Crueldad y morbo en la selva: la última caida de Helmut Berger

Anarquía vegetal
A.V.D.

 

El actor austriaco Helmut Berger, que durante los sesenta fue proclamado «el hombre más hermoso del mundo» está viviendo un ocaso amargo cuyo penúltimo acto se ha desarrollado en un escenario imprevisible: la selva tropical.

14 de Enero.- Cuando a uno le entran ganas de creer en el ser humano, no tiene más que poner la RTL y se le pasan rápidamente.

Hoy por hoy, la RTL es la productora de formatos de telebasura líder a nivel mundial. Muchas de las mierdas (sin perdón) con las que se embrutece la gente también provienen de esta emisora que es exactamente igual que su público: la ética se la refanfinfla.

La última ha sido la siguiente: tras varias temporadas, el formato “La selva de los famosos” andaba algo alicaido. En primer lugar, porque cada vez hay menos materia prima (o sea, menos famosos) de los que tirar. En esta última temporada, los que se han ido a Cayo Cocos (o donde sea) a que les corran cucarachas por encima de estrellas no tienen ni media chispa.

Para levantar un poco las audiencias, se necesitaba polémica y los directivos de la RTL perpetraron con ese objetivo una de las farsas más crueles que se hayan podido ver en la televisión en años.

Helmut Berger, austriaco, el que durante los sesenta y los setenta fue bautizado como “el hombre más bello del mundo” (también, desgraciadamente, uno de los más inestables mentalmente) vive semirretirado desde los noventa, aquejado de un grave problema de alcoholismo.

Desde hace mucho tiempo, prácticamente desde la muerte de Visconti, del cual fue “muso”, Herr Berger ha ido rodando por la cuesta abajo de sus problemas con la botella.

Sus borracheras y, por qué no decirlo, su “boca chancla” le han ido convirtiendo no ya en una ruina física, sino también en alguien con quien nadie en su sano juicio iría ni a la puerta de la calle.

Empobrecido, abandonado de todos, Herr Berger, debido a sus adicciones y a eso que decía mi abuela de que “a las putas y a los toreros, a la vejez los espero” pasaba por gravísimos problemas económicos cuando la RTL publicó a bombo y platillo su fichaje por “La selva de los famosos”.

Desde el principio, era evidente que un enfermo como Herr Berger el cual, además, vive atado a la frasca del Valdepeñas (o del Welschrisling, que para el caso es lo mismo) , no aguantaría nunca las duras condiciones de la selva. Sin embargo, RTL siguió adelante con el tema.

Se embarcó a Berger en un avión en el cual montó la gresca que siempre montan los borrachos cuando no tienen alcohol a mano. Se encaró con las azafatas cuando, visto su estado de embriaguez, se negaron a servirle más cerveza y, a tanto llegó el pifostio, que el avión estuvo a punto de aterrizar a mitad de la ruta para librarse de pasajero tan molesto.

Una vez en la selva, Berger, visíblemente bajo la influencia de medicamentos que le permitían minimizar los efectos del síndrome de abstinencia, se pasaba todo el rato sentado, ausente, sin tomar parte en las gilipolleces de las que, de ordinario, están compuestos estos programas.

La RTL, que contaba con Berger, ya que no como reclamo cárnico, sí para que montase gresca, se dio cuenta de que la cosa no podía seguir así y que, muy probablemente, podría ser el remedio peor que la enfermedad si Berger se les moría en mitad del programa.

Así pues, inventaron un subterfugio: en el programa, hay un personaje, un tal Dr. Bob, que se encarga de velar por la seguridad de los reclusos. Fue este hombre el que dijo que, por razones médicas, Berger debía abandonar el programa. Ipsofactamente, se le montó en un avión y se le llevó a un lugar secreto en donde, sin duda, la RTL ya está gestionando el morbo que suscitará su reaparición.

Ocho millones de personas (por llamarles de alguna manera) vieron en Alemania el último acto de la decadencia de Berger. En Austria, como media, unas trescientosmil.

(Por cierto, la cadena tiró rápidamente de banquillo: el sustituto de Berger se llama Klaus Baumgart y es un cantantastro de ese chunda chunda que tanto les gusta a los alemanes, clicken y vean).

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