¿Es verdad que los austriacos son fríos? Pues mireusté…Según

Prater Sauna
Cartel de una fiesta en la Prater Sauna, conocida discoteca viení (A.V.D.)

 

11 de Marzo.- Uno de los tópicos de más recorrido entre los españoles , y que tiene el mismo éxito entre los que se han quedado en su casita que entre los que, por diferentes motivos, hemos liado el petate y nos hemos ido a vivir al extranjero, es que la gente de más allá de los Pirineos es “cerrada”.

Tanto es así que, cuando a mí me entrevistaron para la televisión, el periodista, en un momento tonto, me preguntó si era cierto que “los austriacos son fríos”.

Yo le contesté con la ingeniosidad que, hace ya algún tiempo, fabriqué para responder preguntas como esta. O sea, le dije eso de que yo pensaba que no es que los austriacos sean “fríos” sino que cuesta un poco calentarles.

(Ni que decir tiene que el periodista aprovechó la ocasión para introducir un doble sentido que yo le puse a huevo).

En los últimos días, sin embargo, el hilo de varias conversaciones (entre ellas una muy interesante con mi amigo G., siempre tan ponderado y tan juicioso él) y otros hechos que no me voy a detener a contar aquí, han hecho que me replantee cuánto de verdad hay en esta contestación mía que, hasta ahora, me había valido lo mismo para un roto que para un descosido.

¿Es cierto que los austriacos sean más cerrados –o más fríos- que los españoles? Después de haber vivido en Austria durante varios años tengo que decir que no.

Es más: creo que, aunque alguno se eche las manos a la cabeza, los españoles –y hablo particularmente por nosotros, los inmigrantes- somos muchísimo más cerrados y muchísimo más raros que la mayoría de los austriacos. Y lo que es peor: no nos damos cuenta porque estamos convencidos de ser simpatiquísimos y abiertísimos.

Cavilando sobre la cuestión, me vi a mí mismo cuando llegué aquí.

No tardé en recordar mis amargos lamentos (en inglés, claro, retener este dato porque es importante)  con mi amigo W. (parece que me estoy oyendo):  “es que la gente tiene cero curiosidad por lo que viene de fuera”, “es que yo esto me lo esperaba más abierto y más cosmopolita”, “es que los austriacos son más raros que un perro verde”. Y así (creo, incluso que dije que los aborígenes eran “stranger as a green dog” y mi amigo W. Sólo levantó una ceja).

Es verdad que, si uno se fija en lo superficial, las normas de urbanidad que rigen en Austria son quizá un poco “descarnadas” para la manera española de ver las cosas (por ejemplo, aquí es muy normal que, si estás comiendo a la misma mesa con un compañero de trabajo, ese compañero de trabajo coja el periódico y se ponga a leerlo, sin que le asalte el estrés que lleva a un español a hablar del tiempo para que el otro no se crea que es un borde).

Sin embargo, también es cierto que, la mayoría de las veces, las quejas sobre la supuesta falta de interés o apertura de los austriacos por lo que viene de fuera provienen de personas que se han molestado poco en ser abiertos ellos mismos. O sea, que no han sentido nunca el prurito de investigar sobre el país en el que viven, o de aprender algunos rudimentos de la lengua que se habla en él. Dejando aparte los casos de mala suerte –porque en todas partes, y hablando mal y pronto, hay gilipollas e hijos de puta, y Austria no es una excepción- sin poder comunicarse con la gente ¿Cómo puede esperar nadie que cualquiera inicie un intento de aproximación?

También está la consuetudinaria tendencia nacional a estar encantado de haberse conocido –“es que como en España no se come en ninguna parte”, por ejemplo- y el arraigado hábito de, con buena intención, eso sí, imponer a los demás un estilo de vida que a nosotros nos parece inmejorable –aquellos de mis lectores que tengan parejas aborígenes habrán asistido seguramente a esa escena en que alguno de los suegros le dice a su ojito derecho: “come, come de esto, que en tu país no lo hay”- y al decir “en tu país no lo hay”  era inevitable que acudieran a la mente imágenes de un erial desolado, tipo Korea del Norte, sin jamón de pata negra, ni pringue colorá ni ninguna de esas viandas que hacen que la vida tenga sentido.

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2 Responses to ¿Es verdad que los austriacos son fríos? Pues mireusté…Según

  1. Flor dice:

    Yo soy Mexicana y e estado en Austria por 3 meses y me encanta ese pais y su gente. Las personas son muy lindas y te procuran en todos los aspectos. Lo unico que yo podria ver mal en ellos es que muchos no todos viven como muy a su estilo y no ven mas alla piensan cosas muy erroneas de los otros paises. Como por ejemplo un dia ahi en Austria fui a un lugar donde vendian perfumes cosmeticos etc… Cuando pregunta una persona que si en mi pais venden perfumes y yo con un signo de interrogacion. Pero fuera de esto todo bien las personas son hermosas muy calidas. Nada frios.

  2. flor del campo dice:

    No son frios son muy lindas personas y calidos y siempre estan al pendiente de lo que necesites. Son personas hermosas en todos los aspectos. Me encantan y su pais tambien aunque su pais si es frio y en invierno oscurese a las 4pm .

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