Tontitos, mongolillos y países en apuros financieros

Mujeres ricas
Ossssea (A.V.D.)

11 de Junio.- La Sra. María Fekter, ministra de economía austriaca, es un ejemplo típico del cáncer que corroe la política europea.

Ayer, Frau Fekter compareció ante el agudo juicio de Armin Wolf, el incisivo presentador del telediario austriaco más seguido (con razón) del país. La ministra quería informar a los votantes de su partido (y a los de los otros) a propósito del rescate del Reino de España (también conocido como «rescate de los bancos del Reino de España”).

Como era de esperar en una político del tipo al que frau Fekter pertenece, la charla dio para bien poca cosa y, si no hubiera sido por las preguntas de Wolf, nos habríamos quedado con una sarta de eslóganes más o menos rosáceos que la Frau Ministerin hubiera repetido como un papagayo bien aleccionado.

Decía más arriba lo del cáncer porque Frau Fekter es el prototipo del político europeo que se estila: mucho currículum universitario, una larga carrera en la estructura del partido, poca o insginificante experiencia laboral pero, sobre todo, una ausencia casi total de espíritu crítico o de personalidad propia.

Como sacados de las páginas de 1984, de Orwell, parece como si este tipo de servidores de la república pensaran cometer un «crimental» si hilasen más de dos frases por sí mismos, o se arriesgasen a aventurar pensamientos con algún ténue aroma a originalidad.

¿Y qué dijo Frau Fekter? Pues mirusté: que el rescate español no era un cheque en blanco, y que estaría sometido a férrea supervisión por parte de los paganos europeos, que la UE va bien porque se han arbitrado mecanismos que en el futuro evitarán que se reptia el dantesco panorma actual (el futuro: ese medio tan socorrido para no  hablar del presente). Con un tono que las malas lenguas podrían describir como ligeramente atontolinado, la señora ministra hablaba de los países en dificultades como si lo hiciese de personas ligeramente disminuidas, con esa música que en en español aportan los diminutivos que nuestras abuelas utilizaban para hablar de los desfavorecidos («los tontitos», «los negritos» o «los mongolitos»). Y es que hay caridades tan reveladoras y tan crueles como el más lacerante de los insultos.

Y en estas estábamos cuando intervino Armin Wolf. El jefe de los informativos de la ORF es un ser que nació para revolucionar el infierno a base de deshacer de tres estocadas verbales cualquier idea preconcebida. Herr Wolf es un hombre muy correcto, sumamente inteligente y, aunque no lo sé de cierto lo supongo, con el equipo de asistentes y documentalistas más eficaz a este lado del Danubio.

En el momento en que Fekter pintaba un idílico panorama futuro en el que todos los gastos y los ingresos de la Unión serían gestionados por una ordenada tropa de señores de gris sentados en su escritorio bruselense, Wolf planteó la pregunta del millón (o del millardo, conforme están los precios):

Sra. Fekter, si seguimos cediéndole competencias fiscales a Bruselas y dado que el administrar el propio presupuesto es una de las claves de la independencia de un país ¿No cree que habría que preguntar a los ciudadanos si eso es lo que quieren?

Fekter flipó un poco por lo directo de la pregunta, se produjo una pausa durante la cual el cerebro de la político intentó localizar un eslogan conveniente para contestar sin comprometerse y luego, vocalizando despacio y sin abandonar su sonrisa de profesora de primaria, dijo:

-Verá, señor Wolf, hemos arbitrado mecanismos…Pero aún estamos muy lejos de que llegue ese momento en que haya un presupuesto general para toda la Unión.

Wolf, visiblemente impaciente, repregunta. Frau F. nota que sus torpes maniobras disuasorias no han dado el resultado apetecido y entonces el presentador, evidentemente mosca, le pregunta a la ministra si no le parece que, en vez de hablar tanto de democracia directa (es el concepto de moda con el que los partidos austriacos quieren darse un barniz de modernidad para intentar competir con la ultraderecha) no deberían demostrar la voluntad de implantarla preguntando al pueblo (otra vez Das Volk) por cosas realmente importantes.

Deshecho el castillo de naipes de su discurso, la ministra se deshace en vaguedades.

Uno piensa en un televidente de dieciseis años, votante en las próximas elecciones, que esté viendo a la buena mujer hacer el panoli y, de pronto, comprende que, en los próximos comicios, la victoria aplastante de los ultras, con su mundo simple y sus verdades fáciles de digerir, es prácticamente inevitable.

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2 Responses to Tontitos, mongolillos y países en apuros financieros

  1. Rosa dice:

    Realmente «brilliant», me encanta el articulo!

  2. Carlos dice:

    vi el reportaje simplenente genial el sr. wolf como de costumbre

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