Bocados de realidad

Kanälchen
Sin ánimo de ofender (A.V.D.)

23 de Julio.- Como saben mis lectores, soy un fanático de la comunicación y uno de mis pasatiempos favoritos es sentarme delante del sofá y ver la tele. Soy de la opinión, además, de que, cuando la crisis haya barrido con estos años de desaliento y confusión, y haya hecho tabula rasa con el mundo tal y como hoy lo conocemos (para que de sus cenizas nazca otro seguramente muchísimo peor, que en eso consiste la historia de la Humanidad) los habitantes de nuestra posteridad remota utilizarán los rialiti chous para saber cómo somos, qué valores nos impulsan y por qué motivaciones nos movemos. Y una de dos: o se les queda la sangre hecha un granizado o les parece todo tan candoroso como a nosotros ahora las películas de Rodolfo Valentino.

Es fascinante ver programas como el que veo mientras escribo estas líneas (Das Geschäft mit der Liebe, traducible como El Asunto ese del Amor) como una especie de entrevista en la que una voz, procedente de ese futuro que nos juzgará, interroga incesantemente a unos seres con los que es difícil sentir que nos una algo .

Antes de entrar en materia tambié diré que para mí, lo más fascinante del riáliti chou, tal como se conoce en el mundo germánico es que, más que en otros géneros televisivos, se trata de realidades escenificadas creadas aposta para que una cámara las filme. Lo que en alemán se llama “insziniert”. Esto es:escenificado. Y, por lo tanto, intencional. También resulta enormemente divertido que, a pesar de que, desde el punto de vista estético (cámara en mano, realización chapucera) se pretende dar a entender que todo el rato ESTÁN PASANDO COSAS, en realidad, son programas en los que la gente NO PARA DE CONTAR LO QUE HA PASADO. Parece lo mismo, pero no es igual. Porque el que cuenta, deforma.

El otro día, mientras corría en la cinta del gimnasio, estuve observando una escena tipo. Pertenece al programa X-Diaries, que emite la RTL. Paso a describirla:

Una choni de unos veinte años, vestida con unos pantaloncillos que le llegaban a la línea de la concepción y una camiseta de tirantes (sujetador color lila, copa D) estaba literalmente tirada en la cama de un hotel de medio pelo. Pelo teñido, moreno de esos que garantizan un cáncer de piel precoz, pintada como la puerta de una tómbola en donde sorteasen eternamente una (la misma) muñeca chochona. La muchacha se pasa minuto y medio sin hacer nada, mirando al techo, mientras una voz en off explica que, la noche anterior, ha pillado a su novio tocándole a otra  el piercing del pezón en una discoteca mallorquina. Un segundo después de que la voz en off termine de narrar el infortunado incidente, a causa del cual nuestra Julieta ha recibido un hermoso par de cuernos, llaman a la puerta. Julieta, Juli, se levanta de la cama y, con paso de elefanta, arrastra su peso hasta la entrada de la habitación. Abre y ahí está su novio con un ramo de flores en la mano.

El novio responde al sueño de cualquier presidiario (gay): camiseta de licra ceñida hasta hacer notar unos entrañables michelines adquiridos gracias a la ingesta disciplinada de kebabs, profusamente tatuado, cerebro totalmente virgen de letra impresa. Al verle, ella pone cara de Belén Esteban (mis lectores españoles .y algunos de Hispanoamérica- sabrán de lo que hablo: mentón bajo, ojos altos, labios fruncidos). El becerrillo intenta entregarle a la parienta el ramo de flores, ella lo rechaza recomendándole que se vaya a investigar si la de la noche anterior lleva trozos de acero quirúrgico prendidos en otras partes de su cuerpo. Se produce la discusión subsiguiente en la que los gritos de ella son cada vez más altos y las disculpas de él cada vez menos convincentes. Y entonces, de pronto, viene la magia. La ficción invade la fingida realidad. Montadas a capón, dos entrevistas a los protagonistas de la escena en las que, por separado, nos explican lo que piensan, lo que sienten y COMENTAN LA JUGADA.

Y lo mejor: está tan bien hecho que nosotros nos tragamos la píldora. Como espectadores no nos rebelamos. Sabemos que es falso, que es mentira, que está escenificado, que la voz en off está controlando nuestra percepción, deformándola. Y nos da igual. Lo mismo que nos da igual que en los Big Macs o en los cigarros haya toda clase de ingredientes que no conocemos.

Quizá el futuro también los use para saber los hábitos alimentarios del siglo XXI.

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Un comentario a Bocados de realidad

  1. victoria dice:

    Yo pensaba que en la culta Austria no había programas de esos. Qué pena que servidora ya no vea ningún programa de esos donde salía Belén Esteban y otras chicas del montón (juro que dejé de verlos hace años, me he desenganchado de todos).Ya sólo leo el ¡Hola’ en la peluquería y bastantes revistas de Historia además por supuesto del periódico diario, éste último para tener la ración diaria de adrenalina gracias a la Prima de Riesgo y a otras noticias económicas apocalípticas. Debe de ser que me estoy haciendo vieja o algo así. O eso o que me estoy haciendo asquerosamente culta y aburrida, no sé. Será el peso de los años.

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