Cataluña, nuevo estado de Europa

Schublatlern
A.V.D.

18 de Septiembre.- Tal día como hoy hace una semana, con ocasión de la festividad de “la Diada” se produjo en Barcelona una marcha multitudinaria en la que casi un millón de ciudadanos catalanes reclamaron la secesión del Estado Español. Una situación inimaginable hace diez años, cuando aún el independentismo era una corriente marginal dentro de la sociedad catalana.

Desde Viena, como español vírgen de cualquier nacionalismo caduco, es inevitable hacerse preguntas ¿Es la marcha del día once pasado resultado de un triunfo de la comunicación del gobierno autonómico catalán, que ha conseguido convencer a los ciudadanos de que los llamados “recortes” se deben a la mala admnistración del Estado central y no a la ineficacia de la Administración autonómica? ¿Son conscientes los políticos catalanes de que sus posiciones, basadas en el argumento “español-vago-explotador” contra “catalán-trabajador-explotado” resultan no sólo demagógicas, sino sorprendentemente simplistas en la Europa del siglo XXI? ¿Será capaz la minoría gobernante de Madrid, representante, al fin y al cabo, del resto de los ciudadanos españoles, de encontrar una solución para que vuelva a resplandecer el sentido común?

A estas y a otras muchas preguntas intenta responder este interesantísimo artículo de Gonzalo en el que se hace un análisis del movimiento independentista catalán en el contexto de un ámbito que, también, nos afecta a los que vivimos en Viena: el espacio común europeo.

Cataluña, nuevo estado de Europa

foto: www.elmundo.es

Cataluña no es una nación, ni de hecho ni de derecho. Ni lo ha sido históricamente, ni se ha reconocido como tal fuera de la unidad política de España. Sí tiene una identidad cultural propia, basada en la lengua, y que comparte parcialmente con otras regiones españolas y francesas. Lo que no sabemos, y eso dependerá del genio de la minoría dirigente española, si terminará siéndolo. Es perfectamente posible, como se ha demostrado en la Europa contemporánea por muchos argumentos económicos que se esgriman.

A los que vivimos por circunstancias allende las fronteras, la hipótesis de una Cataluña independiente, nos provoca dos reacciones contrarias. La primera es la de aceptar el órdago pidiendo divorcio, frontera y aranceles. La segunda es de una profunda desazón porque Cataluña es el apellido de un problema llamado España y que sin aquélla, esta dejaría de existir. Más de una vez he oído entre españoles expatriados que ante un cambio jurídico-político de esa magnitud, sería razonable y hasta legítimo un cambio de nacionalidad.

En estos días inciertos cuando ser europeo es cosa poco seria, los movimientos nacionalistas y populistas, tienen unas condiciones idóneas de partida. Hemos visto a lo largo de los dos últimos siglos que cuando las situaciones pintan bastos, la cohesión sentimental fermenta con terrible facilidad aboliendo la razón y llevando a los pueblos a donde estos se abandonan. Hace unos años hubiera sido imposible la escena de la foto que ilustra estas líneas. Cuando Europa era la próspera camelot, aunque irrelevante políticamente, la pertenencia a la Unión prestigiaba a sus miembros y solamente los países periféricos de dudosa reputación le achacaban ser un pelele sin criterio y al servicio del status quo mundial. Hoy los partidos euroescépticos han aflorado en todos los países y un movimiento independentista como el catalán, es capaz de quemar públicamente en Barcelona la bandera de doce estrellas, simbolizando perfectamente que Europa no es lo que era. Y Barcelona tampoco. En situaciones de crisis profunda, recortes sociales e incertidumbre; basta apelar a la redención para que prenda la mecha.

Esa excitación de los sentimientos, propia del romanticismo decimonónico, sin freno alguno en la razón, la lógica o el derecho, nos lleva a un camino que conocemos. Y por supuesto imposibilita cualquier brote de servicio, magnanimidad y generosidad. Lecciones que sólo los pueblos han aprendido después de abandonar millones de vidas en las cunetas, pero que los europeos estamos siempre dispuestos a olvidar.

Un país es lo que son sus clases dirigentes. Cuando estas faltan o están encanijadas, levantan la voz los iluminados frente a lo que sólo puede enmudecer la razón. Así lo hemos sufrido durante el siglo XX, y así ocurre en la Europa de nuestros días, prácticamente en todos los países. Si frente a exaltación sentimental, no se puede levantar una esperanza razonable, bella e integradora; ganarán los de siempre. Los que vuelan los puentes de la solidaridad y terminan con la civilización.

