Los chichis rebeldes

Paraguas
Una manifestante, ayer (A.V.D.)

18 de Agosto.- NOTA DEL AUTOR: „Chichi“ es la traducción más suave que se me ha ocurrido para el inglés Pussy (porque está claro que las rusas condenadas no estaban pensando en “gatitos” precisamente cuando le pusieron el nombre al grupo). En fin: a lo que vamos.

Como yo soy un ser humano a una cámara pegado, llevo siempre encima una de las dos que tengo: o mi fiel Nikon o mi fiel Canon –últimamente más la primera-. Ayer, al salir de trabajar, me di una vuelta por el centro, porque ya saben mis lectores que me gusta retratar en su salsa al paisanaje  viení. Llegado que fui a la plaza de la catedral, vi un coche de la policía que iba por mitad del Graben a velocidad de procesión. Delante de él, unas veinte personas vestidas de manera un tanto estrafalaria: eran los pocos vieneses a los que, un viernes por la tarde, les importaba algo que las tres miembras del grupo punk Pussy Riot hayan sido condenadas a pasar varios años recluidas, acusadas de “gamberrismo” (¡!).

Como suele suceder en Austria, la presencia policial en aquello que me resisto a llamar manifestación era mucho más abundante que la de manifestantes mismos. No fuera a ser que los punks se desmandasen y les diera por destrozar el mobiliario urbano. No hubo tal, sin embargo, porque los fanes y las fanas de las Pussy Riot no tienen nada que ver con los Sex Pistols y son personas de orden. En vez de provocar disturbios, los manifestantes organizaron una performance –con muy poco salero, la verdad sea dicha, pero es lo que tiene manifestarse con pocos medios económicos-.

En dicha performance denunciaron no sólo que las pobres componentes de los Chichis Rebeldes iban a ser encarceladas, sino también que lo iban a ser por defender la libertad de expresión en un país en el que, incluso su máximo mandatario, Sr. Vladimir Putin, parece haberse negado a sí mismo cualquier libertad para soltarse la melena y echar al exterior sus propios estados de ánimo.

Los vieneses y los turistas congregados la verdad es que reaccionaron más con curiosidad que solidariamente y, si yo fuera más malo de lo que soy, creo que me atrevería a escribir que el que las Pussy Riot se pudran entre rejas entre guardianas vestidas de gris plomo gordas como camioneros, en general, les chupaba bastante un pie.

¡Qué frío es el ser humano al implicarse en el destino de gente que está a miles de kilómetros! Pero ya se sabe lo que dijo Bertold Brecht: Ayer, vinieron a por las Pussy Riot y no hice nada. Mañana, igual vienen a por mí.

Dios no lo quiera.

Más fotos, aquí.

 

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2 Responses to Los chichis rebeldes

  1. amelche dice:

    Me encanta tu traducción de Pussy Riot, creo que a ellas también les encantaría. Dos se han escapado, ¿no?

  2. Pingback: ¿Debe el canciller austriaco boicotear los juegos? | Viena Directo

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