De maricones, chulos y neonancis

Repartiendo
Una de las personas que deben abandonar su vida disipada y mudarse a barrios más modestos (A.V.D.)

 

Los españoles tendemos a utilizar determinadas palabras con gran ligereza. En esto, nos diferenciamos de los austriacos los cuales, por lo general, tienen mucho cuidado con el vocabulario que utilizan. Bueno: unos más que otros, esa es la verdad.

25 de Enero.- Hay una cosa en la que los austriacos y los españoles nos diferenciamos. Pero además, mucho. Y esa cosa es nuestra encantadora afición al insulto, al exabrupto y a la interjeción.

Los españoles los usamos tanto, que poco a poco los tacos han perdido su peso y se han convertido en una parte más de la conversación.

Los austriacos sin embargo tienen muchísimo cuidadín con los términos y es MUY peligroso tratar de hablar en alemán como se habla en español aunque se domine la terminología. Por muy inofensiva que nos parezca una palabra, soltarla en mitad de una charla puede tener unas consecuencias más devastadoras que una bomba nuclear lanzada por Pion Yang.

Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, así que empiezo con una historia real de la vida misma.

Yo tengo un amigo indígena con el que me llevo muy bien y, como soy un jachondo mental, pues estoy con él siempre de broma. Este amigo mío habla un español aseado pero limitadito, o sea que si yo le digo “anda pisha, no seas agarrao, tírate el rollo  e invítate a unas birras” es probable que no me entienda. O que me pregunte qué significa pisha.

Ya me entienden mis lectores.

En fin: A veces, estando de coña, yo le digo a él palabras para que vaya aprendiendo elementos del mundialmente conocido gracejo celtíbero  y hete aquí que, entre cañas, le dije un par de veces que “ya valía de hacerse el chulo”. Esta terminología es, en español, absolutamente inofensiva, y remite a los patios del recreo (“seño, Kevin Costner de Jesús –un poner- se está haciendo el chulito”). Digamos que, en la escala de Richter del insulto, este sería uno al alcance de mi sobrina Ainara.

Peeeeero (siempre hay que contar con el pero) mi amigo que, como todos los austriacos, es muy dispuesto, un día miró en internet qué significaba “chulo” y dio en que era un sinónimo de “proxeneta” (zuhälter, que se dice en lengua vernácula) y a él, la verdad, el vocablo no le pareció ni tan inofensivo ni tan lustig. De nada sirvió que yo intentase explicarle que “Pichi” (famoso protagonista del chotis de Celia Gámez) “era el chulo que castigaba de El Portillo a La Arganzuela”. El que yo le dedicase semejante calificativo le pareció, como poco, raro por mi parte.

Otro caso palmario es la palabra “maricón”.

Que levanten la mano aquellos de mis lectores que, en una pachanga futbolera, no le hayan dedicado a un colega este homenaje después de marcar un tanto que a priori parecía imposible o que, ante la sospecha de hallarse enfrente de un pusilánime, no hayan picado su amor propio dicéndole “anda, no seas maricón y enciende ya la mecha del petardo”. Pues bien, si cualquiera de estas dos situaciones se hubiera producido en Austria, y en vez de maricón, la palabra hubiera sido Schwuchtel (quédense con ella, que volverá a salir) nuestro interlocutor hubiera empalidecido, hubiera tragado saliva y, probablemente, hubiera llevado el tema mal, pero que muy mal.

Tan mal que, el uso de este denuesto, en determinados contextos, puede costarte una denuncia ante la policía. Tal le ha sucedido al Sr. Wolfgang Kitzmüller, viejo conocido de mis lectores por haberse llevado una multaca a causa de haber acudido al presuntamente baile neonanci del Hofburg, vestido de uniforme militar.

Herr Kitzmüller, que amén de otras cosas debe de ser también un bocachanclas, la ha vuelto a liar.

“Resulta de que” la ciudad de Linz le ha dado 144.000 euros a la asociación gay de la zona (conocida como HOSI Linz) al objeto de enjugar un poco las deudas que dicha asociación, tan necesaria por otra parte, tiene contraidas.

Esto, a Herr Kitzmüller, le ha parecido fatal y, presa de la ira, ha hecho unas manifestaciones en Facebook del tenor siguiente:

«Ab mit den Schwuchteln hinters Voest-Gelände» lo cual podría traducirse por „Fuera con los maricones –dije que volvería a salir- y con ellos a las instalaciones (gelände)de Voest” (VOEST, antigua empresa pública metalúrgica austriaca).

Se da la circunstancia de que los antiguos terrenos de la VOEST (hoy un barrio de casas modestas) fueron antes y durante la última guerra mundial las instalaciones de la Herman-Göring-Werke y, como tales, un campo satélite de Mauthausen en donde los homosexuales, como es sabido, eran asesinados despiadadamente.

Dada la posición ideológica de Herr Kitzmüller  y los antecedentes antes expuestos, el Partido Comunista Austriaco (KPÖ) le ha metido un querellón a Herr Kitzmüller por apología del nazismo. Dicho querellón ha hecho que el ardor guerrero de Herr Kitzmüller se enfríe drásticamente. En declaraciones a Die Presse, después de convenir en que quizá se le había ido un poquitín la mano en la elección del vocabulario, ha dicho que lo de mandar a los gays a los terrenos de la VOEST era una mera descripción “económica” del asunto y una exhortación a que los gays y las lesbianas dejen su estilo de vida despilfarrador, que les lleva a contraer deudas, y a asentar el local de HOSI en un lugar mucho más modesto.

Además, Herr Kitzmüller ha argumentado que, a pesar de no ser Schwuchtel un término lo que se dice elegante, sí que es verdad que es de uso común (por lo menos en los ambientes en los que se mueve Herr Kitzmüller, aunque no se sabe si en el tono en el que Herr Kitzmüller lo ha utilizado, y habría que ver cómo hubiera reaccionado Herr Kitzmüller si le hubieran llamado Schwuchtel).

El secretario general del FPÖ, Sr. Harald Vlimsky, aún admitiendo lo desafortunado de las declaraciones de Kitzmüller, ve en el caso una clásica maniobra comunista.

En fin, si él lo dice…

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3 Responses to De maricones, chulos y neonancis

  1. Martín González dice:

    Saludos Paco. Me has recordado lo que dijo el inefable Zizek -y no sé hasta que punto resulta una voz autorizada, pero en fin -: «Otra cosa que me molesta en el multiculturalismo es cuando me preguntan: «¿Cómo puede estar tan seguro de no ser un racista?» Mi respuesta es que hay una sola manera: cuando se puede intercambiar insultos, bromas brutales, chistes sucios, con un miembro de una raza diferente, y ambos sabemos que no hay detrás una intención racista. Si, por el contrario, jugamos el juego políticamente correcto, «Oh, cómo te respeto, qué interesantes son tus costumbres…», es racismo invertido, y es repugnante.» http://www.palalbedrio.com.ar/externos/zizek2.htm

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