Gartenlust 2012

corazón
A.V.D.

2 de Septiembre.- La feria de jardinería de Halbturn, que se llama Gartenlust (algo así como “ganas de jardín”) es uno de esos eventos anuales que a uno le hacen ser cada día más fan de la capacidad de los austriacos para combinar los negocios con el placer.

Tiene lugar en los jardines del palacio de Halbturn, el cual fue construido entre 1701 y 1711 como pabellón de caza para el emperador Carlos VI bajo la atenta mirada de Johann Lukas von Hildebrandt, el mismo arquitecto que proyecto para el Príncipe Eugenio de Saboya el palacio de Belvedere.

En los últimos estertores de la última guerra mundial, los rusos dejaron Halbturn hecho unos zorros. Permaneció en ruinas casi una década hasta que la familia Waldbott-Bassenheim (una rama secundaria de los Habsburgo) se lo compró al gobierno de Burgenland en 1955. Lo restauraron, devolviéndole parte de su antiguo esplendor –sobre todo en el exterior, porque el interior, tras el paso de los bolcheviques quedó irrecuperable- y, desde ese momento, le sacan todo el partido que pueden organizando una exposicioncilla anual (la de este año está dedicada a África, así, en general), alquilándolo para la celebración de bodas de algún postín y, cómo no, para la celebración de la ya mencionada Gartenlust.

Yo voy todos los años desde hace por lo menos cuatro y he podido constatar que cada año la feria está más concurrida. No sólo del contorno, sino sobre todo, aquellos comerciantes y locos por las plantas que aprovechan el libre paso de personas y mercancías, que es una de las cosas que más molan de esa Unión Europea que muchos se empeñan en denostar. No son pocos los húngaros y los holandeses que se acercan cada año a Halbturn a dejarse los cuartos en variedades vegetales insólitas, en mil y una especies de cáctus o en las incontables variantes que la rosa puede ofrecer para alegrar la vista y el olfato.

Un fan de la selección
Sorpresas inesperadas (A.V.D.)

Y no sólo esto: aquellos que tengan la cuenta bancaria saneada, pueden dejarse unos cuantos miles de euros en comprarse una barbacoa del tamaño de la cabina telefónica que Supermán usaba como vestuario, o un jacuzzi que le masajee el cuerpo con chorros de burbujas, o puede encargar un jardín de invierno con las últimas novedades en aislamiento térmico o comprarse una bici de bambú a precio ventajoso, porque la mayoría de los expositores de Halbturn son fabricantes ellos mismos , con lo cual uno se quita de intermediarios.

Por otra parte, como no podía ser de otra manera tratándose de Austria, en la feria de Halbturn están muy presentes el comercio y el bebercio. Todos los años, al llegar estas fechas, uno prueba el primer Sturm (el mosto que sólo tiene un principio de fermentación, desatascador ideal de intestinos renuentes, por cierto). El Sturm tiene más peligro que un enfermo de Parkinson con una ametralladora, porque entra muy bien gracias a su sabor ligéramente ácido y sus burbujillas, pero tiene más alcohol del que parece y, como uno no se ande con ojo, puede terminar pillando un moco bastante respetable. Asimismo, muchos fabricantes de licores de alta graduación te ofrecen que pruebes muestras de sus productos. A la cuarta degustación dejas de conocer y te tienes que acercar al puesto de los pollos asados para meter algo sólido en el estómago. Eso es precisamente lo que tuvo que hacer uno que, como sus lectores no ignoran, es ya un caballero de cierta edad y no aguanta el alcohol como antes.

Más fotos, como siempre, aquí.

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