En la calle veinticuatro (tro)

Geranio
En Austria, en verano, todo vuelve (A.V.D.)

14 de Agosto.- Una vez, estaba tomándome un algo con un amigo español en un restaurante del Naschmarkt hoy de capa caida, pero entonces aún muy potable: El Toko-Ri. Nos acompañaba un ciudadano aborígen, amigo de mi amigo.

Debe de hacer un par de años de esto, y entonces aún no era muy conocido mi vicio de escribir todos los días en esta página de aire y bits.

Mi amigo le explicó al aborigen que yo tenía (tengo) un blog y que escribía todo los días sobre Austria.

El austriaco no daba crédito ¿Todos los días? Y yo: los trescientos sesenta y cinco, o eso se intenta.

El otro empezó a echar cuentas. Claro,el primer año bien, pero ¿Y luego? ¡Si en Austria todos los años pasa lo mismo! Y empezó a hacer recuento: concierto de año nuevo, temporada de bailes –baile de la ópera-, carnaval, la época del espárrago (sin segundas, que nos conocemos), la pascua, el baño en la Donauinsel, el otoño con su Sturm, los santos, y luego el mes interminable de navidad, con sus cuatro domingos de adviento y su abundante ingesta alcohólica y, para terminar, vuelta al concierto de año nuevo.

La vida, en Austria, es un círculo, que se recorre con la misma constancia con la que la naturaleza sufre sus cambios de temperatura, sus contracciones y sus reverdecimientos.

La dificultad de escribir un blog sobre Austria estriba precisamente en esto: por un lado, no repetirse; por otro, conseguir que lo que contábamos el año pasado parezca este curso un poquito distinto, quizá mirándolo desde otro ángulo, encontrando tal o cual cosa que se nos olvidó decir la última vez. En fin.

A los austriacos les gusta lo cíclico, les tranquiliza, les entretiene, les divierte, se froyan anticipadamente de todas las cosas previsibles. En todos los ámbitos de la vida. En política, también.

Por eso, todos los años, en el mes de agosto, los medios suelen dedicarse a las Sommergespräche (¿Lo cualo?) Somergespräche son las “conversaciones de verano” que la tele pública, la ORF, tiene una vez a la semana con cada una de las cabezas de los partidos políticos con representación parlamentaria.

Se empieza por el político que tiene el número de escaños más humilde (Josef Buchner, cabeza de lista del BZÖ) y se va subiendo en representación parlamentaria y emoción hasta que se llega al canciller de esta república.

Siguiendo el ejemplo de estas conversaciones y como Copyright, como todo el mundo sabe, quiere decir “Copia Bien” los demás medios austriacos también han implantado con más o menos salero esta fórmula que permite a los políticos seguir haciendo bolos cuando el parlamento está cerrado por vacaciones y, a los medios, rellenar un poco de espacio en una época del año en la que, generalmente, sólo se puede decir que en la calle veinticuatro una vieja mató a un gato con la puntatá de un zapatotó (y que pobre viejajá, pobre gatotó y pobre puntatá del zapatotó).

El año pasado, las Sommergespräche de la ORF no tuvieron mucho éxito. Las presentó Ingrid Turnher y los críticos le reprocharon que fuera demasiado blanda con los entrevistados los cuales, en su mayoría, pasaron el trance sin mayores apuros.

Para prevenir esto y darle a las entrevistas de este año un potencial de peligrosidad suficiente (por tanto, morbazo y carnaza) este año entrevistará a los líderes del “arco parlamentario” austriaco el nunca suficientemente ponderado Armin Wolf. Jefe de los informativos de la tele austriaca, entrevistador rocoso donde los haya, azote de los demagogos, dedo siempre dispuesto a ponerse en yagas, preguntador incómodo que hace que a los políticos se les contraigan los esfínteres. En resumen: un Mihura.

Ayer, como queda dicho, fue Josef Bucher, jefe de lo que queda del partido del difunto Haider, el que se enfrentó a las inquisitivas preguntas de Armin Wolf.

Bucher fue una presa fácil para Armin Wolf, que tampoco tuvo que esmerarse demasiado para encontrar flancos débiles en donde hincar sus temibles dientes. Incluso se ensañó un poco con el ultraderechista. Por ejemplo, en el momento en que le enfrentó con una encuesta en la que se decía que sólo el cuatro por ciento de los votantes austriacos le conocía, o cuando le preguntó si seguía pensando, como reza en la página web del BZö, que Haider era su modelo.

El otro se enrocó en el respeto que, según él, en Carintia, se le tiene a los difuntos. En resumen: para Wolf, un peso pluma.

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