La polémica del baile neonazi ataca de nuevo

Hofburg
El Hofburg de Viena, esa joya arquitectónica (A.V.D.)

…O la historia de cómo el Baile de los Burschenschafter se transformó en el baile de los académicos…Y de cómo el FPÖ consiguió que, a pesar de todo, el baile en cuestión se siga celebrando en un marco incomparable.

10 de Enero.- Como mis lectores saben, Viena es la ciudad de la marmota. O sea, que todos los años pasan más o menos las mismas cosas. Esto pone en graves dificultades al bloguero que intenta informar de manera entretenida sobre el devenir de la ciudad y sus gentes porque, ¿Cómo darle un enfoque diferente a una cosa de la que ya hablaste trescientos sesenta y cinco días atrás?

Suerte que siempre nos queda el FPÖ.

Apelo de nuevo a la buena memoria de mis lectores.

Recordarán que, todos los años, se celebra en el Hofburg el WKR Ball, Wiener Korporationsring Ball, más conocido como Baile de los Burschenschafter (literalmente, “la muchachada”, como en aquel tango de Gardel).

El acontecimiento, amén de pertenecer al folklore de esta urbe, siempre resulta controvertido porque, junto con los inocentes  “muchachos” acude a deslizarse por el parqué del Hofburg lo más granado de la ultraderecha europea.

Para que nos entendamos: es como si Darth Vader convocara todos los años bajo el mismo techo a todos los partidarios del lado oscuro de la fuerza.

Para evitar en lo posible que semejante reunión de personas con dificultades respiratorias cantase mucho en 2013, el año pasado, el Gobierno austriaco tomó la decisión de prohibir que el polémico evento danzante se celebrase en los salones del Hofburg (un lugar que, a pesar de poder alquilarse, no deja de ser propiedad del Estado austriaco). Para sortear este veto, el FPÖ decidió cambiar el nombre del acontecimiento, que ha pasado a llamarse Akademikerball (Baile de los Académicos) y personarse como anfitrión del evento.

Una manera como otra de decir “a ver si hay webs de prohibir nada, ahora que lo organizamos nosotros”.

De esta manera le ataba las manos a la gerencia del Hofburg, que no puede vetar un acontecimiento organizado por un partido con presencia en el parlamento austriaco. Por mucho que el acontecimiento en cuestión tenga la miga que este tiene.

O sea, para el Hofburg, como si se tratase de un aburrido congreso de productores lácteos.

Por otro lado, el año pasado, como recordarán mis lectores, el Baile de los Burschenschafter terminó como el rosario de la aurora.

Manifestantes de izquierdas concentrados frente al Hofburg (separados de los asistentes al baile por sendas vallas y un cordón policial) increparon a los bailarines y a sus parejas llamándoles lo que no está escrito (y que, en algunos casos, por lo que ha trascendido, merecían) y arrojándoles huevos.

Asimismo, un periodista viení juró y perjuró haber escuchado a Strache lamentarse de lo embarazoso de la situación diciendo que “ahora nosotros somos los nuevos judíos y esta es nuestra noche de los cristales rotos”. Estando presentes en la sala un buen número de (presuntos) negacionistas la cosa no dejaba de tener su gracia siniestra, por no hablar de que, al contrario de lo que sin duda pensaba Strache, no estaba siendo nada ingenioso, sino que estaba citando a su mentor, Jörg Haider. Y es que, señores, el asesino siempre vuelve al lugar del crímen.

Parecía que, con las precauciones tomadas este año, el Baile de la Muchachada sería una balsa de aceite. Pues no.

El Ministro de defensa austriaco, Sr. Darabos (el cual, a este paso, entre unas cosas y otras, va a tener que desayunar todos los días una tortilla de aspirinas) prohibió el año pasado que ningún militar acudiese al WKR Ball de uniforme. No por chinchar, sino por evitar que los flashes dieran con personal militar acudiendo a un acontecimiento social tan turbio. Sin embargo, un diputado del FPö y oficial del ejército, Sr. Podgorschek, acudió al WKR Ball hecho un pincel pero con una indumentaria inequívocamente militar. El mando le multó con 70 euros. Multa que Podgorschek recurrió y recurso que, hace unos días, fue desestimado por el mando.

¿Podría haber este año otros que caigan en la misma tentación? No Podgorschek el cual, este año, lo tiene claro: “la ley es terminante al respecto: a los actos organizados por el partido se va sin uniforme”.

Ya veremos qué hacen sus colegas

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