Mi gimnasio ha hecho chimpún

Con y sin
Qué frágil es la felicidad del deportista (A.V.D.)

 

Esta tarde, al llegar al gimnasio, me he encontrado con que, alrededor de la recepción, había una gran algarabía. Al entregarle mi tarjeta a la recepcionista, me ha dicho, con cara de circunstancias:
-Sabe usted ya la noticia, ¿Verdad?
-Pues no.
-Hoy es nuestro último día. Hemos tenido un problema de insolvencia y…
-¿Y el dinero de la tarjeta? He pagado por un año.
Lo pierde usted.
-Pues vaya.
-Lo siento mucho. Estamos esperando la llegada de nuevos inversores y quizá en tres semanas volveremos a abrir…

En la sala de ejercicios había corrillos. El monitor más guapete era el objetivo favorito de las damas preclimatéricas. El limpiador Sij le pasaba el trapo a las máquinas, como siempre y yo, como si fuera un día normal, escuchaba a Mika mientras corrría. Me he dado cuenta de dos cosas a) de que me fastidiaba más la pérdida de la rutina que los doscientos euros que me va a costar la broma y, en esto, no he podido remediar pensarlo, me he convertido en un vienés de pro y b) que, a fuerza de verles todos los días, voy a echar de menos de alguna manera a esas personas a las que yo conozco sólo por el mote que les he puesto durante mis monótonas carreras y que formaban parte del paisaje de mis días.

A saber: a La Adicta, una tipa esquelética, de piel calcinada por los rayos UVA que, vayas a la hora que vayas (bueno, fueras a la hora que fueras), estaba pedaleando, corriendo o saltando, empapadica de sudor. Al Joven Kennedy, un chaval pelirrojo que es enterito al difunto presidente de los Estados Unidos.O a Culo Perfecto, una chica con una trenza saltarina que corre durante horas como si le fuera la vida en ello, a una velocidad que yo no podré sino soñar. O a La Bestia Parda, un tío que consiste básicamente en doscientos kilos de músculos pero que, en el vestuario, se desnuda tomando todo tipo de precauciones, con el pudor de una monja clarisa. O al Punto y la I, que son dos igualitos a los malos de Érase una Vez el Hombre.

Y es que, varios años a muchos días por semana, dan para mucho. Así que, para hacerle un homenaje a ese decorado en el que han transcurrido tantas horas de mi vida, he hecho una selección de posts que pasan en ese gimnasio al que quién sabe si volveré. Se trata de la misteriosa historia del tipo del anillo de goma en salva sea la parte, o la explicación del por qué de mi (algo tardía) afición al deporte o una crónica bastante exacta de lo que era ir por la mañana al gimnasio y correr viendo en una pantalla muda cómo Victoria Principal anunciaba el Age Breiker, remedio para todas las arrugas.

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3 Responses to Mi gimnasio ha hecho chimpún

  1. yolanda dice:

    Paco,
    no me percaté ayer de este post…me he partido el eje al leer..
    a) de que me fastidiaba más la pérdida de la rutina que los doscientos euros………, me he convertido en un vienés de pro
    b) que, a fuerza de verles todos los días, voy a echar de menos de alguna manera a esas personas a las que yo conozco sólo por el mote que les he puesto durante mis monótonas carreras y que formaban parte del paisaje de mis días.

    Vienes como la vida misma ;)..a) esto confirma mi eterna teoria.. los germanos supresan con su cultura..o somos todos debiles?
    b) Sin carta de presentacion en viena no te comes na…

    quiza puede que sea buena carne de post?

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