Gonzalo

Gonzalo es ingeniero, tiene treinta años, y vive en Viena. En la actualidad, estudia Ciencias Politicas.

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20 Responses to Cataluña, nuevo estado de Europa

  1. Ricard dice:

    El independentismo catalán no está falto de razón. Ahora ya no sólo se basa en el reconocimiento de un estado propio por su identidad cultural como dices tú. Sino que es ya para poder vivir mejor hoy en dia y en el futuro y además de la manera en la que los catalanes queremos hacerlo. Sin que se ataque a nuestra cultura y lengua. Considero que es tener mucha razón que una buena parte del pueblo quiera buscar un camino propio y lo haga de manera ejemplar, pacífica y sin molestar a nadie que no se quiera sentir molestado.

    Está muy bien buscar un objetivo común y estoy contigo que Europa se está viniendo abajo, pero si hasta ahora en España como antesala de la Unión Europa no ha funcionado, quizás hay que replantearla y buscar una Europa en donde los pueblos tengan su propia voz, una Unión Europea más cercana a la ciudadanía y si tiene que ser con cientos de estados pequeños pues que así sea. Quizás así no hará falta ser tan solidario porque cada uno sabrá encontrar sus propias riquezas más equitativamente.

    • Paco Bernal dice:

      Hola Ricard: muchas gracias por tu comentario. Supongo que el autor del artículo (que hoy no soy yo) te querrá contestar. Yo, por si acaso, dejo aquí tu comentario. Un saludo 🙂

    • Gonzalo dice:

      Hola Ricard,

      Cataluña puede caminar hacia donde quiera, pero el mundo no va por ahí. Europa no es la UE, y Cataluña se integró en España cuando su nobleza lo suplicó y fue algo en el mundo cuando España lo posibilitó.

      Los argumentos económicos están bien, en uno y otro sentido, pero poco cuentan poco cuando lo que se excitan son los sentimientos, como así fue el martes pasado. Si hay algo capaz de galvanizar el ambiente social en una época que nadie cree en nada, es fijar un enemigo común.

      Lo que preocupa del movimiento catalanista y multicolor, no es su afán de diferenciarse de España, sino su incapacidad de dialogar. Cuando Coudenhove-Kalergi fijó como requisito de la construcción de Europa, la reconciliación entre Francia y Alemania, ponía piedras para hacer algo hermoso: construir una paz que se había negado durante 150 años entre hermanos que concebían la vida desde Grecia, Roma y la Cristiandad pero que hablaban en otro idioma. Eso es lo que falta en la Cataluña de los que queman banderas europeas: realismo de que el catalán es un idioma marginal y que existe amor más allá del Ebro.

      • Ricard dice:

        Hola Gonzalo,

        Quizás deberíamos empezar con las matizaziones correspondientes. Espanya existe desde que los reinos formantes de la península se unieron por lo tanto hablas de Castilla cuando te refieres a que alguien posibilitó algo a alguien no?
        Creo que pecas de nacionalismo cuando atribuyes el hecho de que Catalunya sea algo sólo gracias al permiso de Espanya. Catalunya ya era algo antes, lo fue después y lo sigue siendo. No entiendo esa afirmación tan superficial.

        Por qué los argumentos económicos son para ti suficientes y los sentimientos no pueden ir de la mano? Porque no provienen de la razón, sino del corazón? Son para ti justificados entonces los recortes en bienestar social porque únicamente ahorramos dinero, que pasa con los derechos de las personas entonces?

        La independencia ha sido siempre marginal en Catalunya porque durante muchos anyos se ha intentado la cohesión con el resto de Espanya y esto después de 30 anyos de democracia no se ha conseguido aún. Lo demuestran los ataques que se han tenido que sufrir durante todo este tiempo: persecución de la lengua en Catalunya, Aragón, Valencia y Baleares, supresión de la televisión catalana en algunas comunidades, el plan hidrológico nacional, el retraso del AVE a Barcelona, el corredor Mediterráneo. Es esto realmente necesario? Puede que falte también algo de amor desde la otra orilla del Ebro no?

        El pueblo catalán ha demostrado estar vivo en muchas ocasiones de la historia y no es la primera vez que ha intentado sublevarse contra Espanya 1640, 1714… pero esta vez lo haremos bien y con otras armas. Si nos quieren, nos vamos! Pragmatismo puro.

