El pasado nazi de la filarmónica de Viena

Desde que un amigo del Ministro de Propaganda, Josef Goebbels, loinventó, el Concierto de Año Nuevo nos alegra la primera resaca de cada año. No es lo más problemático del pasado nazi de la orquesta más famosa del mundo.

12 de Marzo.- La Orquesta Filarmónica de Viena es, sin duda, la formación musical más conocida del mundo. Es, también sin ninguna duda, una de las mensajeras privilegiadas de esa imagen azucarada que Austria ofrece al mundo en determinadas ocasiones. Una imagen que empezó a forjarse en la posguerra mundial, cuando los austriacos decidieron enterrar el durísimo pasado nazi bajo toneladas de sacarina. Romy Schneider corriendo por prados filmados en Agfacolor. Julie Andrews cantando, con su redonda voz de prima donna robada a los teatros, que las colinas alrededor de Salzburgo estaban vivas por el sonido de la música. Las debutantes vestidas de blanco y tocadas con coronitas de princesas y, desde que la televisión hizo de este planeta un pueblo pequeño, cada uno de enero, el concierto de año nuevo.

El Danubio Azul y la Marcha Radezsky son, en gran parte debido a su repetición anual, los primeros singles pop de la Historia de la Humanidad y, cada primero de enero, la Filarmónica, desde el Musikverein de Karlsplatz, se encarga de recordarle al mundo que los sueños son posibles y que, una vez, hubo un Camelot presidido por un emperador anciano y paternal.

Aunque no sea cierto, o sea (a raíz de lo que sigue de este post, mis lectores podrán darse cuenta de que el fuerte de los músicos de la filarmónica nunca fue la exactitud).

Los músicos que componen la orquesta han sido, hasta hace poco, un grupo de señores que parecían complacerse en desaparecer bajo una pantalla de humildad. Un grupo bastante lacónico que solo lentamente ha empezado a admitir que, a veces, conviene que los trapos sucios salgan a la luz y los armarios se liberen de los esqueletos que guardan.

Tras una insistente presión mediática y política, que culminó el año pasado con la denuncia del diputado verde Harald Walser, la dirección de la orquesta filarmónica de Viena ha accedido a que se investiguen sus archivos (la institución es autónoma y se rige soberanamente, y hasta ahora había declinado las solicitudes de los historiadores interesados en investigar su pasado). Y así, con motivo del septuagésimo quinto aniversario de la anexión, los estudiosos han publicado sus conclusiones a propósito del papel dudosísimo que la orquesta desempeñó durante el régimen nazi.

Las conclusiones han sido demoledoras y demuestran que, detrás de la fachada amable y humilde, durante muchos años, se escondió, oculto, lo peor de esta sociedad, como el gusano se esconde en el corazón de la manzana que, para el mundo, es jugosa y suculenta.

Aún hoy, la orquesta es una institución fundamentalmente conservadora. Una especie de gremio que no ha podido librarse de las acusaciones de sexismo ni racismo. Aún hoy, los músicos de la filarmónica son todos blanquitos y rubitos y, cuando digo todos, quiero decir casi exactamente eso, porque las mujeres han ido entrando con cuentagotas en la formación.

Las conclusiones de los historiadores, que se pueden consultar en su página web, no dejan lugar a dudas. En el momento de la anexión, de los 123 músicos de la orquesta, 60 estaban afiliados al partido nazi. Un cincuenta por ciento. Una proporción llamativamente superior a la de la población austriaca en general, que no llegaba al diez por ciento de afiliados.

Pero aún hubo más: la orquesta concedió su máxima condecoración, el anillo de honor, si fuera pocopor dos veces, a Baldur von Schirach, criminal de guerra, gauleiter nazi, que juró “dejar Viena límpia de judíos”. La primera, en 1942, pero la segunda después de la guerra, en 1968. Fue a instancias de Helmut Wobisch, el cual, durante la guerra, trabajó para la Gestapo y fue el responsable más o menos directo de la muerte de dieciséis de sus compañeros. Tras la guerra, fue elegido de nuevo director de la formación (desempeñó el cargo entre 1953 y 1968). Sus compañeros le eligieron a sabiendas de que era un fervoroso nazi, cosa que era asimismo bien conocida en el mundo musical (mundial). Aunque, parece ser, Hobisch se lo hacía perdonar con una arrolladora simpatía. Hasta el punto de que Leonard Bernstein, judío él, le llamaba “my dearest nazi” (mi querido nazi).

Estas son solo algunas de las cosas que los historiadores (muy a pesar del director de la orquesta, Clemens Hellberg) han sacado a la luz. Quien entienda el alemán puede consultar sus conclusiones completas aquí.

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Un comentario a El pasado nazi de la filarmónica de Viena

  1. Bad Vöslauer dice:

    Si es que ya lo dice el refranero castizo, aunque la mona se vista de seda mona se queda. El Jefe de los jefes era de Brannau am Inn perteneciente al imperio familiar y la academia en la que no dejaron entrar fue la de Viena, no sé si fue por ello por lo que decidió aquello de la Anschluss, y dijo que a partir de ese momento aller zusammen que se vive mejor sin tener que hacer papeleos. Y digo yo solo la Filarmónica de Viena tenía/tiene ese sesgo nacionalsocialista, pregunte usted en la Iglesia que siempre va con la Banca y el poder de la mano. Qué hay de todas las empresas de la época y que se aprovecharon de contratos con el III Reich, es que muchas de las empresas financieras, químicas, del metal, o de automoción no serían lo que son si no fuera porque en su momento mostraron su simpatía al partido único, al igual que en España a las que mejor les iban las cosas eran las acérrimas al movimiento . Yo creo que sería un trabajo interesante sacarlo a luz y luego que el público decida que producto adquiere sabiendo el pasado de la compañía que lo fabrica.

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