Richard Lugner ya sabe con quién irá al baile

Retro
A.V.D.

 

Como todos los años, Richard Lugner, el empresario austriaco, ha presentado a quien será su invitada especial al baile anual de la Ópera Estatal. Una estrella, ha dicho pero ¿Lo es? En el tendido hay división de opiniones.

18 de Enero.- Como todos los años, el Baile de la Ópera empieza a calentar motores.

Desirée Treichl-Strügkh, su directora (1964, Bad Radkersburg) ya presentó hace días el programa del acontecimiento (se puede ya ver en la web de la Ópera Estatal) y, probablemente, la buena de Desi se encuentre en estos momentos cerrando los últimos flecos de los preparativos para que, el día 7 de Febrero, la Ópera Estatal y sus alrededores se conviertan en la pesadilla de cualquier activista antiglobalización  y Austria pueda emitir al mundo su segundo publirreportaje más importante del año.

Este, por tanto, será el primer post de este año (y no el último, creo) dedicado a los chafardeos que siempre suscita el Baile de la Ópera.

Como todos los años, en algo que ya se ha convertido en un clásico de la cultura basurilla de Austria, Richard Lugner presentó a la persona que le acompañará al baile.

Aprovechó Lugner para la rueda de prensa los locales del centro comercial del que es propietario. Le acompañaron en las labores de presentación el grupillo de juguetes rotos que son parte de su guiñol: su yerno, con su melena rubia Timotei, su novia (o así) apodada Katzi (gatita), la cual, una vez superados felizmente sus problemas con la anorexia posó a la defensiva con su nariz operada, su delantera siliconada y su rostro de mujer profundamente infeliz. La única que parecía a gusto, porque, sospecho, es en realidad la más inteligente del clan, era Christina Lugner (alias Mausi), primera esposa del protagonista del evento. Una avezada mujer de negocios que, en el clan Lugner, es la única que parece saber dónde tiene la mano derecha.

El industrial , como es costumbre, intentó crear expectación días antes de la rueda de prensa, dando algunas pistas sobre quién sería su acompañante.

Una mujer, con hijos, ganadora de un Oscar de Hollywood y totalmente libre de escándalos (Skandalfrei).

Esta última precisión era importante porque, el año pasado y para soponcio de la buena de Desi, Richard Lugner no tuvo mejor idea que invitar a Ruby Rubbacuore, una de las querindongas de Silvio Berlusconi y testigo de cargo del proceso por prostitución de menores que, aún hoy, aflige al anciano ex mandatario italiano entre sesión y sesión de implante capilar.

Emoción, ingriga y dolor de barriga en los medios del ramo ginecológico.

A estas alturas de la película no hay mucha gente que se atreva a salir con Lugner en una foto –piensen mis lectores en los tiempos dorados de Jesús Gil- pero, por suerte para el empresario austriaco, el mercado de estrellas en apuros económicos siempre es amplio. Debido a esto, es poco probable que Lugner tuviera muchas dificultades para fichar a la actriz estadounidense Mira Sorvino. La cual, no ofrece dudas, es mujer, ganadora de un Oscar (lo obtuvo en 1996 por Poderosa Afrodita, de Woody Allen), tiene hijos (cuatro churumbeles nada menos) y, por supuesto, está totalmente libre de escándalos.  Lo cierto es que, a pesar de lo que pone en la Wikipedia, la carrera de la señora Sorvino desde que ganó el Oscar gracias a Woody Allen no ha sido especialmente brillante. Suponemos que porque, como buena madraza de ascendencia italiana, Ms. Sorvino se ha dedicado a la crianza de sus chiquillos. Hace por lo menos seis o siete años que Sorvino no aparece en los papeles por nada destacado y, la verdad, designarla como “estrella” resulta bastante arriesgado incluso en un país en donde David Haselhoff da giras y conciertos (!!!) enfundado en inenarrables americanas de lentejuelas.

Todos los miembros del clan Lugner tenían ya preparada una excusa para poder admitir sinceramente, que la vida y milagros de la sra. Sorvino, salvo por el Oscar, les chupaba un pie. Digooo, les era totalmente desconocida. El patriarca, Herr Lugner, adujo que él se había pasado la vida trabajando para levantar su emporio (en esto, se parece a Arturo Fernández en La Casa de los Líos) y que, por lo tanto, no había tenido tiempo para ver la tele.

Katzi argumentó que, en 1996, ella era una niña pequeña que estaba más preocupada por las Barbies que por las películas de Woody Allen –es que Lugner, señora, podría ser su bisabuelo-.

En esto, como siempre, Christina Lugner fue una excepción. Radiante, se mostró ante la prensa encantada de poder conocer a la buena de Mira y dijo admirarla muchísimo como actriz y como persona.

La pregunta es ¿Sabrá Mira Sorvino dónde se está metiendo? ¿Habrá hecho una búsqueda rápida en el tutubo para ver quién le va a pagar el viaje a Viena? Y si lo ha hecho ¿Será su situación financiera tan achuchada como para tirarse al aborígen?

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