        • Ricard dice:

          Perdón por las faltas (teclado austríaco y poco tiempo)

        • Gonzalo dice:

          Hola Ricard,

          El amor falta siempre. Como le faltó a los prudentísimos pueblos europeos para llevar al continente por dos veces a la catástrofe de la guerra y como le falta a muchos compatriotas nuestros cuanda se trata el tema de los nacionalismos ibéricos. Las razones del corazón son válidas, por supuesto, pero esa excitación sensible es siempre maleable, inestable, inconstante y muy manipulable. Es en definitiva, la peligrosa masa de Ortega. Comprender y amar a Cataluña es un deber para el resto de España… y viceversa. Pujol le dijo a su mujer que Juan Pablo II no comprendía a los catalanes. El nacionalismo es miope por definición.

          La relación entre crisis económica e independentismo es evidente. ¿Por qué el sentimiento identitario llega a su cota más alta después de los recortes sociales más duros de la historia de Cataluña? La gente está cabreada y la manifa les dio la oportunidad de gritar.

          Los argumentos históricos no son decisivos. Sin ser historiador, si Cataluña toma el camino de la independencia da igual que se rastreen las revueltas populares de hace cinco siglos. Las naciones se forman cuando hay voluntad, genio y vitalidad. Puede ser que ahora Cataluña lo tenga y a España le falte. Lo dudo. Hay territorios que tienen más solera histórica que Cataluña (Aragón) y otros que comparten el idioma (Baleares) y donde el nacionalismo es anecdótico. Por lo tanto ni historia, ni idioma, conforman una nación. España apereció en el s. XV como el primer estado moderno de Europa, donde antes sólo hubo tribus, taifas y señoríos fragmentados.

          • Señor Negro dice:

            Ya empezamos otra vez con el mito fundacional de España, uno de los mitos favoritos del nacionalismo español. A ver España no apareció en su forma que ahora la conocemos hasta el final de la Guerra de Sucesión Española (1702-1714). Los descendientes de los reyes católicos nunca fueron oficialmente reyes de España sino reyes de Castilla, Navarra, Granada, Aragón, Valencia, Mallorca, Nápoles, condes de Barcelona, etc. Eran un conjunto de feudos lo que tenían, no una unidad política. Solo cabe recordar que los súbditos de la Corona de Aragón estuvieron excluídos del comercio con América, posesión de Castilla, hasta la época de Carlos III. En cada uno de estos territorios habían leyes, impuestos y tradiciones distintas que los soberanos debían respetar. Y de esto se quejaba amargamente el conde duque de Olivares.
            Hasta que la Corona de Aragón (aragoneses, catalanes, valencianos y baleáricos) no fue derrotada en la Guerra de Sucesión no existía el reino de España. Guerra en la que los franceses, con la ayuda de Castilla, consiguieron conquistar a sangre y fuego los territorios aragoneses. Fue entonces cuando el francés Felipe V se proclamó rey de España. Que a algunos no les guste que el origen de España esté en una guerra resuelta por una potencia extranjera y prefieran imaginarselo en la bondad de un matrimonio, no quiere decir que tengamos que manipular la historia.
            Estoy de acuerdo contigo que en la política deberían prevalecer las razones por delante de los sentimientos, pero la unidad de España es un sentimiento tan legítimo como el de que Cataluña es una nación. No se puede decir cuál de estos dos es mejor. Cómo dijo Pascal, el corazón tiene razones que la razón no entiende.

  2. ¿qué entiende el autor por «bello»?

    • Ferl dice:

      No puedo contestar con la contundencia de Gonzalo pero tomaré como pié de apollo tu pregunta. Que se entiende por bello? Como siempre la real academia nos regala dos buenas acepciones. Como bello se entiende aquello bueno y excelente en contraposición a términos tan afables como: inapropiado, perverso o malicioso.
      No puedo si no esbozar una sonrisa al ver la «rebelión en la granja» de nuestro querido Orwell. Tengo tal vez que recordar el mandamiento impuesto en la historia:
      «Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros».
      Por ese senda oscura se acerca la independencia catalana y el que quiera saber el final que se compre el libro.

  3. gehrhrehehe dice:

    En Francia se puso fin a la sinrazón a finales del XVIII, Alemania dejó estas mamarrachadas en la segunda mitad del XIX, lo mismo que EEUU, que acabó de raíz con la reacción en la década de 1860. Sin embargo en España, en pleno siglo XXI, aún hay quien añora las viejas fronteras e instituciones medievales.

