Stronach no tiene quien le escriba

Der Standard
El lector: esa especie que Stronach quiere proteger (A.V.D.)

 

El gremio de periodistas austriacos ha llamado al boicot de Frank Stronach en los medios, para responder al draconiano sistema de filtros que el millonario austrocanadiense ha impuesto, según él, para protegerse de los que están interesados en dar de él una imagen que no se corresponde con la realidad.

17 de Noviembre.- Aunque esté luchando por quitarme, la verdad es que, como muchos españoles, sigo teniendo la costumbre de tener la tele encendida mientras hago otras cosas, porque tengo la sensación de que el ruido me acompaña.

Hace un par de noches, mientras estaba escribiendo una cosa que, si todo va bien, mis lectores podrán disfrutar pronto, un griterío me sacó de mi concentración. Cual fue mi sorpresa cuando, al mirar la pantalla de la tele, me di cuenta de que, sin ser consciente, había sintonizado el aparato en un debate parlamentario que retransmitía la tercera cadena de la ORF.

Los partidos con representación parlamentaria, a través de sus sobreros y desechos de tienta, se tiraban los trastos a la cabeza  de la manera que les es peculiar y cotidiana, en una sesión que parecía tener por objeto el (apasionante, electrizante, ditirámbico) tema del presupuesto que el Estado austriaco destinará a deportes el año que viene.

Cuando se acalló un tanto el griterío, el orador que estaba en la tribuna siguió hablando con un aire macarra que, a mí, personalmente, me pareció inaudito. Sobre todo tratándose del parlamento (lo sé: soy un ingénuo). Pronto, los eficaces muchachos de la ORF me revelaron la identidad del energúmeno que, con un acento totalmente rupestre, escupía su discurso con singular desprecio. Se trataba del señor Stefan Markowitz, exdiputado del BZö (ultraderecha) y uno de los nuevos miembros del llamado Team Stronach.

Markowitz, por si todo lo anterior fuera poco, iba sin corbata y afeitado de aquella manera. En conjunto, componía una imagen que hacía pensar que, si se presentara a una entrevista de trabajo en la vida civil (o sea, esa en la que no cuentan los secretos de Jörg Haider que te callas y te hacen poderoso, y en la que no funcionan las agarraderas que te ha dado la política)  Herr Markowitz tendría pocas oportunidades de poder seguir ostentando el aire de seguridad, rayano en lo chulángano, que ostentaba.

“Vaya pesadilla para un asesor de imagen”, pensé. Y cambié de canal, porque soy un hombre al que le gusta la armonía y no puede aguantar escuchar a un maleducado más de tres minutos.

La misma idea han debido de tener los asesores de campaña de Frank Stronach (porque si Markowitz, en términos de relaciones públicas, es más difícil de vender que la honradez de Judas Iscariote, la buena reputación con la que Stronach cuenta es un milagro más intrincado que la dicción de Arnold Schwarzenegger). La cosa se resume básicamente en que a Frank Stronach le pones un artilugio grabador delante y es completamente imprevisible. Lo demostró en una entrevista que concedió al telediario austriaco de máxima audiencia, en la que se encaró con la presentadora y terminó soltando frases inconexas.

Para evitar que vuelva a producirse algo parecido, los asesores de campaña de Stronach han instaurado un sistema por el cual, todo periodista que entreviste al neopolítico tiene que entregar el texto final a la supervisión de Stronach, para que este le dé autorización para publicarlo, so pena de sufrir la querella correspondiente. Stronach, que tiene una idea muy curiosa de la libertad de prensa, ha justificado la medida diciendo que “una pluma puede ser más peligrosa que un revólver cargado”.

El gremio de periodistas austriacos ha llamado a boicotear a Herr Stronach y a no pedirle ni una entrevista hasta que deponga su actitud de convertir, todo lo que él se publique, en un publirreportaje. Stronach, ha respondido al llamamiento de boicot con una declaración escrita en la que se declara amante de “la verdad y la transparencia” . En el texto, que no tiene desperdicio, Stronach ha afirmado asimismo que su actitud tiene como objetivo protegerle ante los ataques de unos medios que están en manos de los que detentan el poder (Machterhalter) y en los que, él no lo duda, se van a publicar cosas (inciertas, que hubiera dicho Jesulín de Ubrique) al objeto de enemistarle con ese pueblo que le está esperando como agua de mayo.

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Un comentario a Stronach no tiene quien le escriba

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