Por qué un Kiberer no es tu Haberer

Dos amigos
Dos jóvenes «Haberers» presumiendo de «Habereidad». Diga usted que sí (A.V.D.)

28 de Agosto.- Está demostrado: una de las cosas que más gracia nos hace a los seres humanos es escuchar a otros decir cosas totalmente imprevistas. Este es el secreto que se esconde, por ejemplo, detrás del hecho comprobado de que nadie se puede aguantar la risa cuando escucha a un niño soltar un taco. De la misma forma, cuando los españoles tenemos una pareja austriaca, nos gusta enseñarle al santo o a la santa cosas de Chiquito de la Calzada para echarnos (todos) unas risas.

No piensen mis lectores, sin embargo, que somos los españoles los únicos que nos despepitamos con estas cosas. En realidad, se podría decir que se trata de una pequeña venganza, porque los nativos también se descojonan con nosotros cuando nos escuchan decir palabras en dialecto (aunque las digamos bien, o sea). Una de las primeras cosas que yo aprendí y que, como a los niños en las fiestas familiares , me hacen repetir mis amigos para su solaz es la frase “A kibera ist ka hawara”, escrito como se pronuncia (mundart) pero cuya ortografía correcta sería “Ein Kiberer ist kein Haberer”. La traducción libérrima al español sería “Un guripa no es un colega”.

Lo bonito de estas dos palabras, Kiberer y Haberer es que, ambas, cuentan una historia a través de su etimología y dan fe de la influencia hebrea en el acervo cultural vienés.

La palabra Haberer, que aún utilizan todos los jóvenes de Austria para hablar de sus pares, viene del yiddish “Chawer”, amigo, camarada, colega. Antiguamente, Chawer era el tratamiento que se daban entre sí los judíos comunistas y socialistas sionistas. Andando el tiempo, el término pasó al habla cotidiana, incorporando en Austria, por cierto, un significado que desconocen en el sur de Piefkelandia, en donde también se usa, esto es: querido, querida o amante. O sea, personas que se han encamado sin que haya intervenido personal de sotana o de toga.

El sustituto alemán de Haberer es Kumpel o Kumpan. Una palabra que también tiene un largo viaje tras de sí. Kumpan llegó al alto alemán medieval proveniente del francés compain, que a su vez venía de la lengua latina –madre y esperanza nuestra- en forma de compania (compañía en español).

¿Y qué decir del policía? La voz Kiberer, por lo que yo sé más vienesa que otra cosa, viene del yiddish Kübbe, casa de lenocinio. Originalmente, un “Kubberer” era el profesional de la porra que se dedicaba a controlar a las prostitutas. Posteriormente, esta desginación emigró a los policías de la brigada criminal que, de paisano, investigaban los delitos de sangre. Solamente en los últimos tiempos ha pasado a ser Kiberer sinónimo de la pasma en general, también la uniformada.

Por cierto, en el oeste de Austria se utiliza para aludir a los maderos la voz Putz, que quiere decir tanto como fantasma, o diablo o espantajo.

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