El carlismo en Austria (Segunda parte)

En el primer artículo de esta serie, dejamos a los carlistas bastante tocados después de haber perdido la guerra que enfrentó a las dos ramas de los Borbones a mediados del siglo XIX.

En el siguiente capítulo de esta serie, Luis nos acerca a lo que fue el destino de la rama rebelde de la monarquía española durante el siglo XIX y principios del XX. Un destino muy ligado a Austria y a Viena, como se verá.

El Carlismo en Austria (Segunda parte)

Tras la huída en 1876 a Francia del entonces pretendiente y hermano de Alfonso Carlos, Carlos VII -hecho que sancionó el fin de la Tercera Guerra Carlista (1872-1876)-, quedaba el movimiento legitimista neutralizado y reducido considerablemente.

El nieto del forjador de la dinastía carlista había intentado reactivar y reagrupar a sus fuerzas para derribar al régimen establecido y hacerse con la corona, pero dicho empeño había desembocado en una sangrienta guerra con cerca de 50.000 bajas. Tras su flagrante derrota, el carlismo jamás volvería a gozar de un apoyo tan notable y amplio por media geografía española como con el que había contado hasta la irrupción de la contienda.

El ideario carlista, que abogaba por la entronización en Madrid de una rama masculina iniciada por el hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro (1788-1855) –autoproclamado “Carlos V”-, defendía los principios del Antiguo Régimen –antiliberalismo, omnipresencia de la Iglesia católica en las instituciones, restablecimiento de los fueros suprimidos, etc.- frente a la rama oficial, derivada de Isabel II y proclive a las reformas liberales.

Aunque este último conflicto bélico había logrado hacer tambalear no sólo al frágil régimen del instaurado Amadeo I, sino también a la Primera República que le siguió, la restauración por obra del general liberal Martínez Campos de la dinastía borbónica en la persona de Alfonso XII, contribuyó a mermar progresivamente el apoyo a Carlos VII. Lejos quedaban ya las victoriosas campañas de los generales carlistas Zumalacárregui y Cabrera que tanto oxígeno habían insuflado al movimiento.

Desde el inicio del conflicto familiar, el Imperio austriaco había sido testigo de la dilatada presencia de la rama legitimista en su territorio, un Estado plurinacional que proyectaba un fuerte resplandor por todo el continente europeo como “bastión” de los principios contrarrevolucionarios.  A esta atractiva “meca” para los absolutistas destronados, se unían los lazos de sangre contraídos con miembros de diversas ramas archiducales de los Habsburgo. El fundador de la rama borbónica legitimista, Carlos María Isidro, había sido acogido, tras su abdicación, en el puerto imperial de Trieste, donde estableció la residencia familiar y murió en 1855 (sus restos yacen sepultos junto a los de sus descendientes en una capilla de la Catedral de San Justo). Su segundogénito, Juan de Borbón y Braganza (1822-1887), que había contado con escaso apoyo entre los legitimistas debido a su ideología liberal, contrajo nupcias con María Beatriz de Austria-Este, noble modenesa de sangre archiducal austriaca.  Las bases para una prolongada estancia de la familia en el imperio centroeuropeo quedaban cimentadas con dicho enlace. No en vano, el hijo mayor de Juan y sucesivo pretendiente de los derechos carlistas, Carlos María (1848-1909) –el ya citado Carlos VII-, nacería en suelo habsbúrgico al ver la luz en la localidad de Laibach (la actual capital eslovena de Liubliana). Además, transcurriría parte de su juventud en otras capitales imperiales como Viena y Praga.

Tras el fracaso de su liderazgo en la tercera contienda carlista y la subsiguiente división del movimiento en facciones enfrentadas, el “séptimo” Carlos moría en 1909 pasando el testigo legitimista a su hijo Jaime de Borbón y Borbón-Parma (1870-1931). Formado en la academia militar teresiana de Wiener Neustadt, el duque de Anjou se implicó a título personal en el combate contra los Boxers (1900-1901) y la Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905), continuando así la tradición militar de la familia. Sin embargo, su arrojo militar no coincidió con una actuación prudente a nivel político: su posicionamiento durante la Primera Guerra Mundial a favor de Francia le acarreó en Austria el arresto domiciliario en su palacio de Frohsdorf, lo que obstruyó su comunicación con la Comunión Tradicionalista. Este viraje político, que le había acercado a posturas más liberales inspirado quizás por las ideas de su abuelo, le alejó durante cierto tiempo de un movimiento que durante la guerra se había vinculado ideológicamente a las potencias del eje, proclives a la ortodoxia conservadora. En abril de 1931, meses antes de fallecer, don Jaime tuvo aún tiempo de reunirse en París con el recién destronado Alfonso XIII en un intento de reunir a las dos ramas de los Borbones en una sola. Pero su muerte, medio año después, truncaba repentinamente dicho intento.

 

Luis

Luis es historiador, vive y trabaja en Viena y en la actualidad investiga las relaciones entre la corte madrileña y la vienesa durante el siglo XVII.

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