    Los que ponen el grito en el cielo no son las gentes de Castilla, parcelada en ocho cortijos —entre ellos Madrid, cuyos contribuyentes tiran del resto de España—, sin que a nadie le importe lo más mínimo el espíritu regional, sino que es precisamente una Autonomía a la que sus propios políticos han llevado a la ruina, y que la primera medida que debería tomarse tras la independencia, si el contribuyente madrileño ya no asumiera la deuda catalana, sería declarar la quiebra y suspender pagos. La «kleindeutsche Lösung» funciona para un imperio centroeuropeo centro cultural de Occidente, pero un condadito mediterráneo en bancarrota, cuyo mayor activo cultural es un dialecto de provincias del occitano, encontraría más dificultades.

    Mientras el madrileño es consciente de que los impuestos los pagan los ciudadanos según sus rentas, y por eso no le importa contribuir junto a sus paisanos más que ningunos otros a las arcas del Estado —con más del doble que Cataluña—, aunque Madrid, con menos carencias, reciba menos que cualquiera de las otras —Cataluña incluida—, otros no dejaron que la Ilustración les calara, y no han superado la mentalidad feudal. Para ellos es el territorio el que aporta, de la misma manera que enarbolan los derechos de una lengua o una tierra, sin reparar en que las cosas no tienen derechos, que los derechos son exclusivamente una prerrogativa de las personas. ¡Y mira que es sencillo de entender el concepto de los tramos progresivos de IRPF, y que se reparta el bote común de manera que todos tengan los mismos servicios! Pues no, no se entiende.

    Les deseo a estos espectros de siglos pasados que esta vez sí alcancen sus anhelos inalcanzables, porque en el pecado llevarán la penitencia. Y el resto, después de 35 años viviremos al fin libres de la extorsión continua, y la herencia herrumbrosa de tiempos remotos. Creo que todos nos lo merecemos.

    • Ricard dice:

      Lo veo bien. Una España radial con centro neurálgico en Madrid como hasta ahora ha sido y el resto nos vamos con nuestra historia a otra parte. Puede que esto le sirva bien a España para cohesionar mucho mejor y progresar como país. Yo os deseo lo mejor.

      Por lo menos me llevo una satisfacción al saber que se veis posible la separación y me reafirmo en que cómo tu ejemplo da a entender veis a los catalanes como una cultura de segunda, intrascendente y secular con un único activo cultural que es una lengua que ni siquiera es propia sino que es un dialecto del occitano. Puede ser que la mente del medievo se tenga en España al no respetar su pluralidad tal y cómo se hacía antaño.

      En cuanto a las inversiones del Estado siempre ha sido mucho mayor en Madrid como demuestra por ejemplo la inversión en Barajas que quintuplica la del Prat. Las industrias de España nacieron en Catalunya, el tren, el puerto, todo favorece a que las mayores inversiones se hayan dado en las zonas más productivas y sin embargo no ha sido así ya que siempre se ha buscado la máxima centralización ya que desde la propia España surge una dura competición de sus partes formantes llegando a fomentar el separatismo de las mismas.

      En cuanto a la futura bancarrota es muy cierto lo que dices que nuestros propios políticos nos han llevado a esto y por culpa de eso tenemos que salvarnos el pellejo por eso reclamamos más justícia en el reparto ya que no se puede ser solidario si no tienes ni para ti. Es justo que toda España de liquidez a Catalunya ya que también ha sido en la otra dirección durante mucho tiempo.

      En conclusión, si esto no ha funcionado y no nos entendemos pues cada uno a sus cosas y seguro que a los dos países les irá muy bien por separado en el futuro e incluso mejor. Todos quedaremos cómo hermanos y socios porque esa es la voluntad del catalán de a pié. Y ojalá sea así.

  4. Roser Goula dice:

    La crisis económica hace daño a todo el mundo, pero al menos habrá servido para que el pueblo catalán nos demos cuenta que podemos (y debemos) vivir mejor. Estos años hemos callado e intentado cuallar en el estado Español pero, a pesar de haberlo intentado varias veces, no ha funcionado. No nos quieren y no nos entienden. Y la incomprensión sumada a la crisis ha conseguido que los catalanes pasemos de la depresión total por la negació de lo que somos a la ilusión de poder ser 🙂 En la Diada de hace unos días vi algo que me puso la piel de gallina: la gente estaba radiante, animada y contenta. Por fin, hemos visto el camino a seguir para encontar la felicidad.

  5. Roser Goula dice:

    La crisis económica hace daño a todo el mundo, pero al menos habrá servido para que el pueblo catalán nos demos cuenta que podemos (y debemos) vivir mejor. Estos años hemos callado e intentado cuallar en el estado Español pero no ha funcionado. No nos quieren y no nos entienden. Y la incomprensión sumada a la crisis ha conseguido que los catalanes pasemos de la depresión total por la negació de lo que somos a la ilusión de poder ser 🙂 En la Diada de hace unos días vi algo que me puso la piel de gallina: la gente estaba radiante, animada y contenta. Por fin, hemos visto el camino a seguir para encontar la felicidad.

