El Silvesterkonzert de la Filarmónica de Viena desde dentro (segunda parte)

El Musikverein durante el concierto (Foto: Teresa)

Sigue el relato de Teresa, cuyo principio se puede leer en la entrada debajo de esta:

Ahora voy a decir las únicas cosas que no me gustaron o que me sorprendieron, que valgan como consejos para los que vayáis algún día:

 –        El guardarropa es de pago y es obligatorio. Ya veis, te gastas un ojo por entrada y encima tienes que pagar para dejar el abrigo. Más sorprendente aún es que el precio por prenda es 0’85€. Digo yo que ya puestos a cobrar podían haber pensado que si cobran 1€ no tienen que perder tiempo dando el cambio ni hacer cuentas raras. Y no te llenan el minibolso de fiesta de calderilla.

–          No hay acomodador. Es cierto que no es difícil encontrar tu sitio, pero por todos los dioses, ¿cuándo se ha visto un evento o una sala de esta categoría sin acomodador? Sorprendente.

–          El programa del concierto es de pago. Sí, sí. Al no haber acomodador nadie te da ningún papelito. Yo pensé que se me había olvidado cogerlo y cuando fui a buscarlo me encontré un vienés muy serio que me dijo que 9’50€ o nada. Total, que vuelta al palco a por dinerillo. Por lo menos el programa es un librito bastante majo de 84 páginas. Según lo hojeaba poco a poco se me fue pasando la indignación. Ya, es poco dinero, pero yo contaba con él y resultó que tenía que pagarlo. Sigamos.

 Por cierto, que sepáis que se pueden hacer fotos y vídeos dentro de la sala y durante el concierto. Nosotros leímos en algún sitio que estaba prohibido, así que las únicas fotos que os puedo enseñar las hice con el móvil. No están mal, pero podrían haber estado mejor…

 Puntualísimamente a las 19h30 salieron los violinistas, afinaron y se sentaron tan felices (pero menos que yo) a esperar a Mariss Jansons. No se hizo mucho de rogar, saludó, aplaudimos, se dio la vuelta y…. ¡YA!

Inciso. En Con faldas y a lo loco, Marilyn Monroe dice una frase que me venía al pelo en esta ocasión: “Yo, Sugar Kowalsky de Baltimore, en el yate de un millonario. Si mi madre pudiera verme…” Pues eso mismo es lo que estaba yo pensando mientras sonaban las primeras notas de la Vaterlädischer Marsch. Fin del inciso.

 Durante las siguientes dos horas y tres cuartos (lpor mí como si hubiesen sido diez) tuve una de las experiencias más satisfactorias, bonitas y excitantes de mi vida. ¡Qué maravilla de música! ¡Y cómo suena! El programa elegido por Mariss fue precioso, alegre, dinámico. Y además salieron los Niños Cantores, menudo lujo! El señor Jansons “lo dio todo”, como se suele decir. Acabó sudando cual pollo y creo que a todos los que estábamos allí nos pareció que es un tío simpático y alegre. Yo le pongo un 10. Por mí que dirija todos los conciertos de Fin de Año y Año Nuevo para siempre, ¿para qué cambiar de director cada año? ¡Volvamos a los tiempos de Boskovsky!

 ¿Qué qué me gustó más? Uff, vaya pregunta… TODO. No cambiaría ni un segundo de lo que viví aquella tarde. Pero puestos a elegir me quedo con cinco momentos:

–          Vaterländischer Marsch, la primera de las piezas que sonaron. No es que sea especialmente fabulosa, pero fue la primera y se me saltaron las lágrimas y pensaba en mi abuela…

–          Copenhagener Eisenbahn Dampf Galop, de Hans Cristian Lumbye. ¡Menudo descubrimiento! Es la pieza en las que los percusionistas imitan el ruido de un tren de vapor. Divertida y original, y además no la había escuchado nunca.

–          Feuerfest, con los Niños Cantores. Me gustó sobre todo por la actitud de Mariss. Muy tierna.

–          Vals de La bella Durmiente. Sin palabras me quedé cuando lo leí en el programa. Mi vals favorito de todos los tiempos, desde que era un bebé y mi madre me cogía en brazos y dábamos vueltas. Fue un momento maravilloso (sí, definitivamente hoy estoy cursi) y todavía hoy es lo que más tarareo a lo largo del día.

–          Unter Donner und Blitz, un clásico de los conciertos estos pero que nunca defrauda. Además hacía mucho tiempo que no la escuchaba y fue un pequeño reencuentro.

 Yo creía que entraría en éxtasis cuando sonase la Marcha Radetzky, pero no fue así. Di palmadas, como todo el mundo y la disfruté, pero la verdad es que con tanta palma la música casi ni se oye.

 Salí del Musikverein más contenta que unas castañuelas y lo primero que hice fue llamar a mi madre para decirle que era una bruja y que la quería y que nunca podría agradecerle esto lo suficiente, nunca. La verdad es que tenía ganas de abrazar y besar a todo el mundo, del subidón que tenía.

Lo primero que hice al regresar a casa fue apuntarme para los sorteos del próximo fin de año, lo mío es vicio…

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3 Responses to El Silvesterkonzert de la Filarmónica de Viena desde dentro (segunda parte)

  1. Teresa dice:

    Hola Paco, ¡muchas gracias por publicar mi historia! Espero que a tus lectores les haya gustado.
    Un abrazo.

  2. Cristina Carmona dice:

    Me encuentro en un caso parecido al de Teresa , pero la verdad , no sé como organizarme , y mi pregunta puede ser un poco tonta , pero ahí va … después de este subidón , ¿ dónde vas a cenar … supongo que la noche de fin de año no será tan fácil encontrar un sitio tranquilo , sin grandes fiestas …

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