Los austriacos y el tonteo

Rubia
Una rubia (A.V.D.)

9 de Julio.- En mi ya no tan nuevo gimnasio hay un monitor cubano. Un chaval muy majo, creo que algo más joven que yo.

El día en que nos conocimos impulsado, supongo, por la euforia de conocer a otro hablante de la lengua de Shakira, me contó grosso modo su curriculum, gracias a lo cual averigüé que había llegado a Austria más o menos al mismo tiempo que yo, que se había casado aquí con una aborígen –de la que ya se había descasado cuando hablamos- y que, pudiera ser por esta primera mala experiencia, o por el hecho de que el Gobierno austriaco no le deja ejercer la carrera que estudió en Cuba (una carrera, por cierto, que aportaría mucho bien a esta República), los indígenas, así, en general, no le merecen una opinión demasiado buena pero, conociendo el problema de fondo, se comprendía perfectamente.

Desde entonces, cuando voy al gimnasio y él está trabajando o entrenando, me saluda con un estentóreo “Hola, señorrr”, marcando así la erre, aunque no puede evitar el deje caribeño al desearme “que me divielta  haciendo ejercicio.

Hoy, el chaval estaba de turno. He entrado, nos hemos saludado, he ido al vestuario, me he puesto la ropa de sudar y luego he bajado con mi botella de plástico azul para que me la rellenase de cualquiera de los mejunjes con sabores artificiales que, según la dirección del gimnasio, ayudan a reponer líquidos y sales minerales durante y después del ejercicio.

Al llegar, he sorprendido el siguiente fragmento de conversación:

…Cómo me gusta ser pervelso..jajajaja.

Se lo estaba diciendo en español a una chica rubia a la que le estaba rellenando también la botella-biberón.

La muchacha llevaba puesta una camiseta de algodón blanco que realzaba el pensil florido de un muy bien amueblado escote –quizá algo demasiado turgente para mi gusto- y unos pantaloncillos cortos, negros, que realzaban un trasero en su justo punto de sazón pero que, en diez años, no habrá quién mire (una amiga mía, que es más mala que un dolor, llama a este tipo “culo de madre”, pero bueno).

Estaba claro que las “pelvelsidades” de mi amigo el monitor le hacían mucha gracia a la del culillo respingón y trataba de estar a la altura replicándole en un español de espía de la Gestapo que,resultaba evidente, contribuía a añadirle pimienta a la escena.

¿Agua fría o normal?

Norrmal, porr favorr –pausa cargada de intención- yo ya estoy frrrría.

Eso siempre hay manera de “arreglal-lo” ya tu sabesss –risitas de la chica. Risitas de mi amigo el monitor, miradas de él cargadas de intención al escote de ella. Miradas de la chica a los ojos del monitor, avellanados, al arito de su oreja. Aumento (obvio) de la humedad relativa del aire.

A mí, la situación me ha parecido tan divertida –por lo extraña en estos lares- que no he tenido más remedio que contener la risa también. Para que no se me notara, he bajado la cabeza. Mi amigo, se ha dado cuenta y ha preguntado:

-¿Cansado?

Y yo, sin saber qué decir, he contestado:

Sí: el fin de semana ha sido duro.

El mío seguro que más –ha dicho él (trabaja los fines de semana) y luego se ha echado a reir.

Luego, ha llegado una segunda monitora, que ha cogido mi botella y el momento se ha deshecho.

Mientras subía las escaleras camino de la cinta de correr, pensaba yo que no saben. As far as I know, no hay aquí ese tonteillo fino, esa picardía sensual que no te compromete a nada, por la cual el contrario o la contraria te dicen que eres sexy, que estás bueno, que quizá, en algún momento, les apetecería llevarte al huerto. Esa picardía que es como aquel chiste que había en mi infancia sobre el Seven Up (Seven Ap), que “no sabe a ná, pero refresca”. Pues igual: son tonterías que no llevan a nada, pero te hacen la vida más agradable.

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Un comentario a Los austriacos y el tonteo

  1. Ana dice:

    Pues mira, yo no conozco los aborígenes austriacos, pero no me los imagino capaces de ese tonteo que es la sal de la vida, la verdad. Me los imagino más bien sosos y serios, aunque igual me equivoco.

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