El hipódromo de Freudenau: una pequeña joya escondida en el Prater

Tribuna principal
A.V.D.

 

En el bosque que rodea el Prater, ligera, encantadora, recuerdo de otros tiempos, queda una pequeña joya de la arquitectura de la Belle Epoque.

6 de Enero.- Como mis lectores saben, una de mis pasiones es la arquitectura y uno de los objetivos de este blog, dar a conocer joyas escondidas del patrimonio vienés (y quien dice vienés, dice de sus alrededores).

Hoy, vamos a dedicar un post a una de esas pequeñas alhajas arquitectónicas que se esconden en el Prater. Se trata del hipódromo de Freudenau, uno de los dos que tiene la ciudad, pues, a poca distancia, se encuentra el de Krieau, actualmente en remodelación.

El hipódromo de Freudenau, es un encantador conjunto de la Belle Epoque, que alcanzó su estado actual en 1870, gracias a las tribunas erigidas siguiendo los planos del arquitecto Carl von Hasenauer.

Hasenauer, vienés de pura cepa, fue alumno de los ilustres arquitectos austriacos van der Null y de Sicard von Sicardsburg (novios, y residentes en Viena, autores de la Ópera estatal y del Arsenal).  De von Hasenauer son un buen número de edificios del Ring vienés, proyectados en estilo historicista y mayoritariamente neobarrocos. La vida de Hasenauer, hasta que fue ennoblecido por el emperador Paco Pepe, estuvo plagada de obras de relumbrón.

Fue, por ejemplo, el arquitecto jefe de la exposición universal de Viena (la cual, por cierto, fue por lo demás un fracaso económico rotundo) y junto con su contemporáneo Semper, proyectó los dos museos gemelos: el Kunsthistorisches y el Naturhistorisches. También aportó su sabiduría para la construcción del Neuehofburg (el complejo palaciego que da a la Heldenplatz y que se terminó en 1913, mucho después de la muerte de Hasenauer) y, de su mano asimismo, salieron los planos de la Hermesvilla, lugar en donde se retiraba la emperatriz Isabel cuando estaba hasta los miriñaques del protocolo de la corte.

El estilo de von Hasenauer es decorativo y grandilocuente, pero en el hipódromo de Freudenau consiguió crear una elegante obra al estilo de la arquitectura del hierro, tan en voga por entonces. Es deliciosa la esbeltez de los pilares de hierro fundido que sostienen las cubiertas de las tribunas y el exótico detalle de culminar la principal, aquella desde la cual el emperador veía las carreras, con una cúpula de vago estilo oriental.

Pero sin duda, lo que más me ha gustado ha sido el pequeño edificio anexo, hoy bastante deteriorado y que se usa como almacén, que era la antigua casa de apuestas del hipódromo. Se conservan todavía muchos de los elementos originales, como las barandillas que distribuían la afluencia de público para el cobro de las apuestas, o los cristales coloreados que tamizaban la luz del sol hacia el interior.

Si mis lectores quieren ver más fotos de este bello edificio, no tienen más que pinchar aquí.

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