Borracho

La sombra de la primavera
Ya está aquí, ya llegó (A.V.D.)

 

16 de Marzo.- Me van a perdonar mis lectores pero este post lo estoy escribiendo en un chispeante estado de embriaguez.

Esta mañana, al abrir el ojo derecho, me he dado cuenta de que Pauli (gato) estaba singularmente esponjado a mis pies. Al abrir el izquierdo me he dado cuenta de la razón.

Por entre las tupidas cortinas entraba un chorro de benéfico, razonable, alegre , burbujeante sol.

Sólo quien haya vivido aquí un invierno puede saber lo que supone una cosa así. Después de pasar casi medio año en la indigencia solar, con la piel mendigando luz para poder sintetizar míseras cantidades de vitamina D, buscando un poco de calor del astro rey como la reseca lengua del que atraviesa el desierto busca la última gota de agua en el fondo de su cantimplora, de pronto, señoras y señores, somos ricos ¡Ricos!

No puedo decir que he saltado de la cama porque yo, a según qué horas, no estoy para proezas atléticas, pero sí que puedo decir que me he levantado algo más ágilmente de lo habitual.

Pauli me ha seguido (Sofía, su compañera de fatigas, estaba acurrucada en su sitio favorito: en la baldosa de mármol del cuarto de baño por debajo de la cual pasa la tubería de la calefacción: un sitio que siempre está agradablemente calentito). He abierto la puerta del balcón y he mirado al intensísimo azul del cielo, y me he dejado bañar por la luz tibia y prodigiosa que resbalaba por los tejados, que sacaba los colores de las cosas y las despojaba de gris.

Qué alegría más grande.

Temperatura en el exterior de nuestros estudios: trece grados. El invierno, definitivamente, se bate en retirada.

Mientras me duchaba, incluso parecía que el locutor de Radio Niederösterreich también se había contagiado del jacarandoso estado de ánimo de la meteorología.

-¿Está usted buscando una dieta para recuperar la bikini Figur?

¡Sí! ¡Yo también quiero iniciar la OT (Operación Tanga)!

¿Dónde hay que firmar para quemar de una vez estas malditas grasas invernales? (que tanto nos han ayudad, por otra parte, a soportar los fríos de los últimos coletazos de la estación más triste del año).

Enérgicos frotamientos con la toalla. Muda. Pantalones de entretiempo, una camisa de un color más alegre de lo habitual. Colonia (Paco, de Paco Rabanne –fusfús- porque los Pacos tenemos que ser solidarios los unos con los otros).

El borboriteo de la máquina del café, la casa que se impregna de ese agradable e intenso aroma que dicen que, es tan benéfico, que incluso protege del cáncer (al contrario, por ejemplo, de los vapores que se desprenden del aceite de freir, que dicen los médicos que, en ciertas dosis, te mandan derecho al camposanto).

¿Qué es esto? ¡Piar de pájaros!

Para que la felicidad fuera completa sólo faltaba este detalle.

Seguido por Pauli, que también se ha pasado casi todo el invierno sin salir al balcón (Pauli es ya un señor de una cierta edad que se tiene que proteger de los contrastes violentos de temperatura), me he sentado en la silla de teca, con la taza del café matinal en la mano y he cerrado los ojos mientras el líquido se enfriaba un poco (me gusta el café tibio).

“Y esto, ¿Mola o no mola?” –me decía mientras sentía la luz dorada empapándome los párpados traslúcidos”.

Casi a mis pies, en la casa de enfrente, un señor turco sacaba una gran colcha roja a la ventana. Mirando a un lado, mirando a otro, sorprendido también de que el casi fin de semana se abriese con un pórtico tan espectacular.

¿Mola o no mola?

Definitivamente, MOLA MUCHO.

Articulo publicado en Primavera en Viena, vivir en Viena con las etiquetas: , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Un comentario a Borracho

  1. Amelche dice:

    ¡Ufff! Eso es un regalo del cielo. Sobre todo, si no tienes que ir a trabajar y lo puedes disfrutar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.