El carlismo en Austria (Tercera parte)

El águila bicéfala
A.V.D.

Completamos hoy nuestra serie a propósito de los vínculos entre el carlismo y Austria. Si quieres ponerte al cabo de la calle de lo ya publicado, no tienes más que pinchar aquí.

Alfonso Carlos de Borbón, figura con la que hemos iniciado esta serie y último descendiente directo del fundador del movimiento, vivía desde hacía décadas de forma intermitente en la otrora capital imperial de Viena junto a su mujer, María de las Nieves de Braganza, tras una dilatada estancia en Graz. Si bien ambos habían vivido desentendidos de todos los asuntos concernientes a la dirección del partido carlista, jamás habían dejado de ser conscientes sobre su posición en la familia. Desde muy joven, el duque había sido aleccionado en la fe tradicionalista y había tenido la oportunidad de dar prueba de sus convicciones mediante su participación en la lucha carlista al lado de su hermano, el pretendiente Carlos VII. Ya lejos de su “tierra prometida”, llevaba residiendo más de 55 años en el Imperio austrohúngaro cuando supo de su nuevo destino ocasionado por el fallecimiento de su sobrino, don Jaime. Las grandes expectativas que los partidarios legitimistas tenían puestas en su nuevo “soberano” le empujaron rápidamente a recoger la bandera del tradicionalismo.

Por aquel entonces, la pareja, que no tenía hijos, llevaba una vida modesta debido a las privaciones sufridas tras el desmoronamiento del Imperio de los Habsburgo, con motivo de la incautación de varios de sus bienes a manos de la revolución republicana austriaca de 1919. Pese a su dureza, pudieron conservar los palacios de Puchheim y Ebenzweier, así como un apartamento en Viena. Su modesta vivienda en la capital, situada en el número 9 de la Theresianumgasse –a poca distancia de la famosa academia diplomática donde estudiase el joven Alfonso XII– era una antigua propiedad de los Braganza que su esposa había heredado. La vida anterior del nuevo pretendiente, lejos ya de las crueldades de la acción bélica, se había caracterizado por una dedicación a la noble tarea de la eliminación de los duelos, para cuyo fin no dudó en publicar artículos en varios idiomas. Su esposa, hija del depuesto Miguel I de Portugal, también había colaborado en actos humanitarios al poner en funcionamiento en Viena durante la guerra un hospital para acoger donaciones de sangre con que atender a los soldados que llegaban heridos del frente. Llegada su “hora histórica”, Alfonso Carlos comenzó desde su humilde “laboratorio de operaciones” vienés a reorganizar y consolidar el movimiento bajo la denominación de “Comunión Tradicionalista”, dotándolo de una línea política más conservadora y reaccionaria.

A la sazón, tras un largo período de inestabilidad política e institucional, la joven y débil república austriaca se había transformado en una represiva dictadura. El partido austrofascista, de inclinación católica y que reflejaba su ideario en el pasado habsbúrgico, logró hacerse con el control del país a raíz de la breve pero cruenta guerra civil de 1934 contra las milicias del partido socialista. Dentro del autoritario “Estado corporativista cristiano” -encabezado por el dictador Engelbert Dollfuss– tenía cabida cualquier movimiento que se opusiese al socialismo, al comunismo y al nacionalsocialismo, tanto más si hacía del catolicismo más integrista su bandera. En ese contexto, no es de extrañar que el duque se viese estimulado a participar de forma activa en los preparativos de la sublevación militar que marcó el comienzo a la Guerra Civil en España. Asimismo, los esfuerzos de los carlistas por recabar apoyos contra las fuerzas de la República española dieron como fruto un cierto entendimiento con la otra rama borbónica al recibir en 1935 el duque a Alfonso XIII en su palacio de Puchheim. No obstante, el destino interrumpiría bruscamente el papel del duque en los asuntos de su patria.

