Por qué los austriacos no necesitan ser simpáticos

San Juan Bautista Caravaggio
Un cuadro no apto para menores (A.V.D.)

 

Quién me lo iba a haber dicho: una visita al Mc Donald´s puede ser fuente de curiosas enseñanzas sociológicas.

18 de Diciembre.- Esto de escribir un blog es lo que tiene: nunca sabes dónde te va a surgir un tema para el siguiente post.

Recordarán mis lectores (lo contaba el artículo de ayer) que el sábado estuve “bajo caminos” con el hijo de unos amigos. El chaval quería ver las momias del Kunsthistorisches Museum, así que allá que nos encaminamos. Durante más de hora y media estuvimos ocupados con aquellas mojamas, y tuvimos el crío y yo un serio debate sobre si las momias estaban vivas o si era solo cosa de las películas. A la hora y media de ver tipos pintados de perfil, al chaval y a mí nos entró hambre.

Un momento –dije yo- vemos un par de cuadros y nos vamos a comer.

Vale, pero solo unos pocos ¿Vale?

A toda prisa, para que al niño no se le acabase la batería, subimos a la sección de pintura del Kunsthistorisches. De reojo, vimos a Caravaggio (al chaval le pareció superfuerte una pintura que representa el degüello de San Juan Bautista, un tema, sin duda, no apto para menores). Pero mi objetivo no era ese. Ni siquiera el hermoso Sánchez Coello que cuelga en esa augusta casa. Sino la pequeña sala dedicada a los Velazquez.

Mira, A., mira qué cuadros tan bonitos. Son de un pintor español que se llamaba Velazquez.

El niño me miró y, en su frente, vi escrito: “Paco, no nos interesa. Déjate ya de cultura y vamos a comer”.

Y allá que fuimos, no sin antes comprarle al muchacho un juguete egipcio en la tienda del museo para que se acordase de aquel día.

Como ya nos picaba demasiado el gusanillo y no estaba la cosa para buscar alternativas más sanas, el chico y yo terminamos (oh fatalidad) en el McDonald´s. Estaba el establecimiento hasta la bandera de pijos húngaros. Los pijos húngaros se diferencian del resto de la gente en que consideran que el complemento indispensable para ir de compras de navidad son los pantalones térmicos de esquí. Aunque haga diez grados. Ellos, vestidos como para escalar el Everest.

Con el corazón en la boca, pensando que, en cualquiera de aquellas apreturas, iba a perder a niño, nos pusimos a la cola de una caja. Delante de nostros había un grupo de gente joven (importada) . Uno se da cuenta de que está empezando a dejar de ser joven cuando ya no se maneja en el McDonald’s (¿Qué sé yo si es eskinjed o yupi o salsa agridulce o salsa barbacoa? Ponga una, señora, y ya).  A lo que yo iba: presencié la siguiente escena. Uno de los tipos jóvenes, se puso a pedirle a la cajera (austriaca de ascendencia turca) una carga de esas marranadas que venden a un euro en el McDonald´s. El chaval se preocupaba mucho de sonreir y de ser simpático (cosa que también hacemos los españoles en situaciones semejantes) mientras que la cajera le atendía con una cara que era la máscara de la eficacia.

Y entonces, yo me puse a pensar en que en sociedades como la española, como la italiana, como la checa, como la húngara, como la rumana, ser simpático con alguien que tiene con nosotros el poder de hacernos la vida más fácil no es, como piensan muchos, producto del sol que nos sube la bilirrubina, sino una ventaja competitiva. Son sociedades mucho menos estructuradas que la austriaca. En Austria, más aún en Alemania, nadie se plantea que a cierto estímulo a (“me ponga un big mac”) le pueda suceder otra respuesta que b (“son equis euros”). En cambio, un español (o un rumano, o un italiano, o un checo, o un húngaro) instintivamente, tratará de que la persona que le está atendiendo se encuentre lo más confortable posible, por si puede modificar la respuesta a su favor (“mira, como eres tan majo, y ahora que no nos ve mi jefe, aquí tienes: un sobrecilo de salsa agridulce, carita de emperador”).

Estaba yo abstracto en estos pensamientos cuando me tocó el turno. Menos mal que el chavalín estaba a mano.

-Un japimil, bitte.

Como un robot, la dependienta realizó su cometido.

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Un comentario a Por qué los austriacos no necesitan ser simpáticos

  1. amelche dice:

    ¿Los checos? Son lo más antipático que me he echado en cara nunca. De lo más estúpido con los clientes. Increíble que Praga reciba cada año 10 millones de turistas y los sigan tratando a patadas. Hasta resoplan con cara de mala leche como dudes dos segundos en elegir cuál tour quieres comprarles o lo que sea. Te miran como si te perdonaran la vida por no ser checo. Impresionante.

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