Especial elecciones en Baja Austria y Carintia: todas las claves

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Parece que, de momento, los nuevos tiempos van a tener que esperar (A.V.D.)

 

La actualidad manda y, como siempre, Viena Directo te trae las claves. Hoy en un post especial.

4 de Marzo.-  A ver, que hoy tenemos mucha tela que cortar: ayer hubo dos comicios regionales (Baja Austria y Carintia) y, a estas horas, se puede decir que la gente todavía no se ha recuperado de la sorpresa que han producido los resultados.

Se ventilaban tres cuestiones:

  • ¿Conseguiría Erwin Pröll (ÖVP,Partido Popular) revalidar la mayoría absoluta por tercera vez consecutiva?
  • ¿Cómo sería el comportamiento de los electores carintios frente a un FPÖ acorralado por los procesos judiciales y por las crisis originadas por su nefasta gestión económica?
  • ¿Qué tal funcionaría el partido de Frank StronachTeam Stronach– en sus primeras elecciones de verdad?
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Baja Austria: el feudo conservador por excelencia (A.V.D.)

 

Empezando por la primera cuestión: Erwin Pröll, si bien con cierto desgaste, mantuvo la mayoría absoluta. Y el desgaste, claro, se debió principalmente al serio marcaje al que le sometió el propio Frank Stronach, en forma de improbable candidato a la presidencia del land.

Nos queda mucho por ver en este año –se me abren las carnes sólo de pensarlo-, pero es probable que la campaña de Frank Stronach haya sido una de las más sucias (además de las más pueriles) que haya registrado EPR en toda su historia reciente. Un estilo de patio de recreo (“Pröll, no seas cobardica –weichei– y enfréntate a Frank Stronach”, era uno de los eslóganes) que, por lo que parece, le gustó lo suficiente a los votantes para darle a Stronach un bonito resultado de dos cifras.

El percal al que se enfrenta el FPÖ

Pero sin duda, lo más destacado del día de ayer fue la debacle histórica que sufrió el FPÖ en Carintia: la formación amiga de los niños (arios, naturalmente) ha perdido nada más y nada menos que veinticinseis puntos con respecto a las anteriores elecciones. La derrota más abultada de los últimos cincuenta años. Una debacle que puede y debe verse, sobre todo, como el último capítulo de una era en la historia de Austria: la que empezó a terminarse el día en que Jörg Haider se estampanó contra un muro al volante de su lujosa berlina.

El desmontaje del mito Haider ha sido largo y no poco traumático. El político fallecido había construido a su alrededor una red clientelar y de culto a la personalidad  que, durante los últimos cuatro o cinco años ha funcionado en piloto automático pero cada vez peor hasta que ha terminado por colapsar.

Hoy por hoy Strache, el líder del FPÖ a nivel nacional, tiene un serio problema. Por un lado, Stronach ha roto su monopolio en el caladero del “voto protesta” (en Austria, el descontento contra los partidos establecidos está alcanzando a casi todas las capas de la ciudadanía); por otro lado, la debacle histórica –de manera menos dramática también en Baja Austria- ha hecho que el FPÖ pierda su imagen de partido vencedor en consante ascenso.

De momento, durante el día de hoy han empezado a pasar cosas. Strache ha anunciado Facebook mediante que pretende meter en cintura a los descarriados carintios devolviendo el FPK (rama carintia del FPÖ) a la casa común y, por lo tanto, a su disciplina. Vía Feisbuk también y haciendo gala de una modestia encomiable (ejem) se ha mostrado muy fastidiado ante la imposibilidad científica de ser clonado y presentarse como candidato en las elecciones regionales de los nueve länder austriacos. Este dicterio dirigido a las propias filas tiene dos lecturas: a) como decía Charles Chaplin haciendo de Hitler en “El gran Dictador”, que Strache piensa que está rodeado de “inútiles y estériles secretarias” (o sea, que la política es como el amor solitario y que nadie da el último toque como uno mismo) y b) que él es cada vez más consciente de padecer el mal que ha aquejado a la ultraderecha austriaca desde los tiempos de Haider. Es decir: las formaciones de ultraderecha suelen ser estructuras piramidales en las que todo el esfuerzo de marketing se centra en crear una imagen de líder-Gran Hermano-Superhombre. El problema de esto es que los partidos de ultraderecha austriacos se convierten muy fácilmente en un one man’s show. Y claro: partido necesita caras conocidas que las personas puedan votar. Efectivos que puedan ocupar posiciones de poder en el caso que las urnas sonrían a sus siglas.

Strache und Gudenus
Hoy por hoy, el FPÖ es Strache y solo Strache (A.V.D.)

En este momento, el FPÖ es Strache. Sólo Strache y nada más que Strache. Y eso, de cara a representar una alternativa de gobierno a nivel nacional es extremadamente problemático.

Barbara Rosenkranz, candidata en las elecciones de ayer en Baja Austria, ha quedado barrenada por los resultados electorales. En Viena, Gudenus aparece en pie de igualdad con el Gran Jefe en la cartelería pero nadie le conoce. En fin: para qué seguir.

Por cierto, con el objetivo de despejar el camino de la renovación, Kurt Scheuch, jefe del FPÖ en Carintia, ha presentado hoy su dimisión “voluntaria”. Su sustituto, por cierto, acaba de cumplir cuarenta años y algo me dice que, un día de estos, voy a tener que dedicarle un post.

Stronach: el hombre que siempre quiere más.

Para terminar con este análisis, la tercera cuestión: Stronach. A pesar de los pesares, el millonario austro-canadiense consiguió ayer movilizar a parte del voto ágrafo (con todos los respetos) que, tradicionalmente, se moría por los huesos de Strache y su estrategia de decir “de que no” a todos los temas que se ventilaban.

Si, la última vez, los carintios votaron a un muerto (Haider) se puede decir que ayer los votantes de Stronach se decantaron por un ectoplasma, o quizá  por un concepto, el de protesta sistemática. Como candidato, Stronach no se ha personado casi en ningún mítin –a pesar de que optaba teóricamente a la presidencia de Baja Austria- e incluso ayer no asomó el jeto para darle las gracias a quienes le habían votado.  Lo que está claro es que Stronach se ha convertido en un factor. Con pocas posibilidades de durar a largo plazo por lo que, en tiempos de Franco, se llamaba eufemísticamente “el hecho biológico” (vaya: que Stronach tiene los ochenta y la estadística juega contra él). Aunque todavía le quede mucha guerra que dar.

Hoy, Stronach ha dado una rueda de prensa esta mañana a la que se ha presentado algo renqueante y se ha mostrado algo decepcionado por los resultados conseguidos (“yo siempre espero más”, ha dicho). Se conoce que, Stronach, empresario al fin y al cabo, pensaba que, por lo que le está costando el guateque, obtendría un número de votos suficiente para tocar poder. Por lo demás,  el millonario austro-canadiense ha manifestado asimismo su intención de presentar su candidatura a canciller en las elecciones legislativas del próximo otoño. Si Strache se lamenta de no poder ser clonado (le duele la cara de ser tan guapo), Stronach va a tener que protestar ante el buen Dios por no haberle concedido el don de la ubicuidad. Por razones tributarias, debe pasar por lo menos seis meses al año en Canadá, para no tener que pagar sus impuestos en Europa, cuyas leyes fiscales son mucho menos compasivas con los riñones bien cubiertos.

Ya veremos cómo se las apaña.

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