  6. Primo N. dice:

    Creo que estamos mezclando muchas cosas aquí.

    En mi opinión, Gonzalo sólo está advirtiendo de los riesgos que entraña el dejarse llevar por los sentimientos en un tema tan espinoso como éste. En los últimos días se ha hablado mucho del «sentir» del pueblo, de «clamor popular,» como si tales cosas todo lo justificasen y no hiciesen falta argumentos. Soledad Gallego-Diaz decía hace unos días en su columna que al «sentir» del pueblo catalán y a su deseo de independencia se le podría contraponer el «sentir» del pueblo español y su deseo de mantener a España unida. ¿Qué sentir es más válido? ¿Anula un sentir a otro sentir? Es por ello que hablar de sentimientos al abrodar este tema es absurdo, porque los sentimientos no son objetivables (y además se pueden manipular con suma facilidad). Entonces pasemos a los argumentos.

    Desde que recuerdo, Cataluña y España han tenido una relación simbiótica. Una se ha beneficiado de la otra y viceversa y, en torno a la manifestación, librarán su enésima partida de ajedrez. Mas tratará de arrancarle a Madrid un pacto fiscal y Rajoy intentará que Cataluña siga contribuyendo ( como le corresponde ya que, a día de hoy, es una región que pertenece al Reino de España le pese a quien le pese) al erario público. Eso es política. No se trata de sentimientos, sino de intereses.

    El victimismo parece ser una estrategia que da magníficos resultados. Sentirse agraviado por el motivo que sea otorga una superioridad moral que las autoproclamadas víctimas usan para imponer sus deseos o, como se dice en los medios, sus agendas. Es una forma de jugar a la baja para dominar a la alta. Cataluña tiene más autonomía que nunca antes en su historia, otras regiones con idénticos anhelos de independencia, como Quebec o Escocia, envidian su autonomía financiera. A Cataluña, crisis aparte, le va mejor que nunca. Es respetada mundialmente, la lengua y la literatura cataluna se estudian en las escuelas, el catalán es un requisito obligatorio para trabajar en la administración pública, los profesores, universitarios o no, tienen libertad de impartir sus clases en el idioma que gusten, hay cadenas de televisión en catalán, las empresas catalanas operan a nivel global. ¿Qué quiere más, más independencia, más autonomía financiera? Está en su derecho de pedirlo. Lo que no me sirve, Ricard, es que hables de la persecución de la lengua catalana cuando nunca los catalanes han sido más libres de usarla y promover su uso. Que los gobiernos español o catalán usen el victimismo o el catastrofismo como palanca para obtener lo que quieren forma parte del juego (ya sabeis, el que no llora no mama), pero miremos los hechos con desapasionamiento y quizá descubramos que no estamos tan mal como pensamos.

    Cataluña tiene derecho a reclamar la independencia. No creo en la sacrosanta unidad de España (a no ser que ésta sea fruto de un libre acuerdo entre las partes para que así sea, como sucede con la Constitución española) y sí creo que todo está sujeto a revisión y a debate (bendita libertad de expresión!). Pero, de nuevo, cuidado con los guardianes de las esencias. Siendo la misma palabra, lo que Mas entiende por Cataluña nada tiene que ver con lo que Albert Boadella entiende por Cataluña y lo que Rajoy entiende por España no es lo que yo entiendo por España. Un millón y medio de personas son una parte de Cataluña, pero no toda Cataluña. ¿Referéndum? Es indudablemente la mejor manera de salir de dudas, pero sospecho que todo el mundo se apuntaría la victoria y nadie quedaría verdaderamente satisfecho con el resultado.

    Me gusta, Ricard, tu idea de una Europa de los pueblos. Esa es la Europa que me gustaría ver y no la Europa tecnocrática y burocratizada que tenemos, pero también creo que la construcción (o destrucción) europea no va por ahí y, de hecho, nunca ha ido por ese camino.

    No creo haber aclarado nada o dicho nada original o nuevo, lo que si espero es haber puesto las cosas en perspectiva (aunque sea un poco).

    Un abrazo y que siga el debate!

    N.

