Paradis: Glaube: otro peliculón de Ulrich Seidl

Maria grün
Crucifijo de Maria Grün, en el Prater (A.V.D.)

 

El cine austriaco está de enhorabuena. Primero, las cinco nominaciones a los Oscar y, ayer, el estreno de Paradis: Glaube (Paraiso: fe): un peliculón.

13 de Enero.- Esta ha sido una semana grande para el cine de EPR (Esta Pequeña República). En la bulliciosa urbe de Nuestra Señora la Reina de Los Ángeles de la Porciúncula (que sus habitantes conocen como el ei (L.A.) o lous enyeles) se dieron a conocer el jueves las candidaturas de los Oscar de este año.

Cinco nominaciones, cinco, recibieron nativos de estas tierras. Desigualmente repartidas, eso sí. Cuatro, fueron para el Sr. Michael Hanecke, más conocido como La Freude del Gemüsegarten (La alegría de la Huerta), y su película Amour;  y una, como mejor actor secundario, al Sr. Christoph Waltz, histrión que, desde que ganó la estatuilla con Inglorious Basterds está, como diría un amigo mío, que se sale de la bati.

De momento, con Amour no he tenido el gusto (la verdad es que la cosa me da un poco de perecilla, porque es una película que, como es tradición en Herr Hanecke, no es Aterriza como Puedas, las cosas como son) pero sí que tengo ganas de ver Django Unchained, más que nada para confirmar mi teoría particular sobre Tarantino que es (dos puntos) a Tarantino, los principios de película le quedan fenomenal, pero se enreda, se enreda, y no sabe acabarlas.

Otro motivo de alegría para los cinéfagos austriacos y del mundo mundial es que ayer se estrenó en salas comerciales Paradis: Glaube, de Ulrich Seidl, sobre cuya controvertida acogida ya informábamos en este blog en septiembre pasado.

Pues bien: como soy fan, ayer me planté en el Apollo Kino, mi cine de cabecera y estuve viéndola. Personalmente, me gustó más Import/Export, pero Paradis:Glaube es también un peliculón.

Resumo el argumento: la película trata de una mujer ultracatólica, enfermera, que vive para su religión, la cual vive desde una perspectiva rigorista. O sea: cilicio, fustigación para atajar los picores de la carne, rezos cotidianos, etc. Una especie de Doña Quijote de la Fe, que se toma muy en serio lo del proselitismo y, armada con una imagen de la Vírgen, va por los barrios de Viena predicando la devoción mariana. Un día, al volver de una de estas excursiones, se encuentra con que su marido, paralítico y, para más inri, musulmán, ha vuelto a casa, con lo cual la convivencia entre las dos personas se vuelve muy tirante hasta el desenlace de la trama, que no voy a contar.

El mérito principal de la película, bajo mi punto de vista, es que funciona a muchísimos niveles, y no sólo al nivel de crítica de la religión en el que se quedan los observadores más superficiales (y más tontos). El personaje de Maria Hofstätter puede verse, por ejemplo, como un símbolo de cierta Europa,  y su marido puede hacer las veces de los ciudadanos musulmanes que han venido para quedarse y que, para cierta gente, son huéspedes de lo más incómodo. Unas personas que no ven la necesidad de adquirir ciertos hábitos civiles que para un europeo de raíz cristiana resultan completamente indiscutibles, como la aceptación de la igualdad de la mujer y el abandono definitivo de su sumisión al varón, por ejemplo.

Puede verse también, efectivamente, como una crítica a la Iglesia. El personaje de Maria Hofstätter hace todo, pero todo, todo, lo que El Vaticano dice que los católicos deberíamos hacer y, cumpliendo a rajatabla con todos los preceptos de la curia de Roma, se convierte en un ser marginal que es incapaz de funcionar en el mundo con normalidad.

Paradis: Glaube puede ser también una crítica de cierto concepto de las relaciones, pues el personaje de Maria Hofstätter es una persona que sólo concibe las relaciones amorosas como subordinación a los intereses del otro. Primero, su marido musulmán que la trata como un trapo. Después, Jesucristo, el cual no la trata muchísimo mejor y es para ella una figura lejana, un crucifijo mudo que nunca habla, a pesar de la obstinación de la mujer (y de todos los creyentes, me temo) en que todas las cosas que nos pasan adquieran un significado trascendental.

En muchos momentos, la película parece ser una advertencia en contra de la delegación de responsabilidad que constituye la religión mal entendida. Una exhortación a que todos cojamos nuestro toro por los cuernos, y tomemos las riendas de nuestras propias existencias sin fiarnos de esa Virgen que, como en el chiste, nos dice que no corramos.

Lo demás, la escena de la masturbación con el crucifijo incluida, son solo detalles accesorios. Por cierto: yo me considero católico y la escena en cuestión, piedra de escándalo, me pareció una tontería. Hay gente que se escandaliza por cualquier cosa. A mí, hubo momentos de la película que sí que me hicieron removerme en el asiento, y ninguno estuvo relacionado con los símbolos religiosos, sino con las relaciones humanas.

El trailer, aquí.

En resumen: una película muy recomendable. Como de Ulrich Seidl, vaya.

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4 Responses to Paradis: Glaube: otro peliculón de Ulrich Seidl

  1. Gonzalo dice:

    Hola Paco,

    No he visto ni Amour ni Paradise: Glaube, así no que me aventuro. Si ví la primera de la trilogía, Paradise: Liebe, y me pareció patética y triste, por este orden. Si hay que reflejar de forma hiperrealista la naturaleza humana, me quedo con Haneke, donde hay maldad y debilidad pero también hay luz, mucha luz. También coincidí en ver la entrevista a Seidl que A. Wolf le hizo el martes pasado en ZIP a propósito de la denuncia en Italia por blasfemia y, como era de sospechar, la elección de la parafernalia católica, que no religiosa, no es casualidad. Cada uno es hijo de su historia. El bueno de Armin terminó con una pregunta retórica: por qué ninguna de sus películas deja la puerta abierta a la esperanza. Su respuesta fue que no la hay. Creo que un artista está obligado a abrir caminos por los que transitar. Un cine así no traspasará los límites de su tiempo para deleite de unos cuantos y cabreo de muchos.

    Un abrazo,
    Gonzalo

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