Los parados de Marienthal

Trabajo seguro
Trabajador (A.V.D.)

 

9 de Febrero.- Hasta principios de los años treinta, el pueblo obrero de Marienthal, en el término de Gramatneusiedl, en las cercanías de Viena, era una comunidad floreciente.

El conjunto de casas había sido construido alrededor de una fábrica textil, que proporcionaba trabajo e, indirectamente, fondos para que las personas que vivían en la población realizasen todo tipo de actividades. Los de Marienthal estaban orgullosos de su modesto equipo de fútbol, pero también practicaban otros deportes, como el balón volea.

Sin embargo, cuando la onda expansiva de la quiebra de la bolsa de Nueva York llegó a Austria, golpeó profundamente a los habitantes del pequeño núcleo. La fábrica que servía de sustento a los obreros y a sus familias quebró de la noche a la mañana y, con la misma rapidez, se extendió la miseria más negra.

Poco podían sospechar los habitantes de Marienthal que su caso iba a convertirse en la fecunda semilla de un hallazgo científico.

En la época en la que estamos hablando, la sociología estaba en mantillas y, como otras ciencias humanas, era a menudo pasto de personas que pontificaban dando sus teorías por sentadas sin que existiera un método que ayudase a contrastarlas. Así, los protosociólogos de finales del siglo XIX y de principios del XX habían sostenido que elevadas tasas de paro conducían siempre a la revolución y a las convulsiones sociales. La historia, escrita generalmente por indivíduos procedentes de las clases altas, parecía darles la razón. Gracias a la historiografía clásica, se habían convertido en un clisé las escenas de los ciudadanos romanos rebelándose por la carestía del trigo, por ejemplo.

Sin embargo, en 1933, los sociólogos Maria Jahoda, Paul Felix Lazarsfeld y Hans Zeisel, encontraron en las desgraciadas circunstancias de los habitantes de Marienthal las condiciones ideales para llevar a cabo un estudio de campo sobre los efectos de una tasa de paro brutal sobre un grupo humano. Las conclusiones a las que llegaron fueron sorprendentes y, sus métodos revolucionaron la sociología.

Los tres científicos se desplazaron a Marienthal y, al objeto de ganarse a la población para su estudio, no sólo mantuvieron contactos con los políticos locales (que les proporcionaron abundante documentación cualitativa y cuantitativa a propósito de las condiciones de vida del asentamiento) sino que también organizaron recogidas de ropa, cursos deportivos y de dibujo, y hasta un consultorio médico. Para cada familia de Marienthal, los científicos abrieron un dossier en el que fueron anotando cuidadosamente todos los datos que conseguían en entrevistas, así como, por ejemplo, si la casa de la familia estaba ordenada o desordenada cuando iban a entregar la ropa recogida. Se llevaron también diarios y se pidió a las familias que anotasen lo que comían para confeccionar estadísticas.

Una vez compilada e interpretada la ingente cantidad de información, los sociólogos del Proyecto Marienthal llegaron a una conclusión sorprendente: en vez de convertirse en revolucionarios (como a ellos les hubiera gustado por otra parte, porque los tres sociólogos eran de ideología izquierdista) en vez, digo, de convertirse en revolucionarios, conforme los parados de Marienthal se hundían más y más en la miseria, viéndose forzados, por ejemplo, a emigrar a Viena en busca de sustento, se iban hundiendo más y más en la pasividad y en la resignación, aceptando el desempleo como una especie de catástrofe natural.

Especialmente interesante resulta el hecho de que la pasividad impregnaba no sólo a los padres, sino también a los niños en las escuelas que renunciaban a sus expectativas por el paro que sufrían sus padres.

El estudio de los tres científicos se convirtió en la piedra fundacional de la sociología moderna y su influencia se extendió durante todo el siglo XX. Lástima que, ahora, las circunstancias que lo motivaron vuelvan a estar de actualidad.

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