  7. Juan Carlos S. dice:

    Soy aragonés y cuando escucho hablar, o leo, sobre la Corona Catalano-aragonesa no salgo de mi asombro. Claro que Cataluña tiene su propia identidad, su cultura y su historia que la diferencian de otras tierras de la Península Ibérica, pero aquella unión de la que formaba parte se llamaba Corona de Aragón. Y en vexilología y heráldica se habla de las Barras de Aragón para referirse a las que coponían su bandera.
    Pero no me ofenden esos errores interesados. Yo hago mía la sentencia del gran Claudio Magris: «Las fronteras son dioses que exigen sacrificios humanos». Él lo sabe bien porque ha nacido y vive en Trieste. No se siente italiano, ni austriaco, sino transfronterizo, como el río que da nombre a su obra más famosa, «El Danubio»
    Saludos a todos y que siga el debate.

  8. Juan Carlos S. dice:

    Soy aragonés y no salgo de mi asombro cuando escucho hablar a algunos historiadores (?) de la Corona Catalano-aragonesa. Por supuesto que Cataluña tiene una identidad cultural propia, entre los pueblos que han habitado y habitan la Península Ibérica, pero, puestos a ser rigurosos, aquella unión de la que formó parte se llamaba Corona de Aragón.
    Tampoco me importan mucho esos errores intencionados, si no es porque deforman la Historia. Yo, como el gran Claudio Magris, pienso que «Las fronteras son ídolos que exigen sangre humana» Él, lo sabe bien porque es de Trieste, pero no se siente italiano ni austriaco, sino trasnfronterizo, como el río que da nombre a su obra más famosa: «El Danubio». Muy recomendable.
    Saludos a todos y que siga el debate.

  9. L. dice:

    Parece que por desgracia estamos condenados a ver como se repite lo que desde el siglo pasado se está tornando en un proceso cíclico. Arrecia una crisis, la solidaridad se va al traste: el terreno se vuelve un campo fangoso de cultivo para el populismo y los nacionalismos. La gente se excita en la creencia falsa de que tomando uno de esos caminos hallarán su redención, lo cual cabría denominar «miopía en tiempos de crisis». Por otro lado y lamentablemente, parece que cada vez se confirma menos aquello de que «el nacionalismo (o cualquier radicalismo) se cura viajando». En este mundo tan desvirtuado y desdibujado parece que esa regla ha acabado por ser una de las primeras víctimas de la globalización. Los catalanes tienen todo el derecho a clamar por su independencia, pero al día de hoy ya no están legitimados para seguir esgrimiendo como excusa la persecución de su lengua/cultura. Actualmente es del todo falso que lo estén, y el que diga lo contrario hace demagogia (que yo sepa el castellano , al contrario, lleva décadas excluido como lengua vehícular y administrativa, es casi imposible educarse en ella, ¿es eso democracia y libertad?). Asimismo, el tema económico carece a mi juicio de razonamientos fundamentados, por lo que las protestas en ese sentido parecen venir espoleadas por los de siempre, los políticos y sus intereses de que su cortijo siga en pie. La Historia ha dado abundantes pruebas de estos procesos cíclicos y los seguirá dando hasta dios sabe cuándo.

  10. Manuel Revelles dice:

    Buenas a todos,
    Querido amigo Gonzalo, me alegra ver que aunque estás lejos de tu tierra España, sigues muy de cerca sus acontecimientos, algo a lo que nos vamos a tener que ir acostumbrando en los próximos meses, ya que no es muy difícil, sobre todo con los disparates de algunos.

    Lo cierto, es que podríamos todos escribir horas sobre Cataluña, Catalunya o Catalonia, lo único cierto, es que en el fondo subyace un sentimiento de poder, riqueza y orgullo que lleva a nuestros queridos políticos catalanes a crear este gen independentista que tan normal vemos ahora y que años atrás no existía en Cataluña.

