Felix Baumgartner: el tonto´l pijo de la cápsula (con perdón)

Austria
A.V.D.

Ayer, a eso de las ocho y media (hora europea) el deportista austriaco Felix Baumgartner, llevó a buen término una de las gestas más caras, estúpidas e inútiles de lo que llevamos del siglo XXI. La elevación al cubo del chonismo más analfabeto.

15 de Octubre.- Mis lectores más atentos, habrán notado que, durante la última semana no he hablado del deportista austriaco Felix Baumgartner ¿Por qué? Sinceramente: solo de pensarlo, me daba bajón.

En Austria, cuando uno ve una lata de Red Bull, generalmente, la mano que la sostiene pertenece a un miembro de estos dos grupos de personas: a) una de esas tías que llevan un tatuaje tribal en la lorza que tienen encima de la rabadilla del culo (complétese el tatuaje con el tirachinas del tanga sobresaliendo de los vaqueros de cadera baja) o b) uno de esos futuros alcohólicos que empezaron a fumar a los doce años y que necesitan el Red Bull para levantarse el ánimo por la mañana.

Así las cosas, cuando uno divisaba en la televisión el globico famoso y a Herr Baumgartner metido dentro de la cápsula, uno no podía dejar de pensar en estos grupos de población en los que se centra el marketing de la compañía con sede en Salzburgo ¿Cuántas latas del insalubre mejunje habrán tenido que embutirse las chonis del mundo para que el tipo este pudiera hacer su excursión a la estratosfera?

El pensamiento número dos era: con perdón, ¿Dónde y cómo mea Baumgartner? (preguntarme por los residuos sólidos no hacía más que agravar la urticaria).

Seguramente, a muchos de mis lectores este tema les parecerá escatológico,  pero yo, francamente, no me desplazo ni a la vuelta de la esquina si no hay agua corriente (y con ella, sanitarios) y sólo de pensar en ascender a la estratosfera para tener que mearme encima, como hacía cuando era niño o, peor, en una botella, como cuando esté en la residencia de ancianos, en fin. Me da reparos.

Si hay que ir a la estratosfera se va, pero ir pa ná, que decía el castizo, es tontería.

Otra cosa: la broma le ha costado a Red Bull cincuenta millones de Euros. Cincuenta millones.

Ya como anuncio, el tema es caro de cojones (con perdón, pero es que a mí estas tonterías me encienden). Pero sigamos con el hilo del razonamiento: aparte de para una campaña de publicidad que es la elevación al cubo del chonismo más analfabeto ¿Para qué narices ha servido el salto famoso de Baumgartner? Lo voy a decir de forma suave: pa-ra na-da.

Cero.

Null, auf Deutsch.

El salto de Baumbgartner no ha arrojado luz sobre ninguna cosa desconocida. A efectos científicos, la estratosfera está estudiadísima; los efectos sobre el cuerpo humano de la caida libre, idem. Se puede decir sin temor que este tío ha arriesgado su vida por una tontería y que su riesgo ha costado cincuenta millones de euros ¡Con el hambre que hay en el mundo, señora! ¡Qué no harían las ONGs con cincuenta millones de euros! ¿Cuántos agricultores del tercer mundo podrían dar de comer a su familia si esos cincuenta millones se hubieran empleado, por ejemplo, en microcréditos de la organización de Vicente Ferrer?  ¿Cuántas operaciones de ojos hubieran podido ser financiadas con ese pastizal? ¿Cuántos programas de alfabetización?

El famoso salto fue transmitido para Austria, Suiza y Alemania por la cadena de televisión de Red Bull (que se llama Servus TV, por lo demás, una estupenda cadena de televisión) y, en directo, compareció vía telefónica Nikki (oreja a la plancha) Lauda. Otro motivo de alipori.

Nikki Lauda es, a este tipo de cosas, lo mismo que Ramoncín, antaño, era a los programas debate. Era plantearse un tema polémico sobre los jóvenes y allí estaba Ramoncín, cuarentón ya, diciendo vaguedades. Es plantearse un tema deportivo cualquiera y ahí está Nikki Lauda: la voz del pueblo (que bebe Red Bull).

Como habrán notado mis lectores, todo este universo Locutores Deportivos a mí me pone bastante del hígado. Ese saber inútil, árido, esa pretensión de inyectarle algo de emoción a tres horas y media de televisión que eran, en su mayoría, un plano fijo de un globo que se iba elevando hasta que se podía percibir la curvatura de la tierra.

Y luego, ese control “de la misión” (¡¿Pero de qué misión, bitte sehr?!) y ese tipo con el nombre de “colonel” que le iba diciendo al de la cápsula lo que tenía que hacer. Era todo tan infantil y tan ridículo…

En fin: aprovecho el final de este post (que irá a contracorriente, me temo) para avisar a mis lectores de que este, el blog en el que tienen su casa, va a estar en Modo Servicios Mínimos desde pasado mañana hasta el día 24 de los corrientes.

No faltará a su cita, porque habrá post diario como siempre (grandes éxitos de ayer, de hoy y de siempre) pero ni se contestarán comentarios ni se responderán correos.

¡Hasta la vuelta!

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5 Responses to Felix Baumgartner: el tonto´l pijo de la cápsula (con perdón)

  1. Xico Buarque dice:

    Grande Paco,

    !Buenas!

    Tras la última de RedBull («promocionando un evento de 50 años – ya que el «tío» americano había ya saltado desde el «stratos», puedo imaginar los próximos desafíos:
    _ Decubierta de América;
    _ Misión Ártico
    -Circunavegación terrestre 😉

  2. Elena dice:

    Paco tienes razon con lo que dices, solo se te olvida una cosa: la publicidad-a-toda-costa que buscan RedBull y muchas empresas. Por desgracia es inmensa la resonancia de tales actos suicidas. Tan tonto es que lo hace como los millones de tontos que lo admiran. Y eso es el objetivo.
    A mi no me gusta RedBull, demasiado azucar.

  3. Pingback: Palabras del año en Austria 2012 | Viena Directo

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