Una fría mañana de septiembre de 1936, salía Alfonso Carlos de su apartamento, como tantas otras veces, acompañado de su esposa en dirección al palacio del Belvedere para pasear por el célebre parque. Al cruzar la inclinada calle de la Prinz-Eugen-Straße, que separaba el parque de la manzana donde residían, un coche de policía se dirigía a toda prisa cuesta abajo. El duque, que se había quedado rezagado, no pudo sobrevivir al impacto del coche, que apenas había tenido tiempo de reaccionar frente al transeúnte. Pocas horas después cerraba los ojos, tras ser transportado a su cercano domicilio, el último descendiente en línea directa del infante Carlos. El funeral fue oficiado en el palacio de Puchheim, localizado en la Alta Austria, siendo presidido por su viuda y por su sobrino político y heredero, Javier de Borbón-Parma (1889-1977). Como era de esperar, una comisión del partido se dirigió a la república con el fin de honrar a su difunto “monarca”. La relevancia del fallecido se dejó sentir en el lugar: dos largas filas de sacerdotes locales y de religiosos redentoristas marcharon acompañados de la banda del ayuntamiento, al son de una solemne marcha fúnebre. Además, el régimen del país anfitrión, identificado con el catolicismo militante del homenajeado, no escatimó en su aportación a las honras fúnebres al contribuir con un pelotón del ejército austriaco. Cinco años después moría su esposa, el 14 de febrero de 1941, en la misma ciudad donde habían pasado juntos los últimos años. Hoy en día, sus cuerpos siguen enterrados en la capilla del mencionado palacio.

Con la muerte de Alfonso Carlos, la llama del movimiento carlista en Austria se apagaba definitivamente. La nación centroeuropea había sido testigo de poco menos de un siglo de presencia carlista en su territorio. Si bien los entresijos políticos de dicha familia habían trascendido de manera escasa a escala global, por lo contrario, habían cobrado cierta relevancia durante los primeros decenios de su permanencia en suelo austriaco. La alineación ideológica que la rama exiliada profesaba con las potencias contrarrevolucionarias, fortalecidas por los vendavales de la revolución liberal de 1848, daban luz verde a su permiso residencial. Pero sus comprensivos hospedadores también se vieron obligados a poner freno a los experimentos políticos de alguno de sus miembros residentes en el país si este contravenía los intereses de la potencia central. Pese a este pequeño altibajo en las relaciones, Austria continuó ejerciendo su leal papel de refugio conservador, limitándose a ello, eso sí, sin ceder a mayores compromisos institucionales.

Los vínculos materiales de los Borbón-Parma con el país alpino fueron disolviéndose gradualmente con la cesión y venta de las últimas propiedades, que concluirían en 2002 con la subasta de los bienes muebles de Puchheim. Ya sepultado Alfonso Carlos, el testigo de la Comunión Tradicionalista fue a continuación recogido por el ya citado sobrino de su esposa, Javier, que se había impuesto por mayoría dentro de la disputa sucesoria y el cual daría un nuevo rumbo al tradicionalismo. Junto a su hermano Sixto había impulsado, como mediador, conversaciones secretas durante la Primera Guerra Mundial con el último emperador de Austria, Carlos I, con el fin de negociar la salida pacífica de la guerra del Imperio austro-húngaro. A pesar de sus esfuerzos en tal azarosa hazaña diplomática, su infructuosa negociación no había podido impedir la desintegración total del conglomerado multiétnico. Sin embargo, esa ya es otra historia.

 

Luis

Luis es historiador, vive y trabaja en Viena y en la actualidad investiga las relaciones entre la corte madrileña y la vienesa durante el siglo XVII.

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4 Responses to El carlismo en Austria (Tercera parte)

  1. Daniel dice:

    Muy interesante. No sabía la historia relacionada con el palacio de Puchheim. No sé si será posible visitarlo pero estaría bien.

  2. Luis dice:

    Hola Daniel,
    me alegra que te haya parecido interesante el artículo. El palacio, vendido en 1993 por los Borbón-Parma, pertenece actualmente al municipio de Attnang-Puchheim y a la diócesis de Linz. Además de albergar un convento de monjes redentoristas, ocupan su espacio varios centros educativos (entre ellos, el conservatorio regional de música) y una galería de arte. Al menos, parece que este último espacio sí es visitable: http://www.galerieschlosspuchheim.at/

    Saludos,
    L.

  3. EL Ferl dice:

    Felicidades Luis!

    Como siempre un placer leerte!

  4. Luis dice:

    Gracias caballero 😉

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