    Creo que no es necesario hablar sobre los artículos 2,3 y 4 de nuestra querida constitución española que tan poco respetan algunos. Creo que tampoco os voy a preguntar el porqué del sentimiento independentista de Cataluña, Galicia, País Vasco, etc… Por favor que nadie se engañe no existe tal sentimiento, es solo un interés creado por una figura llamada político que existe en nuestra sociedad y que como tal busca el reconocimiento y la necesidad de existencia en los ciudadanos, que garantice su beneficio presente y futuro.
    Creo que no es nuevo si os digo que el objeto o fin de un partido político es comprar y vender votos en función de sus tesis, para posteriormente canjearlos por cuota (presupuesto, transferencias, competencias, etc.) pero no os engañéis todo esto es solo por alcanzar una mayor cuota de representatividad en la esfera internacional (otra vez volvemos al ego y poder)
    Me hace gracia ver a personas que dicen que España ahoga a Cataluña, que limita su crecimiento, que España es una lacra que impide progresar al pueblo catalán, pues bien aquí os dejo algunas «perlas»:
    – La comunidad autónoma de Cataluña exporta al resto de comunidades: 49.389 mill € frente 55.255 mill € que exporta fuera de España.
    – La deuda estimada por la Agencia Tributaria Española que Cataluña tiene con el Estado Español es de 156.000 € mill €
    – La calificación de la deuda de la comunidad autónoma es de Bono Basura.
    En fin, creo que es un poquito de locos pensar que realmente Cataluña pueda constituirse como un estado, propio e independiente. Con estos 3 datos que os acabo de dar el siguiente camino de Cataluña sería: asumir una deuda pública de casi el 180 % de su PIB, financiarse a unos tipos de interés «inasumibles» ni siquiera a corto plazo, (os recuerdo que Cataluña necesita un segundo rescate), no hablo de Seguridad Social, o pensiones eso mejor para un siguiente capítulo, del poder legislativo o judicial mejor nos olvidamos mantener esa estructura estatal que ahora soporta el gobierno central….. surrealista.

    En fin, lo más triste de todo esto, es que nos gusta mirar hacia lo que nos separa, sería mucho mejor mirar los que nos une. Somos un país demasiado joven y que entendemos muy poco de democracia, pero hay que entender que eso no vende portadas y tampoco da votos. Bueno sí, los políticos catalanes y vascos miran a Irlanda y Quebec; creo que sería mucho mejor mirar hacia el modelo democrático Suizo.

    Es triste ver como personas de 25 – 30 años salen de Cataluña y no saben hablar bien Castellano y de escribir…. pues gracias que usamos ordenadores, es triste ver como se recorta en sanidad, educación, pero todas las «embajadas comerciales» siguen abiertas y culpamos de nuestros errores al gobierno central, como España hacía con EEUU.

    Me hace gracia ver como Cataluña actúa respecto a España, un hijo que le pide a su padre siempre más, y más y más, no tiene conciencia, no sabe lo que es pedir mucho o poco, porque él no lo recauda, a él solo le preocupa gastar y gastar más ! Lógico quiere más poder.

    Sería un error decir que la culpa es solo de Cataluña y que España lo hace todo bien, en efecto España también tiene mucha culpa: los complejos de nuestros políticos, las políticas ineficientes y arcaicas, la organización del Estado y sus Autonomías, etc…

    Pero si existe un error garrafal, es no ver que el mundo en el que nos movemos está en constante evolución, y que Europa se está quedando como un museo frente a EEUU, Japón, Chica, India, Brasil todos ellos son grandes colosos. y nosotros necesitamos crear el nuestro. Necesitamos un coloso que defiendan nuestros intereses y esto si que me da risa, que Cataluña piense que va a estar mejor defendida en Europa fuera de España.

  11. Primo N. dice:

    Sé que es un poco largo, pero aquí dejo un artículo de Boadella sobre el tema que nos ocupa. Dedicado a todos aquellos que no entienden a qué viene tanto griterío.

    Un abrazo

    N.

