Las alegrías inesperadas

Metro
A.V.D.

 

Los austriacos dicen que la alegría más grande es la que nace de la anticipación del placer (die grosste Freude ist die Vorfreude). Pero no es verdad: las mayores alegrías son las inesperadas.

3 de Diciembre.-  Hay días que empiezan mal pero que, al final, te dan alegrías inesperadas.

Hoy, por ejemplo, ha sido uno de esos. Me he levantado y, después de pasar por todas mis rutinas cotidianas (soy un hombre metódico al que le gusta hacer las mismas cosas siempre en el mismo orden, para no olvidarse de nada) he pasado la última check list. La que siempre nos pasaba mi abuela María (q.e.p.d.) antes de salir de casa.

(Parece que la estoy viendo. Pequeñita, sentadita en su silla baja, vestida de negro, en la sala de estar, cerca de la puerta de la calle. Tú salías, pensando que ella estaba traspuesta y que no te había visto, pero en cuanto escuchaba el pestillo de la puerta, abría un ojo superpenetrante:

-Francisco.

-Qué, agüela.

-Dónde vas.

-A Madrid, que he quedao con unos amigos.

-¡A Madrid! !To´l santo día en Madrid!Está en moda ahora, el puto Madrid –para mi abuela, decir que ibas a Madrid, aunque vivíamos a escasos diez kilómetros de la capital, era como decirle que ibas a Chechenia: un sitio lleno de peligros incontrolables y de gente de intenciones inconfesables.

Agüela, pero si Madrid está ahí al lao –sí: lo sé: nuestras conversaciones domésticas eran un poco “Aida”, pero mis lectores sabrán perdonarme.

-¿Y lo llevas todo?

-Síiiiiii.

-A ver –decía ella como si no pudiera creerselo, y es que, de hecho, no se lo creía- ¿Las llaves? ¿El pañuelo? ¿El autobús? –mi abuela se refería al abono transportes.

Uno entonces le iba enseñando las cosas, según ella las iba nombrando. Cuando se quedaba satisfecha –o así-, le dabas un beso –cómo echo de menos todavía el tacto de su naricilla helada en la mejilla- y la dejabas pensando en sus cosas. Cosas que eran, por ejemplo, el admirarse de que los americanos se empeñasen en hablar en inglés, cuando todo el mundo sabe que hablar español es muchísimo más fácil –dónde va a parar).

Pues esta mañana, me he tanteado los bolsillos buscando las llaves (check), el pañuelo (los uso de tela, como los viejos, que son mucho más ecológicos, los pañuelos, o sea, no los viejos; el caso es que check), la tarjeta del metro (check), móvil y cartera (check) pero al llegar al mp3…¿Dónde está el mp3? No estaba por ninguna parte. He revuelto cielo y tierra. Toda la casa. La bolsa que llevaba ayer, la del gimnasio –por si me había dado por meterlo y no me había acordado- cajones. Nada.

¡Qué desgracia, Dios del Sinaí! ¡Un mp3 nuevecito! (con unos auriculares que me habían costado, el viernes, para más inri, cuarenta euracos –que son de muy buena calidad, lléveselos; qué agujero en el bolsillo, madre-).

Total, que acongojado –iba a haber sido la primera vez que pierdo algo que esté en la check list de mi abuela María- me he ido a trabajar. Contrito. Sin nada en qué entretenerme. Observando cómo los abuelos frikis del metro viení iban espiándoles a las chonis lo que iban viendo en el móvil, sin poder quitarme de la cabeza el puñetero aparatejo perdido.

Sin embargo, por la tarde, ha venido a casa mi amigo Fernando (al que mis lectores conocen porque es la mitad técnica de Viena Directo). Al volver de lavarme las manos para la cena, he ido a poner bien la silla y hete aquí que, en un sitio totalmente insospechado pero totalmente inocente, he divisado el mp3 nuevecito, con sus auriculares naranja fosforito por si algún día se va la luz en el metro, para no perderme ¡Qué alegría me ha dado! Como la de llevar todo lo que llevo escribiendo este post acordándome de mi abuela María. Ha sido como volver a verla.

Articulo publicado en Qué me gusta. Guarda el enlace permanente.

2 Responses to Las alegrías inesperadas

  1. Bad Vöslauer dice:

    Cuánta razón tenían nuestr@s mayores!!! Antes de salir de casa hay que prepararse que uno no sabe lo que le espera ahí fuera en la jungla urbana, si es que una guerra es lo que necesitais vostr@s para que se os quiten todas esas tontainas de la cabeza die Oma dixit.

    Y en cuanto a lo del idioma estoy de acuerdo con lo fácil que es el Castellano para qué hablar esos idiomas que no se pueden ni pronunciar las palabras y que nadie entiende,además en el caso de los Norteaméricanos a excepcíon de los Estadounidenses Mexicanos son los que no hablan la lengua cervantina, y lo bien que les ha ido, que hubiera sido de ellos si hubieran utilizado la «Ñ» en su código habitual desde la creación de su unión.
    Es una cuestión a valorar socio-económicamente si con los mismo recursos influye quién haya sido tu metrópolis, en el posterior desarrollo económico. Sólo hay que ver que Sudáfrica(sajones y neerlandeses) es el 25% del PIB continental y que en el caso de América la excepción portuguesa de Brasil, deja muy a las claras que quizá dejaron escapar la joya de la Corona, y es que será cierto eso que dice el refranero popular «…más se perdió en Cuba»???.

  2. Bad Vöslauer dice:

    Me he ido del tema, perdón, pero en la cuestión del título creo que va implícito lo de inesperado en la alegría, si algo es esperado no podría causar alegría, puesto que es algo que esperas, o das por hecho, luego no hay sorpresa posible.

    Esto es muy de Herr Sigmund, asi qué lo dejaremos en aquello de (1,2,3,4).Ein Nachmittag Zwei Wasserglässern, drei KaffeTassern, und vier Zeitung o como fuera, fuese o seriase que diría algun@.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.