escritores ingleses decimonónicos).

La traslación a tiempos modernos hace también que, lo que nadie se planteaba en el siglo XIX (¿Qué hacen dos hombres viviendo juntos si no están liados?) Se convierta en fuente constante de gags en el siglo XXI.

En resumen: una serie absolutamente recomendable, apta para todos los públicos y divertidísima.

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