Modificadores, Integrados y Dora la Exploradora

Esfuerzo
Modificador puro en pleno intento de saltar por encima de la realidad (A.V.D.)

 

25 de Enero.- Querida Ainara: hace unos días, al salir de trabajar, llamé a tu padre por teléfono para felicitarle por su santo.

Ibas en el coche con mi hermano, camino de casa, y escuchaste atenta nuestra charla por el manos libres.

El asunto te llamó bastante la atención y hubo que encontrar la manera de explicarte el porqué de mi llamada. Te pareció bien que se felicitase a la gente en otros momentos del año, aparte de cuando se hace inevitable reconocer que somos 365 días más viejos, decidiste que aquel día también era tu santo –felicidades, Ainara– y empezaste a contarme que tenías un tesoro (de Dora la Exploradora) .

Después de comprobar que yo estaba interesado en saber todo lo posible sobre él, me explicaste que, aparte de diamantes, tu preciada posesión contaba con un complemento fundamental: una tapa. Sin tapa, me explicaste, un tesoro es un objetivo facilísimo hasta para el ladrón más tonto.

Tío Paco, luego lo voy a esconder para que nadie lo encuentre.

Muy bien, Ainara –dije yo, y pasé a preguntarle a tu padre por sus viajes recientes a la cuadriculada tierra de los germanos y por otros asuntos de mediana importancia. Pasado un rato, tú empezaste a manifestar cierta impaciencia porque te parecía que tu padre y yo estábamos rajando demasiado de cosas que a ti, la verdad sea dicha, te importaban tres pimientos (A los cuatro años que van para cinco ¿Qué asunto puede ser de más importancia que un tesoro de Dora la Exploradora?). Así pues, decidiste que ya era hora de que tu padre y yo fuéramos cortando para poder hablar a tus anchas sobre cosas que, de verdad, tuvieran chicha.

Pobrecita mía, qué poco caso te hicimos.

Tu padre y yo, naturalmente, seguimos hablando, pero a mí se me quedó grabada esta primera, pequeña, frustración tuya y por eso te la cuento, para que, dentro de unos años, te veas como eres ahora, y porque me servirá de ejemplo para explicarte una cosa.

A partir de que empezamos a tener uso de razón, el mundo exterior se empeña en contrariar nuestros deseos. Esta frustración adopta diferentes formas a lo largo del curso de nuestra vida. Desde que la gente se empeñe en no escuchar interesantes pormenores a propósito de los tesoros de Dora la Exploradora hasta que la persona que nos gusta, misteriosamente, prefiera irse de copas (y algo más) con otro al que nosotros, naturalmente, consideraremos un imbécil integral (quien no se consuela es porque no quiere).

El modo en que las personas reaccionan ante esta frustración primordial que es ingrediente inseparable de la vida, las encuadra, directamente, en dos grupos, a los que yo llamo los Modificadores y los Integrados.

Los primeros, no se resignan a que la realidad no se comporte como ellos quieren y se empeñan en intentar cambiarla. Solos o captando las fuerzas de los que tienen a su alrededor.

Los segundos, intentan parlamentar con las circunstancias y adaptarse, en lo posible, a ellas.

Los sujetos que son Modificadores o Integrados puros son la minoría; la mayoría de nosotros, aunque gane una u otra característica, somos indivíduos mixtos.

El modificador puro por excelencia es el político (entran en esta categoría también o, por supuesto, los dictadores de corte absoluto, que son los que más se empeñan en modificar la realidad llevados por una frustración brutal que les lleva a intentar cambiar la realidad pasando por encima de la propia voluntad de los sujetos que la habitan).

El integrado puro es la persona espiritual, religiosa, que se resigna ante la imposibilidad humana de cambiar las circunstancias, tomándolas como fruto de la voluntad de un ser superior, omnisciente, que sabe “lo que es mejor para nosotros”. El Integrador puro tiende a leer la realidad como un mensaje de lo alto, profundamente cebado de sentido o enigmático pero, en cualquier caso, intocable.

El Modificador actúa espoleado por su frustración, el Integrador se esfuerza por actuar como si su frustración no existiera.

¿De qué lado estás tú?

Besos de tu tío

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Un comentario a Modificadores, Integrados y Dora la Exploradora

  1. Edgar Pineda dice:

    Umberto Eco tiene un libro llamado «Apocalípticos e Integrados», cuya introducción (luego se hace pesadito) es muy interesante. El problema es que en la tipología de Eco ambos son pasivos. Los primeros enjuician el mundo con un pesimismo destructivo, pero sin hacer nada. Los segundos, simplemente se conforman.

    ¡Pero Eco se olvidó de los «modificadores»! y sopongo que de estos últimos también podrían derivarse varias tipologías…

    Saludos de un modificador desintegrado.

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