Sodoma y Gomorra: la película más cara del cine austriaco

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El Film Casino, en la Margarettenstrasse permite soñar con el glamour del cine mudo (A.V.D.)

13 de Septiembre.- Di que un día, hace como dos años, estaba yo planchando delante del televisor y, haciendo zapping, me encontré con la retransmisión en directo del reestreno de uno de los filmes con más magnetismo de la historia del cine: Metrópolis, de Fritz Lang. Hasta entonces, había intentado ver películas mudas, pero más como ese tipo de deberes que, a veces, nos imponemos las personas que queremos pasar por cultas que como un auténtico placer. Sin embargo, Metrópolis marcó un antes y un después. Durante la primera hora de la retransmisión –fue por ARTE, cadena que es fuente de múltiples placeres- pude seguir planchando. Pero después, poco a poco, la trama me absorbió tanto y la fuerza de las imágenes era tan fuerte, que desenchufé la plancha y me senté delante del televisor a disfrutar de aquella maravilla sin interferencias. Las camisas, ante aquello, pasaron a ser secundarias.

Estaba claro que el cine mudo podía ser otra cosa que lo que yo me había imaginado. Que, de hecho, había sido otra cosa muy distinta: en realidad, una atlántida sumergida que, los que hemos crecido en películas llenas de sonidos tenemos dificultades para imaginar. Ese fin de semana, me fui a Saturn y traté de conseguir los pocos títulos de cine mudo a la venta. Uno de los que cayó en mis manos fue Sodoma y Gomorra (Sodom und Gomorrha) una superproducción austriaca de 1922, cuyos exteriores fueron rodados a poco más de dos kilómetros de donde vivo, en la Laaer Berg, en el barrio de Favoriten. La película más cara del cine austriaco hasta la fecha, ya que se dice que, en ella, entre trabajadores y extras, estuvieron empleadas más de 14.000 personas. Los decorados, realmente espectaculares, tuvieron que ser construidos en las (entonces) afueras de Viena porque eran demasiado grandes para los Estudios Sascha (Sascha-Film) que producían la película y en los que, en el transcurso de los años, trabajaron grandes personalidades del cine europeo, hoy bastante olvidadas, como Alexander Korda (más tarde, establecido en Inglaterra, Sir Alexander Korda).

Sodoma y Gomorra, además, tiene otra particularidad: comparte director con otra de las películas míticas de la industria del cine. Quizá, con la más mítica de todas: Casablanca. El encargado de mover la gigantesca maquinaria de semejante producción fue el húngaro (nacido austriaco, porque así estaban las cosas a principios del siglo pasado) Michael Curtiz (en realidad, Mihály Kertész).

La idea de producir Sodoma y Gomorra vino del productor estadounidense Sascha Kalowrat-Krakowsky, del que algún día me ocuparé y cuya vida da para varios posts. Kalowrat-Krakowsky había nacido en los Estados Unidos pero era hijo de (atención) un conde austriaco y la hija de un magnate ruso (de San Petersburgo, más concretamente) de la fabricación de cigarrillos. Este señor pensó en producir en Europa un filme monumental que le hiciera competencia a las películas americanas y para ello contrató a Michael Curtiz, ya entonces un director curtido en el cine centroeuropeo. Curtiz, solo puso una condición y es que su santa, la también actriz húngara Lucy Doraine, interpretase a la protagonista de esta cinta que, como Metrópolis, también tenía su mensaje.

El resto de los papeles principales de Sodoma y Gomorra los interpretaron grandes actores de la época, como Willy Forst y Paula Wessely.

Se conoce que Michael Curtiz aprendió la concisión en Hollywood, porque la peli le quedó un poco larga, las cosas como son. La primera versión, que solo se pudo reconstruir parcialmente en 1987 gracias al material aparecido en una oscura filmoteca soviética, duraba tres horas, que luego fueron reducidas a dos para poder exportar la película.

Como anécdota, cabe señalar que, la traca final (en este caso literal) que constituía la destrucción del gigantesco decorado principal, fue mortal para cuatro de los extras. La productora fue denunciada por la familia pero, finalmente, los pirotécnicos (sic)  encargados de los efectos especiales fueron exonerados de toda responsabilidad.

Actualmente, el DVD de la versión (casi) íntegra de Sodoma y Gomorra se puede adquirir por diez euretes.

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