Peleándose por el paraguas

Un paraguas azul
A.V.D.

2 de Julio.- Se cumplió punto por punto. En la portada del Heute somos toreros, y en las páginas interiores del Österreich aprovecharon para sacar chicas con el tetamen pintado con los colores de la enseña nacional.

Nuestro tribal Oé oé oé ha sido sustituido, como suele, por el aborígen, traducido a mocosuena, de Olé Olé Olé.

En fin, nada nuevo bajo el sol.

Entre tantas obviedades y tanto merchandaising hortera, sin embargo, el periódico traía hoy una cosa sorprendente.

Verán mis lectores: hace algunas semanas (ver post, aquí), dábamos aquí la noticia de que el millonario Frank Stronach, dueño del megaconsorcio Magna, había decidido fundar algo que quería ser el embrión de un partido, oficialmente regeneracionista y, oficiosamente, aglutinador de un caladero electoral que aquí siempre se juzga jugoso (que se lo digan a Strache): el nacionalismo populista de derechas (muy, pero que muy de derechas).

La cosa se llama Frank Stronach Institut (que es algo así como lo de llamar a la versión española de los Think Tank anglosajones Fundación) y, aparte de en los millones del dueño de Magna, tiene su cimiento en eso tan neofascista (bueno, tan de todas las épocas) que es mirar los muros de la patria de cada uno, verlos caídos (aunque no lo estén, porque, en Austria no lo están), y decidirse a salvar “lo que todavía pueda salvarse” (frase textual de la actual propaganda del FPÖ).

Pues bien: los ultraconservadores de mocasín y moqueta del Sr. Stronach han pagado una doble página en el Joite –diario gratuito capitalino que, junto con el Kronen Zeitung, es el de máxima difusión en la ciudad- para hacer una campaña á la Strache contra una decisión que se toma hoy en el parlamento de la Ringstrasse y que tiene un enorme calado político: la aprobación, por parte de los diputados austriacos de la ampliación número n de lo que aquí se llama “Parguas de Salvamento” (Rettungsschirm) y en el lenguaje técnico es el Fondo de Estabilidad Financiera Europeo.

En plata: nuestro rescate, señores.

Antes de entrar en el relato de los tomas y dacas que, finalmente, llevarán a la aprobación de la autorización, tengo que decir que, si los de Stronach quieren parecerse a los de Strache, les queda todavía mucha mili. Por una sencilla razón: el anuncio a doble página del Frank Stronach Institut tiene demasiada letra y muy poca música. Esto es: los de Strache han aprendido que la imagen es el mensaje y tienden a concentrar lo que quieren decir en un slogan (los famosos ripios racistas, por ejemplo, sobre los inmigrantes marroquíes) y en la presencia fotográfica de su lider –una vez retocado digitalmente el azul de los ojos y reducida la papada hasta dejarla a un nivel que no cante-.

En cuanto al paracaidas.

La cosa está emocionante porque, para que se pueda aprobar la autorización parlamentaria al Gobierno de EPR para que Austria colabore al megafondo europeo (eso que se espera sea un Valium para los mercados) se necesita una mayoría de dos tercios de la cámara. El Gobierno actual (coalición Social-Conservadora) no cuenta con esa holgada mayoría. Necesita, por tanto, de la aquiescencia de alguna de las fuerzas minoritarias. De Strache no pueden esperar ese apoyo (más después del numerito de la manifestación que montó el otro día frente a la sede de la Presidencia del Gobierno austriaco, a la que acudieron cuatro gatos, pelé, melé y el hijo de la coja). La postura oficial de la ultraderecha es que la Unión Europea es nefasta (permite, entre otras cosas, que vengan a asentarse en EPR gentes de antecedentes raciales sospechosos).

Por cierto, inciso: un día tendremos que hablar de la paradoja (evidente) de la ultraderecha europea que, por un lado, abomina de la Unión, y por otro aspira a hacerse fuerte en ella a través de ejes transnacionales –véase, por ejemplo, las relaciones entre Strache y Mme. Le Pen, siempre a partir un piñón-.

Le quedan al Gobierno los verdes (Die Grünen) que no terminan de mostrarse convencidos pero que me da a mí que terminarán cediendo porque lo progresista, según parece evidente, en este caso, es fortalecer la Unión Europea para que todos seamos ciudadanos, algún día, de unos Estados Unidos de Europa que no tengan nada que envidiar a los de América.

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