Imagen de España

Kiosquera
El sector de la comunicación es la conciencia de la sociedad (A.V.D.)

 

O de cómo la crisis del sector de la comunicación en España es la responsable de que en Noruega exista un nutrido grupo de indigentes españoles

15 de Febrero.- Querida Ainara: estos días atrás, el diario español El País publicó un reportaje que, me consta, nos ha helado la sangre en las venas a más de uno.

Se llama Atrapados en el Norte y cuenta las terribles historias de un grupo de españoles que, atraídos por el falso espejismo de la prosperidad Noruega, e influidos (atención) por lo que habían visto en el tontilucio programa de Televisión Española “Españoles por el Mundo”, decidieron lanzarse a la aventura y han terminado, como era previsible, comiendo y abrigándose de la beneficencia y sin poder volver a su país.

Los propios noruegos les llaman, nos llaman, “los refugiados del Euro” porque ya empieza a ser patente en Europa que, del sur, como en los sesenta, vendrá una famélica legión que llenará Alemania, Austria, y Suiza de camareros y fregonas de acentos ininteligibles. Un franco volverá a valer catorce pesetas.

Siempre está feo hacerse una buena fogata con los restos del árbol caído, pero llamaban muchísimo la atención las endebles razones que condujeron a estas pobres personas a probar suerte en un país del que, estoy seguro, no sabían nada antes.

A mi juicio, los motivos expuestos por este hato de inocentes devenidos en indigentes reflejan dos cosas: a) que el sistema educativo español es una máquina perfecta de producir analfabetos funcionales: o sea, gente teóricamente escolarizada pero absolutamente incapaz de desenvolverse en el mundo del siglo XXI, y:

 b) que la crisis española es de carácter económico pero también, y en grado nada despreciable, una crisis de conciencia colectiva. Intentaré aquí que entiendas cómo la primera ha terminado produciendo la segunda. Que es también la demostración de cómo una política miope y carente de inteligencia ha terminado haciendo que los pobres españoles de mi cuento hayan dado con sus huesos en Noruega.

Una de las decisiones fundamentales del Gobierno de Jose María Aznar, tomada en un consejo de ministros que sabía a despedida (aunque luego no lo fue), fue la creación de una gran cantidad de (nuevas) frecuencias de lo que ha sido luego la TDT (Televisión Digital Terrestre). Mediante este acto, como suele suceder en España, el partido conservador se aseguraba de que, si las cosas venían mal dadas (luego vinireon) tendría una cantidad de púlpitos mediáticos afectos desde los cuales poner a escurrir a un potencial Gobierno de izquierdas.

Ya en aquel momento, y perdón por la inmodestia, yo predije el fracaso de aquella medida. La tele no es la radio, Ainara, y una cadena de televisión necesita no sólo una fuerte inversión inicial, sino un flujo de caja contundente para poder hacer frente a sus gastos fijos. La tele vive de la imagen y sin dinero, la imagen es poco atractiva para el consumidor.

Lo que el gobierno Aznar obvió intencionadamente (y luego obvió también el gobierno Zapatero) fue que España no es Estados Unidos y que el mercado de la publicidad no ofrecía, no podía ofrecer, sustento a más de un número X de cadenas de televisión.

Cuando la izquierda llegó al poder intentó equilibrar la situación creando un grupo mediático más afín que el rebelde grupo PRISA –al mando del empresario afecto Jaume Roures– y trató también de asignar frecuencias de la TDT a tertulianos que hicieran de propagandistas de sus decisiones.

Faltaba una crisis económica como la que actualmente golpea a España para que estas dos decisiones, tomadas por interés político y sin ningún tipo de visión empresarial, convirtieran el mercado audiovisual español en la pesadilla de un Darwin empachado de langostinos caducados.

Las mentes pensantes de las empresas de comunicación así creadas emprendieron una batalla por las emociones fuertes y ya se sabe que nada pone más al personal –y más en tiempos de crisis- que el apocalipsis.

Años (desde el 2008) de informaciones histéricas sobre hechos que, hasta ahora, no se han materializado (el potencial rescate o intervención de la economía española es un ejemplo paradigmático de fantasma agitado con vistas al aumento de la audiencia) han convertido a los españoles de que España es un país que se hunde sin remedio, un Titanic del que hay que saltar cueste lo que cueste.

En contraste, se ha mostrado una falsa imagen de Europa como un plácido paraíso al que “la crisis no ha llegado” (siempre me lo dicen cuando voy a España). Un edén en el que la vida es aún fácil, en el que se gana dinero y en el que los servicios de protección social aún funcionan.

Lo malo es que, a pesar del tremendismo, las empresas de televisión (o los periódicos) no han mejorado sus balances pero, en Noruega, hay un grupo de españoles pasando hambre y pelándose de frío.

Besos de tu tío

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3 Responses to Imagen de España

  1. Ana dice:

    Lo leí el otro día y te lo iba a reenviar, pero al final, no lo hice. Ya veo que lo leíste de todas formas.

  2. Luis dice:

    ¡Qué historia tan tremenda! Me recuerda otra historia más alegre de un grupo de noruegos que en los años 60 no podían permitirse (por nota o por economía no me acuerdo) estudiar medicina en Noruega y se vinieron a España a estudiar (¡!) y se encontraon que en pleno franquismo y todo se lo pasaron como en su vida, algunos se casaron incluso (rubios y médicos, la que no corrió voló), y luego les dio mucha penita cuando tuvieron que volverse a Noruega a ejercer.
    Me dió rabia perderme tu actuación en los Españoles por esos mundos
    L.

    • Paco Bernal dice:

      Qué bueno! No me sabía yo la historia de los médicos vikingos. La verdad es que la historia no veas, se las trae. Yo la estaba leyendo y se me caía el alma a los pies. Lo de los Españoles in the guorld está en internet. Cuando tengas en casa, me podrás ver 🙂
      Un saludete

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