    El poder de la fantasía
    Albert Boadella
    NO NOS ENGAÑEMOS. No son únicamente los políticos. Con apenas un siglo de minuciosa tenacidad se ha ido moldeando en la mente de cientos de miles de catalanes una fábula elemental pero de una eficacia incuestionable. Todo ciudadano de este territorio tiene hoy la oportunidad de formar parte de una biografía impoluta en la que nuestros antepasados, recientes o remotos, no tuvieron responsabilidad alguna en los desmanes de la Historia. Los desequilibrios, angustias o perjuicios sufridos por dicha comunidad tienen siempre el mismo culpable real, convicto y al acecho. No es necesario ni averiguarlo, pues en la actualidad, este mecanismo ya brota instintivamente en cualquier hijo del territorio mítico. La cruda realidad resulta ahora algo inconcebible para todo catalán que se precie y la sola duda sobre los pormenores de la utopía es considerada una intoxicación promovida por el enemigo tradicional.
    Visto desde fuera, el escenario provoca distintas consideraciones. Son muchos los españoles que no comprenden nada de lo que sucede, porque intentan juzgarlo bajo la óptica de la realidad y el sentido común, pero también son muchos los que entran en el juego y aceptan su papel de pérfidos en la leyenda. Y es precisamente esta actitud la que ha promovido una situación como la actual cuyos indicios nos hacen prever un desenlace irreversible.
    Deberíamos reconocerles a los dirigentes catalanes en el ámbito de la política, la cultura y los medios de comunicación, una astucia magistral para alcanzar sus objetivos frente al Estado. En las últimas décadas han conseguido acomplejar a un buen número de españoles como responsables de coacciones a su libertad y sus derechos étnicos. No es nada nuevo, desde los tiempos de Cambó subsiste un perseverante entrenamiento en esta disciplina. No obstante, era imprevisible que todos los gobiernos de la democracia sucumbieran a la retorcida estratagema con un insólito olvido del pasado. El resultado de tal ignorancia está a la vista; el complejo de culpabilidad ha fluctuado siempre en el momento de tomar decisiones de Estado, incluso ante manifiestos chantajes, no fuera caso que lesionáramos los sentimientos del territorio oprimido. Obviamente, a medida que pasaban los años las responsabilidades de los gobiernos eran mayores pues mayor era el descaro de los dirigentes regionales. Desde el taimado Pujol, nombrado entonces «español del año» hasta el actual presidente regional que se permite órdagos retadores, han transcurrido cerca de 30 años. Durante este tiempo, mientras España miraba a otra parte o incluso alentaba los derechos históricos de la fábula, dos generaciones de catalanes han sido aleccionadas en el odio a lo español.
    Quizás ahora ya es muy tarde para contrarrestar el poder de la ficción. Está demasiado extendida y todos sabemos que se trata de una fuerza avasalladora con la cual muchas religiones han dominado el planeta. ¿Cómo recomponer la trama de afectos mínima e imprescindible para vivir lealmente bajo el nombre de una nación? ¿Cómo desvanecer los ensueños de territorio mítico cuyo perpetuo enemigo pretende su desaparición? La muchedumbre de sonámbulos avanza hacia el abismo clamando consignas y enarbolando estandartes de pretendida libertad. Es lógico, pues nadie desea despertar a la realidad cuando ésta significa angustia, congoja, dudas o sacrificios.
    Los agentes propagadores del quimérico somnífero son muchos y diversos. Los más ostentosos son los chicos de Esquerra que a pesar de su torpeza, por lo menos han funcionado a cara descubierta. Sin embargo, la distribución más eficaz ha corrido a cargo de los agentes dobles de CiU, PSC, ICV, con la aquiescencia del PP en los últimos tiempos. Me refiero siempre a la distribución pero no a la elaboración. Proporcionarle forma al engendro ha sido una labor eficazmente realizada por la totalidad de los medios catalanes a los que se ha subvencionado a cambio de elaborar una realidad inexistente favorable al empeño separador. Un ensueño de chicha y nabo apoyado en la inducción al sentimiento paranoico contra Madrid que de forma tan fácil, rentable y eficaz, penetra en el ciudadano predispuesto.
    En este caso, los medios han sido algo más que simples mercenarios publicistas de un régimen porque sin esta falsificada realidad nada hubiera sobrepasado los delirios de unos grupúsculos. Bien es cierto que el éxito se ha producido por una conjunción de acontecimientos pues parece imposible conseguir, en un contexto democrático, la unión de todos los medios, ya sean públicos o privados, con un solo objetivo. En este sentido, no debemos olvidar algún hecho revelador como la famosa editorial conjunta, la cual vino a demostrar su predisposición al totalitarismo en cuestiones identitarias. Este poderío absoluto de los medios no sólo ha promovido una ficción cursi y xenofóbica sino que ha provocado el silencio de una mayoría, cuyo pensamiento se halla al margen de las fantasías étnicas, pero que permanece atemorizada al encontrarse desatendida ante la actitud de los gobiernos de la nación.
    En el futuro, quizás dentro de pocos o muchos años, mi condición de dramaturgo me hace prever un macroproceso cuyo título podría ser El juicio de Núremberg-Ripoll. Allí los propios catalanes juzgarán las responsabilidades por haber transformado en territorio anodino, pedestre y resentido, lo que un día fue un lugar bello y agradable, repleto de gente sensata y educada, con un notable sentido cívico. Un lugar donde el sarcasmo y un grado soportable de chifladura llegó a producir genios como Josep Pla y Salvador Dalí, relegados hoy por la inteligencia cultural como desafectos al régimen. Es posible que el juicio tenga que ser simbólico y sólo en efigie de los acusados debido al tiempo transcurrido, pero como la vida es pendular no duden que esta catarsis llegará. Después, lo de siempre, demoler monumentos, cambiar nombres de calles, plazas, estadios…
    En cualquier caso, buscando el lado positivo de la adversidad, me veo por fin como español en la tierra que nací gracias al pasaporte que me expedirá la futura embajada española de Barcelona. Una vejez como minoría protegida

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