La Europa del revolcón

El hombre de oro
El mundo pendiente de Madrid (A.V.D.)

6 de Junio.- Querida Ainara: a pesar del marasmo diario creo que, desde mi última carta, se han producido algunas buenas noticias sobre la crisis bancaria y financiera que está haciendo temblar los cimientos de la Unión Europea.

Para refrescar mis conocimientos a propósito del tema, estoy releyendo uno de los mejores libros de historia económica que conozco. Se llama “El Dinero” y su autor es el difunto premio Nobel Sir John Kenneth Galbraith.

Se trata de una obra entretenidísima, rigurosa y, lo que es más importante, desmitificadora. Cualquier profano puede entenderla –aunque si se tienen algunos conocimientos de economía no viene mal- porque Sir John utiliza unos ejemplos tan diáfanos, tan de sentido común, que resultan ilustrativos y, en muchos casos, divertidísimos.

En uno de los primeros capítulos de su ensayo, Galbraith explica una historia igualita que la Burbuja Inmobiliaria que fue el detonante de la crisis general española y que ha terminado por conducir al dantesco panorama bancario que hace que Mariano Rajoy no gane para aspirinas.

Todo igualito sólo que sucedió en Francia y en el siglo XVIII. No hay nada nuevo bajo el sol, como puedes ver.

Se trata de cuando John Law, “un espabilao” de Irlanda, salvó las anémicas arcas del estado francés tras la muerte de Luis XIV, a base de fundar un banco y emitir billetes cuya garantía eran las tierras del propio estado francés. Te ahorro los detalles –espero que algún día leas el libro, porque te lo pasarás muy bien- y voy a la moraleja de la historia: viene a decir que, desde que John Law estuvo a punto de terminar con la economía del Estado galo de esta manera tan imaginativa – “con un método chanchullero y sacándole dinero a Pedro para pagar a Pablo” (¿Te suena? ¡Qué me dices! ¿Que parece griego? Quita, quita)- bueno, pues desde entonces, cada medida aplicada en pro del sentido común y de la estabilidad a veces excesiva (Alemania) ha venido como reacción a una amarga experiencia anterior (España, Grecia, Irlanda, Portugal…).

Y ahora vienen las buenas noticias.

Como tu tío es un iluso que piensa que Europa solo saldrá de la crisis con más Europa y no con menos, y está convencido de que aún pagando el precio de que el equilibrio de poderes de la Unión cambie, sólo un grado mayor de integración transnacional puede hacer que Europa gane en eficiencia y competitividad, tu tío ha leido con mucho placer en la prensa que la Unión avanza hacia un grado muchísimo mayor de coordinación en el sector bancario.

Una intengración que, al principio, probablemente sirva solamente para poder rescatar bancos sin que nos den los aliporis que nos están dando con Bankia –ver post anterior- pero que, estoy firme en ello, a medio y largo plazo ayudará a que se avance en lo que, al final, termina sellando todos los matrimonios más o menos bien avenidos: la caja común y la decisión consensuada sobre los gastos.

Sin que haya una política común en esos aspectos, y siguiendo con la metáfora del matrimonio, la Unión seguirá siendo lo que hasta ahora: un par de polvos rápidos de vez en cuando, una amistad con derecho a roce entre unos países y otros, un revolcón de conveniencia (lo que un amigo mío llama, muy gráficamente, ser “follamigos”). En fin: una cosa placentera mientras dura el apretón pero sin futuro.

A partir de ahí, lo deseable será que, además de esa integración de los parneses, se produzca una integración política de verdad, en la que Europa sea de verdad la democracia de todos los europeos como tú y como yo, y el parlamento europeo no sea ese lugar en donde los eurodiputados –desechos de tienta de los parlamentos nacionales, elefantes de su cementerio- se dediquen a discutir sobre gallifantes que no le importan a nadie.

El sueño de mi vida, Ainara, se verá cumplido el día en que tú, con tu voto, puedas ser una de los millones de electores que, como decía tu bisabuela María, que hoy hubiera cumplido ciento un años, “hagan que salga” el presidente de los Estados (realmente) Unidos de Europa.

Amén.

Besos de tu tío

 

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