¡Salvemos el Beso Negro!

El beso
En Alemania, bendita tierra, donde puso su trono el amor/ solo en ella, el beso encierra/armonía, sentido y valor (y merengue) (A.V.D.)

 

El lado friki más encantador de este país se ha vuelto a despertar debido a una particular (y dulce) cruzada.

5 de Febrero.- En su estupendo diccionario de uso “Das österreichische Deutsch” (el alemán austriaco), Robert Sedlaczek lo explica perfectamente. En la última década del siglo XIX, la empresa Niemetz, radicada en Linz, inventó un dulce consistente en una cápsula de galleta y chocolate fino rellena de merengue (en realidad el proceso de fabricación es a la inversa: primero, se pone la galleta, luego, se rellena de merengue y, por último, se recubre el conjunto de chocolate fino). En el norte y el oeste de Alemania, a este dulce (algo soso, ya aviso) se le llamó Negerkuss (literalmente, beso negro) y en el resto del país, Austria incluida, Mohrenkopf (cabeza de moro, en el sentido que “moro” tenía para nuestros ancestros o sea, habitante de la tierra que abarcaba el actual Marruecos y el África occidental que conocieron nuestros abuelos, los romanos).

Los austriacos, como son muy golosos, dieron en redondear el placer recubriendo parte del dulce con virutas de coco y así, con y sin virutas, se venden actualmente. Con otra denominación, eso sí. Tras la guerra, se impuso lo políticamente correcto y los Besos Negros y las Cabezas de Moro, por aquello de que recordaban peligrosamente a la nomenclatura del tito Adolfo, pasaron a ser Schwedenbomben (Bombas de Suecia) en Austria y Dickmanns (Gorditos) en la tierra de Cruella de Merkel.

Antes de seguir, abro un paréntesis para decir que estas dos denominaciones no son, ni mucho menos, la excepción, y que austriacos y alemanes han sentido particular inclinación por bautizar dulces con nombres de ciertas minorías étnicas. Aún es muy popular en Austria el Mohr im Hemd (moro en camisa) y, aunque ahora suene muy salvaje, todos los niños austriacos que ahora tienen mi edad comieron Negerbrot (pan de negro) que era un bollo, si no me lo han explicado mal, cubierto de chocolate. Claro está que nosotros también tenemos nuestro Brazo de Gitano (aquí se llama Roulade, por cierto). Se cierra paréntesis.

Pues bien: resulta que la centenaria empresa Niemetz se declaró en quiebra hace poco, víctima de la carestía del cacao, su principal materia prima, cuyos precios han subido como la espuma que llena las Schwedenbomben. El riesgo de desaparición de la compañía ha puesto en marcha la solidaridad de varios miles de golosos, los cuales, incluso, han fundado un grupo en Facebook para detener lo que ellos consideran que sería una catástrofe irreparable: la desaparición del mercado de las Schwedenbomben. Para ayudar financieramente a su empresa, han empezado a comprar estos dulces en cantidades industriales, por ejemplo en la tienda que Nemetz tiene en Rennweg. Según informaba hoy la edición digital del Kurier, ayer se vendieron, entre la una de la tarde y el cierre de la tienda (las siete más o menos) 3000 unidades de las famosas bombas suecas. A los fanes y fanas del dulce poco les importa que una sola de sus delicias favoritas tenga 65 calorías (¿Diabetes? ¿Qué es eso, bitte?).

Lo de las Schwedenbomben se ha convertido casi en una cruzada patriótica. La productora de energía solar Siko Solar, que está situada en Tirol, incluso ha proclamado un “Día de las Schwedenbombe” (imaginen mis lectores lo que hubiera sido un “Día del beso negro”, no lo quiero ni pensar) y ha repartido 864 unidades entre sus trabajadores.

La buena noticia: debido al aumento de las ventas (Facebook es lo que tiene), Niemetz ha podido remontar sus cifras y reanudar la producción como en sus mejores tiempos. A ver si dura.

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